Infames los canallas, peores sus poderosos padrinos
Los malandrines siempre tienen suerte. Quizá porque demasiado a menudo gozan de la protección de un poderoso padrino, incluso varios en algunas ocasiones. El Ojo deja a la consideración del respetable, tras ver algunos ejemplos que ahora vamos a enumerar, si quienes les amparan o promocionan pueden entrar también en la definición de canalla que nos facilita la RAE, esto es, gente baja o ruin o, en otra acepción, persona despreciable y de malos procederes. Le pasaba a Michael Imperioli, ese Christopher Montisanti de Los Soprano, que siempre encontraba el brazo amigable de su tío, el gran James Gandolfini o Tony Soprano, así se le hubiera ido la olla de la violencia en alguno de sus arrebatos furiosos. Es mi sobrino y basta.
De nimiedad a lo colosal. Ese macarra faltón y fascista de Vito Quiles, por ejemplo. ¿Acaso no actúa con esa brutal impunidad porque goza del amparo, la felicitación, el cariño y los besos de agradecimiento de personas tan principales como Ester Muñoz, Miguel Tellado o, incluso, Alberto Núñez Feijóo, vean y gocen con el triplete de directivos del primer partido de la oposición? O Israel y el genocida Netanyahu, siempre con el paraguas del amo estadounidense, miles y miles de millones en armamento, tú te lo guisas y yo me lo como, que en Naciones Unidas impongo mi veto y aquí no se le acusará a ustedes, gente honorable, de nada, nunca, así nos llenen el hemiciclo de Nueva York de cabezas cortadas a miles de niños palestinos.
¿Más castizo? Otro ejemplo: siempre habrá unos jueces de la Audiencia Provincial de Madrid que amparen y animen, dale, dale caña al mono hasta que hable inglés, al juez Peinado, qué linda instrucción contra Begoña Gómez. Hay corruptos, sinvergüenzas de libro, con el delito escrito a sangre y fuego en la frente, y hasta confesado en público, soy un chorizo, sí, pero rico a espuertas, que siempre encuentran el cariño de algún fiscal anticorrupción, que miren por dónde, ve la maldad en los demás acusados en un mismo caso, pero a mi pupilo, pululando por todas las versiones más reaccionarias, vocingleras y buleras de nuestra antena televisiva patria para poner a parir al presidente del Gobierno y su esposa, ni me lo toquen, que el resto está bien pudriéndose en la cárcel, pero al mío me lo dejan aparte que buen trabajo nos hace, por ejemplo, en su deleznable espectáculo contra el perrosanxe, muerte al infiel. Aldama, además, lleva una cruz en la solapa.
¡Qué vergüenza los dos grandes juicios que corren al tiempo, pero por bandas distintas! Tomemos, por ejemplo, aquel en el que creíamos que se iba a juzgar un caso de corrupción con las mascarillas en la época del Covid, y hemos acabado, con el generoso beneplácito y el amparo de varias togas, en primer lugar la del ilustre magistrado Andrés Martínez Arrieta, aquí me tienen ustedes para lo que gusten, que lo mismo empuro a un fiscal general, tápenme esos testigos, que molestan, que dejo sedal abierto al bocachancla de Aldama, siempre que sea para poner a parir a todo altavoz al presidente del Gobierno, ese íncubo que nos martiriza desde La Moncloa. El fiscal anticorrupción, Alejandro Luzón, pobre, ya no se encuentra solo en proporcionar la almohada de plumas a su patrocinado, que el juez amigo ya ha contribuido con creces al bienestar del comisionista corrupto. Es que tienen los acusados un pasado bastante feo, a qué negarlo. Por ejemplo, Koldo García, portero de discoteca que fue. Pues ya ven, valora el Ojo, cuánto más decente y menos dañino para la sociedad es ejercer esa propiedad que llamarse Luis de Guindos, ser el gran jefe de Lehman Brothers para toda Europa -¿recuerdan la crisis de las subprime?- y culpable directo de los 41.000 millones que tuvimos que soltarles a los bancos. Desde el enorme sueldo del BCE, colocado allí a dedo con el beneplácito del PSOE de la época, anda ahora el figura a la búsqueda de otro chollo de similar tronío. Desvergonzado.
Decíamos que quizá son pocos para homenajear a la perla Aldama, si siempre mientes más que hablas, te harán un monumento a la deshonestidad, Rosalía dixit. Pues nada, aquí llega de refuerzo la brigada acorazada de la prensa de la caverna, bufe usted mu que nosotros le amplificaremos tan articulado discurso hasta convertirlo en poco menos que la bellísima cantata BWV 106, “La hora de Dios es la mejor de todas”, de Johann Sebastian Bach. ¿Les parece excesivo? Eso es porque no han leído a nuestros chicos de la fiel infantería, convertidas en dogmas de fe las palabras del delincuente redomado. El Ojo, siempre generoso, viene a corregir ese déficit. Vean alguna muestra, que hoy vamos a prescindir de los francotiradores y lanzadores de cuchillos, tipo OKdiario o Libertad Digital, y nos vamos a quedar con Abc o El Mundo, lo que viene a significar que nos quedamos con la derecha de toda la vida, como el PP, y no con los ultras, como Vox, que ya me dirán ustedes dónde está la diferencia. Titular de El Mundo: “Aldama inunda el Supremo de detalles demoledores sobre sobornos ‘protegidos’ por Sánchez y financiación ilegal del PSOE” o Alberto García Reyes en Abc: “Si [Aldama] ha decidido apuntar en el mismísimo Tribunal Supremo al presidente del Gobierno es porque se ha sentido traicionado. Así funciona el hampa (…) Cada vez que habla, enmierda aún más a toda la cúpula del sanchismo, esa corriente revolucionaria que llegó al poder para salvarnos de la corrupción. Y hoy nos preguntamos: si hay una jerarquía de la corrupción, ¿en qué escalafón está Sánchez?”.
No podemos, ni debemos, olvidarnos del juicio de la Kitchen en la otra banda, que es un nuevo repaso a la Gürtel, aquella trama de corrupción gigantesca en las entrañas de la dirección del PP. Cualquier miseria sirve para salvar a Rajoy, a Cospedal, a Arenas o al ministro Fernández Díaz, incluso desoír los testimonios de funcionarios policiales de impecable pedigrí. Ver el espacio que dedican a ese juicio los periódicos de la derechona es para echarse a llorar. Al Ojo no le sirve aquello de paren aquí el tranvía, que yo me bajo, porque hace ya muchos años que evitó, quita bicho, compartir asientos con tan deplorables ejemplares de la zafiedad y la mentira. ¿Cómo se puede luchar contra este conglomerado, sólido como el granito, de delincuentes vocingleros, bien engrasadas las cuerdas vocales, políticos infames, togas desvergonzadas y periodistas que desprecian las mínimas reglas éticas de su profesión?
¿Estado profundo, queremos llamarlo? Va una cita de Franco Delle Donne, en su libro “Epidemia ultra: Del fascismo europeo a Silicon Valley: anatomía de un fenómeno que está conquistando el mundo”: “El deep state como concepto posee raíces bastante profundas. Su origen es discutido, aunque existe cierto consenso en señalar el término derin devlet como su antecedente directo. Esta expresión proviene de Turquía y hace referencia a una red compleja y oculta de miembros del poder fáctico de un país que procuran socavar a un líder democrático en caso de que este desobedezca o perjudique sus intereses”. Quiten lo que pueda haber de conspiranoico en la frase, que lo hay, prefieran conjunción de fuerzas a complot, como mero ejemplo, pero resulta interesante. Lo veo en sus ojos: sabía que la cita les iba a gustar.
Otrosí: ¿Y si nos bajamos de las nubes teóricas y pisamos el duro cemento? O sea, si todo el mundo entiende que la vivienda es el problema prioritario, ¿por qué el Gobierno no se la juega y sigue los pasos de esa frase que se le escapó a Pedro Sánchez -o a lo mejor fue más premeditada de lo que parece- cuando habló de que “el dilema es intervenir el mercado o mirar hacia otro lado”. Ensuciarse las manos, demostrar que hay soluciones o, para decirlo de manera mejor, que la izquierda puede acabar con esa plaga que tiene hundida a media población en el desánimo. Difícil, claro, quién dijo que ganar al mus es fácil. Pero corran, corran, que el tiempo se termina y quizá, desgraciadamente, no haya más plazos. ¿O alguien piensa que Feijóo y Abascal van a traer las soluciones? Pues trabajar duro en estos meses y mostrar unos colmillos de dinosaurio quizá aporten esos votos que tanto se necesitan. Ahí tienen las manifestaciones del Primero de mayo. Queremos una vivienda digna, gritaban miles y miles de españoles. Y de inmigrantes, claro.
No es posible escribir hoy un artículo sin acabar citando a Trump, así sea de la vida contemplativa del Dalai Lama en la serranía de Teruel. Mi amigo John Carlin recogía en La Vanguardia unas palabras de Francis Fukuyama: “El mundo se ha convertido en un lugar muy peligroso porque el país más potente está bajo el control de un niño de diez años”. Y el autor de El fin de la historia añadía: “El niño descubrió un lanzallamas en el patio trasero de su casa y ahora está disfrutando de poder quemar cosas con él. Sus padres necesitan tenerlo bajo control”. Y así es: el mundo se ha convertido en un continuo reto a la racionalidad del ser humano, a la inteligencia, a la sensibilidad. Da igual de lo que se hable, Irán, Europa, Cuba, impuestos, presupuesto de Defensa, salón de baile, jueces del Supremo. Su ectoplasma lo ensucia todo. Tienen que darse prisa los propios norteamericanos si no quieren que el mundo los mire con miedo o con odio. Y de rebote, adiós a Netanyahu. Europeos, iraníes, cubanos, no podemos hacerlo. ¡Echen a ese loco, acaben con el monstruo!
Adenda. ¡Qué suerte tienen los mexicanos, que van a disfrutar de la presencia en su país durante una semanita de la insigne y polímata Isabel Díaz Ayuso, más conocida en otros ámbitos como la reina del vermú o la frutera de Madrid, si lo que toca devora! Hemos escrito mexicanos, así lo dice la RAE, pero ella, ya ven, exige que se escriba Méjico y mejicanos. Un poco terca, e iletrada, la criatura. Isabel Díaz Ayuso va a pisar un país, 132 millones de habitantes, al que ha despreciado en sus comentarios públicos. Se trata de un “narcoestado”, ha dicho, singular émula de Trump, que está gobernado por una “dictadora de ultraizquierda”, Claudia Sheinbaum. Ese es el término que utiliza para la dirigente mexicana y que también aplica a Lula da Silva, viva la fineza intelectual.
Por supuesto que acudirá a un acto en honor de Hernán Cortés, aquel valiente guerrero que en su afán, señalado por el mismísimo Dios, de evangelizar a aquellos seres infrahumanos, cometió algún que otro abuso, pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra y quién no ha pegado un chicle en la butaca del cine.
¿Veo ahí un charco repugnante? De cabeza. No me pierdo ni una pestilente sentina.