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Verónica Cañizares

periodista y estudiante del Máster en Derechos Humanos, Paz y Desarrollo Sostenible de la UV. Voluntaria en el equipo de Acción Ciudadana de Oxfam Intermón en València.

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La precariedad laboral femenina también es violencia

Durante los últimos años hemos asistido a un incremento de la desigualdad económica entre personas y entre países, como consecuencia de las diferentes políticas que se han adoptado a raíz de la crisis inmobiliaria. Dichas políticas solo han beneficiado a una reducida parte de la sociedad, según datos de Oxfam Intermón, una de cada diez personas que trabajan en la Unión Europea siguen viviendo en riesgo de pobreza y exclusión. Aunque, en un inicio la crisis económica redujo los niveles de desigualdad de género en el mercado laboral remunerado, durante la fase de recuperación hemos visto una cierta mejora en las condiciones laborales de los hombres, mientras que las de las mujeres siguen igual o empeoran.

El sistema económico actual oprime a las clases más bajas en beneficio de unos pocos privilegiados que acumulan la mayor parte de la riqueza. Asimismo, entre las personas que mayor poder adquisitivo tienen, predomina el género masculino. Del 10% de la población europea con mayores ingresos, solo el 20% son mujeres, según datos de Oxfam Intermón. De esta forma se explica que los hombres sean quienes ostentan puestos de mayor responsabilidad, perciben mejores salarios y tienen más facilidad para encontrar trabajo en el mercado laboral remunerado. Esto no es algo casual, puesto que el capitalismo no podría subsistir sin un sistema político y social como es el patriarcado. Una vez establecidos los diferentes roles de género, el sistema económico hegemónico se beneficia. Tanto es así, que en todos los países las mujeres trabajadoras son las que peores condiciones laborales soportan y las que con mayor frecuencia ven vulnerados sus derechos. 

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¿Derecho a la ciudad? Los slums

Pocas personas se preguntan qué pasaría si la zona en la que viven no contase con ningún tipo de edificación, sistema de alcantarillado o carreteras. Sin embargo, este es el día a día de miles de personas alrededor del mundo. Estas cuestiones que apenas valoramos, porque nos vienen dadas debido al contexto geográfico en el que nos encontramos, son de vital importancia para garantizar el bienestar y la dignidad de todo ser humano. Resulta evidente que sin todos los servicios que nos proporciona la ciudad, tal y como la entendemos, no es posible ejercer derechos como la educación, la sanidad, el libre desarrollo de la personalidad, etc.  Por tanto, ¿debería existir un derecho a la ciudad?

Los slums son barriadas que han proliferado en distintas ciudades de la India, Brasil, Argentina y Nigeria como consecuencia de los procesos migratorios de las zonas rurales a las urbanas. En la mayoría de ocasiones se trata de viviendas de autoconstrucción basadas en la utilización de productos reciclados, desechos y otros materiales de diverso carácter y origen. Son sus habitantes quienes edifican su medio urbano más inmediato, en función a cómo ellos entienden que debería configurarse un espacio de semejantes características.

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Sus guerras, nuestros cuerpos

En la actualidad hay cerca de 40 conflictos armados activos en todo el mundo. Algunos son recientes, pero otros llevan muchos años sucediéndose. Cuando escuchamos, vemos o leemos noticias sobre estas realidades, normalmente pensamos en los crueles hechos, las muertes, las crisis humanitarias o la cantidad de desplazados globales como consecuencia de la violencia. Cuestiones de vital importancia que han de ser reflexionadas por una ciudadanía global crítica.

Sin embargo, no siempre se tiene en cuenta lo que supone ser mujer en estos contextos de violencia generalizada. Los conflictos armados no afectan a todos por igual, porque hay colectivos que parten de una previa desigualdad estructural y sistémica. La violencia sexual contra las mujeres, las adolescentes y las niñas, en estos contextos, ha sido una constante histórica tolerada por militares, paramilitares u otros actores gubernamentales. Pero, no siempre se ha dado de la misma forma, tal y como recoge María Julia Moreyra en su libro Conflictos armados y violencia sexual contra las mujeres.

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