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Ximo Puig

President de la Generalitat Valenciana

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L’alba en el capvespre

Hi ha una frase de l’economista britànic John M. Keynes que ajuda a evitar el dogmatisme, sempre estèril i empobridor. 2Quan els fets canvien, jo canvie d’opinió. I vosté, què fa?", va respondre Keynes a qui l’acusava d’haver modificat la seua postura econòmica amb l’arribada de la Gran Depressió.

Fins ara, existia un corrent d’opinió molt assentat respecte a determinats treballs que –segons ens deien– aportaven poc de valor afegit a la societat. Ocupacions considerades de tercera o quarta fila en l’escala del prestigi social. Treballs que, en alguns casos, anaven a ser robotitzats i farien prescindibles a qui els exercia. Faenes amb baixos salaris, dures condicions laborals, escàs reconeixement social i nul·la visibilitat pública. Treballs, en definitiva, subestimats.

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El alba al atardecer

Hay una frase del economista británico John M. Keynes que ayuda a evitar el dogmatismo, siempre estéril y empobrecedor. "Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. Y usted, ¿qué hace?", respondió Keynes a quien lo acusaba de haber modificado su postura económica con la llegada de la Gran Depresión.

Hasta ahora, existía una corriente de opinión muy asentada respecto a determinados trabajos que –según nos decían– aportaban poco valor añadido a la sociedad. Ocupaciones consideradas de tercera o cuarta fila en la escala del prestigio social. Trabajos que, en algunos casos, iban a ser robotizados y harían prescindibles a quienes los ejercían. Empleos con bajos salarios, duras condiciones laborales, escaso reconocimiento social y nula visibilidad pública. Trabajos, en definitiva, subestimados.

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El momento

1. Europa. El embrión de la actual Unión Europea surgió de las cenizas de una guerra para evitar otra. Ahora estamos, de facto, en una situación de guerra: en estado de alarma, confinamiento domiciliario, cifras de muertos y hospitalizados propias de una guerra, y la previsión de funestas consecuencias económicas y sociales para familias, trabajadores, autónomos y empresas. Por ello, Europa debe ser fiel a su origen. No caben políticas erráticas, graduales o timoratas. La calculadora debe volver al cajón. No basta con avales, con aparcar el rigor fiscal o con rescates condicionados. Urge una emisión de deuda pública europea. Hay que mutualizar esta desgracia con los eurobonos. De las posguerras se sale con un Plan Marshall. Es imprescindible un Plan Marshall europeo de reconstrucción. Es ilógico afrontar una crisis global sin respuesta global. Ante esta desgracia mundial que va a afectar a todos los países europeos, la UE debe contestar a una pregunta: ¿somos un club de 27 mercados o una gran familia de 446 millones de personas que atraviesa su peor momento en 75 años? De su respuesta dependerá el futuro de la Unión. Y la suerte de millones de europeos.

2. En el frente. En esta guerra, la primera línea no la ocupan militares ni armamento, sino hospitales y profesionales de la sanidad. Nuestro ejército, en ese sentido, se ha demostrado de una fortaleza admirable. Era el momento de demostrar las primeras promesas del juramento hipocrático de la profesión médica: "Prometo solemnemente dedicar mi vida al servicio de la humanidad" y "Velar ante todo por la salud y el bienestar de mis pacientes". Así lo están haciendo. Todo el personal sanitario merece más que nuestro reconocimiento. Merecen las mejores condiciones para poder desempeñar su crucial trabajo de salvar vidas. En eso estamos. Con todo lo que podemos hacer en estas difíciles circunstancias. Sin escatimar en nada. Sin conformarnos con el material que nos pueda llegar. Todo es siempre mejorable, por supuesto. Pero son nuestra prioridad. Al resto de personas que también están trabajando para que la sociedad pueda continuar con lo básico, gracias. Recordemos que detrás de la mirada agradecida que dedicamos a una cajera de supermercado está el agricultor, la cooperativa, el transportista, el empleado de la gasolinera, el personal de limpieza y una larga cadena que hacen posible nuestro aprovisionamiento.

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Vuestra revolución, nuestra revolución

La filósofa india Vandana Shiva, tan lúcida siempre, nos ha enseñado que el modelo desarrollista de la revolución industrial ha comportado la destrucción ecológica y la marginación de la mujer. Esas son, justamente, las dos lacras que demandan una respuesta más firme de la sociedad y de los gobiernos. Son, también, el motor que alimenta las dos grandes revoluciones en curso en nuestras sociedades avanzadas: una mayor conciencia ambiental frente a la emergencia climática, y un feminismo que impulse la igualdad real.

Porque eso es el feminismo: un pensamiento que trasciende el sexo y el género. Un movimiento filosófico y político de raíz humanista que hoy encarna, mejor que nada, los valores de la Ilustración.

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Una reflexión sobre España

"Lo queramos o no, después del 14 de abril todos seremos algo distintos de como éramos". La frase la escribió Ortega al poco de proclamarse la República. Y la recordé en la noche electoral al ver cómo el representante del neofranquismo –con tres millones y medio de votos– era aclamado por sus correligionarios al grito de "A por ellos". La primera pregunta que me asaltó fue: ¿Quiénes son ellos? ¿Acaso son –somos– todos los que no entran en su nosotros excluyente? La segunda fue: ¿A qué se refieren, exactamente, con esa amenaza encubierta? ¿Hasta dónde serían capaces de llegar en su voluntad por modelar un país sin autonomías, sin migrantes, sin igualdad?

Enseguida me vino a la mente un cortometraje de 1947 –Don’t be a sucker, "No seas tonto"– que hace unos años se hizo viral a cuenta de Trump. Ante un orador que se declara "un estadounidense de verdad", que arremete contra extranjeros, negros, católicos y masones e insta a "destruirlos antes de que nos destruyan", hay un ciudadano inteligente que advierte a un joven con unas sabias palabras que ahora conviene recordar: "Los humanos –le dice– no nacemos con prejuicios. Siempre los crea otra persona que busca algo. Recuérdalo cuando escuches este discurso: alguien va a sacar algo de todo esto. Y no serás tú".

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España, más allá de Hortaleza

Tras el debate electoral, cuando el silencio y la calma regresan al campo de batalla y se disipa el humo de la artillería dialéctica, el paisaje permite ver a una primera víctima retorciéndose, malherida, en el suelo: el sistema autonómico. El modelo que la Constitución situó en el corazón de nuestra arquitectura territorial, y que ha sido eje principal de estas cuatro décadas de progreso colectivo, fue puesto en cuestión de manera reiterada, insultante y mentirosa por el sucesor del franquismo. El mismo candidato que destilaba odio contra las personas migrantes que tanto han contribuido al progreso de España, se esforzó una y otra vez en crear un marco referencial falso: desmantelar las autonomías como supuesto ahorro para pagar las pensiones.

El problema no es que el neofranquismo prosiga la estirpe ideológica de la España "Una, Grande y Libre", algo previsible y hasta coherente con sus esencias caducas. El gran problema, del que la ciudadanía debería tomar nota y reflexionar a fondo, es que marque la agenda territorial de los partidos conservadores que, hasta ahora, habían contribuido siempre con poco entusiasmo a defender el sistema autonómico. El problema es que los desplaza hacia un terreno temerariamente irreal en la España del siglo XXI. Porque aquellos que se llenan la boca con la palabra España parecen olvidar que España no se acaba en la calle Hortaleza. Que no se puede madrileñizar España. Que el castellanismo integrista no puede ser la fórmula para afrontar la encrucijada territorial que hoy encara nuestro país.

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Decir Carmen

Decir Carmen es decir muchas palabras aunque sólo digas una.

Decir Carmen es decir alegría. Solidaridad. Sororidad. Socialismo. Respeto, son algunas. Feminismo, al fin.

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Esforç i lleialtat reivindicativa

Aquest és el dia dels valencians i valencianes. Ho és i ho serà sempre. És la festa d’un poble amb multitud d’accents i històries, que parla en valencià i en castellà. Eixa diversitat és la nostra riquesa.

Som un poble singular que es respecta, que respecta els altres i vol ser respectat d’igual manera. Un poble obert, tant al seu si com a l’exterior, tolerant, inclusiu i que, per damunt de tot, creu en la convivència.

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