La amnesia vergonzante de Rajoy
Hace tiempo, escribí que convocar a un político a una comisión de investigación en el Parlamento no te suele llevar a ninguna parte. Lo mismo si tiene que declarar como testigo en un juicio. No es que los políticos mientan siempre –no es cierto–, sino que han desarrollado una gran habilidad para no contar toda la verdad, específicamente la parte de la verdad que les perjudica políticamente. Si se trata de un juicio y hay delitos de por medio, la amnesia alcanza niveles inauditos.
Por todo ello, estaba claro que la declaración de Mariano Rajoy en el juicio del caso Kitchen iba a ser una demostración de desmemoria y cinismo. El expresidente tuvo que comparecer como testigo en las instrucciones de Gürtel y la propia Kitchen y ya demostró entonces que es capaz de negar la evidencia hasta extremos difíciles de creer. El PP nunca se financió con donaciones de empresarios no declaradas, decía. Él no tomó la decisión de reformar por entero la sede central del partido ni supo que la obra se pagó con dinero negro. El tesorero Luis Bárcenas nunca le informó de todos esos asuntos. Rajoy era el líder indiscutido del PP, pero no se engañen. Él sólo pasaba por allí. No le consultaban nada.
Con la desgana que siempre le caracterizó cuando le tocaba hablar de temas que no le gustaban, Rajoy negó los hechos conocidos, incluidos los mensajes que envió a Bárcenas y que supusieron un escándalo al aparecer en los medios de comunicación. El tesorero le pidió ayuda y él respondió en 2013: “Hacemos lo que podemos”. ¿Lo recuerda? En absoluto. Sólo le suena lo de “Luis, sé fuerte” y eso es porque lo lee todos los años en los periódicos.
Desde luego que estaban haciendo lo que podían. Por eso se está celebrando un juicio en la Audiencia Nacional. La cúpula policial estaba intentando hacerse con los documentos de Bárcenas que podían perjudicar al Gobierno. Ya se había comportado igual haciendo de policía privada del PP al buscar pruebas que no existían contra los dirigentes de Podemos. Pero Rajoy está convencido de que todo fue legal. “Luego conocimos que hubo una operación policial cuyo objetivo era coger el dinero del señor Bárcenas y averiguar quiénes eran sus testaferros”. ¿Encontrar el dinero? Fue Suiza la que aportó esa información después de que la pidiera el juez Ruz. Esa parte también la ha olvidado Rajoy.
A lo que hay que unir que la operación se realizó fuera de cualquier tipo de control judicial, por tanto, sin informar al juez que investigaba a Bárcenas, y sin ninguna intención de entregarle los resultados de la investigación. Si no hubiera sido así, ¿por qué la fiscalía pide quince años de prisión para su ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz?
Con María Dolores de Cospedal, ocurrió tres cuartos de lo mismo con el agravante de que negó cosas que ella misma había dicho en sus conversaciones con Villarejo y que el policía había grabado. Sobre lo de parar “la libretita” de Bárcenas, nada. A cuenta de contratar los servicios de Villarejo, que ya dijo su marido que no se estirara con la factura porque “estamos tiesos”, nada de nada.
Cuando fue necesario, la magistrada Teresa Palacios intervino para frenar las preguntas de la acusación popular del PSOE que consideraba que estaban fuera de la causa enjuiciada. Tampoco se puede tratar a un testigo como si fuera un acusado. Al final, Rajoy jugaba en casa. El fiscal ni siquiera se molestó en hacerle una pregunta. Sólo faltó que le pusieran en la mesa una caña y algo de picar.
En definitiva, la justicia no podrá dictaminar un balance definitivo de lo que fue el Gobierno de Rajoy. Contra lo que piensa la derecha, los tribunales no establecen la verdad sobre la gestión de un Gobierno. Ahora pretenden que sean los jueces los que expulsen a Sánchez de Moncloa. Todos sabemos lo que ocurrió entonces en la Kitchen. Lo contaron hasta los medios de derecha. No importa cuántas veces Rajoy hable de la importancia de que se cumplan las leyes. Su Gobierno utilizó a la Policía para defender sus intereses y para atacar a sus rivales políticos. Que es precisamente, y perdón por el giro inesperado, lo que Donald Trump quiere que hagan el Departamento de Justicia y el FBI contra sus enemigos. Con poco éxito hasta ahora. A Rajoy no le fue tan mal.
¿Susana Díaz víctima? ¿En serio?
Hablaba antes de cinismo y tengo un ejemplo aún mejor, o al menos más divertido. Esta semana, The Objective ha sacado vídeos de la reunión del Comité Federal del PSOE en 2016 que acabó con la dimisión de Pedro Sánchez. Esos días ofrecieron un espectáculo surrealista sobre la autodestrucción de un partido político, algo parecido a lo que pasó al PP cuando ajusticiaron a Pablo Casado. Algunos de los protagonistas de ese carnaval de Ferraz en el que los periodistas no podían creer lo que estaban viendo han reaccionado vistiéndose de actores interpretando un guion que no han escrito ellos, pero al que se han sumado gustosamente.
La mejor ha sido Susana Díaz. Sobre el momento en que Sánchez pide una votación secreta y algunos de los suyos preparan una urna para llevarla a cabo antes de que se haya decidido dar ese paso, la exlíder del PSOE andaluz ha dicho: “No lo he podido ver. Sufrí más de lo que humanamente se puede aguantar”. Siempre es alucinante que un político adicto al juego sucio se haga pasar por una débil anciana arrollada por un coche en un paso de cebra. Pensar que Díaz podía ser la víctima de alguien era algo que nadie hubiera creído en ese momento. Ella fue la ejecutora de los acontecimientos de ese día.
Ese Comité Federal se tuvo que convocar porque Díaz quería forzar la dimisión de Sánchez, que se oponía a conceder la investidura a Rajoy con la abstención. La andaluza ordenó la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva federal y envió a Verónica Pérez a Ferraz para que se autoproclamara “la única autoridad” del partido, otro momento chusco inolvidable. En la reunión del Comité, no aceptó la votación en urna. Sabía que pocos se atreverían a votar contra ella en público en una votación a mano alzada.
Hasta derramó unas lágrimas en una intervención mientras decía que “estaban matando al PSOE”. Igual que un pirómano que llora viendo quemarse el monte con la lata de gasolina en la mano. Ketty Garat, periodista de The Objective que ha conseguido las imágenes, afirma ahora que “con la imagen de Susana Díaz, casi se saltan las lágrimas”. Como no sea de la risa. Por cierto, el audio de ese discurso se conoció ese mismo día. Más allá del valor de las imágenes, no hay ninguna revelación que no se supiera ese día.
Emiliano García Page es otro de los que han aprovechado las imágenes para ajustar cuentas con Sánchez. Él estaba en el bando de Susana Díaz y ahora ha acusado al líder del PSOE de ser el responsable de lo peor de ese día: “Ese día me di cuenta de lo que le caería encima a España si prosperaban algunas tesis”. Parece que en las próximas elecciones de Castilla La Mancha vamos a tener dos candidaturas antisanchistas, la del PP y la del PSOE.
Fue una lucha descarnada por el poder en la que todos dieron un espectáculo deplorable. Pero le viene bien al PP para sostener que Sánchez llegó al poder con un “pucherazo”, como ha dicho en numerosas ocasiones. Su victoria ocurrió después –parece mentira tener que recordarlo– cuando Sánchez ganó las primarias a Díaz contra el pronóstico de la mayoría de los medios y dirigentes socialistas. Sobre el incidente de la urna preparada detrás de una cortina, tampoco hay nada nuevo. Todos los medios lo contaron con bastante detalle, porque además era otro ejemplo del caos y la estupidez de esa jornada.
La muerte os sienta tan bien
Como decía, el PP utilizó esos vídeos para continuar sus ataques al PSOE. Tellado dijo que ese Comité Federal fue “la primera prueba de que Sánchez era capaz de todo por el poder”. Vamos a ver, Sánchez es un amateur comparado con la futura alcaldesa de Lugo. Elena Candia ha aprovechado el fallecimiento de tres ediles socialistas y el apoyo de una tránsfuga del PSOE para presentar una moción de censura que tiene los números para salir adelante. Para que luego digan que la muerte es el final de todo.
La foto
Después de amarrar la investidura con el apoyo de Vox, María Guardiola pensó que se merecía algo parecido a una boda. Se llevó el acto protocolario de la toma de posesión al Anfiteatro Romano de Mérida que para eso es la presidenta de Extremadura. Puestos a hacer teatro, mejor a lo grande. Podría haber sido peor. Podría haber elegido la plaza de toros de Badajoz y aparecer vestida de torera.