Annie Smith Peck, pionera del andinismo

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Los anales del alpinismo contienen decenas de entradas relativas a las hazañas y primeras ascensiones que tuvieron lugar a finales del siglo XIX y durante los inicios del siguiente. Ni que decir tiene que los principales protagonistas de las mismas fueron occidentales del género masculino que, además, gozaban de una excelente posición social y económica. Entre estos pioneros, los obreros o trabajadores manuales, las mujeres y las personas procedentes de otras latitudes constituían la excepción porque, por lo general, ninguno de ellos gozaba de los recursos, la motivación, las aptitudes físicas o el tiempo necesarios para acometer ese tipo de empresa. No obstante, esas dificultades, no impidieron que unos pocos miembros de los colectivos que acabamos de citar vulnerasen esa norma no escrita. Ése fue el caso de Anne Lister, Lucy Walker, Fanny Bullock o la protagonista de esta semblanza: Annie Smith Peck que, entre otros méritos, contribuyó en 1902 a la fundación del American Alpine Club (A.A.C.).

Según Hannah Kimberley, su principal biógrafa, Annie Smith (Providence, 1850 – Manhattan, 1935) fue la menor los cuatro hijos del matrimonio formado por Ann Power y el doctor George Peck. Tras graduarse en 1872 en la Escuela Normal de Rhode Island, se consagró brevemente a la enseñanza del latín en Providence y de idiomas y matemáticas en Saginaw (Michigan) donde permaneció hasta 1874. Ese mismo año abandonó el trabajo para ingresar en la universidad pública de ese mismo estado y cursar una licenciatura en lenguas clásicas. Su estancia en esa institución se prolongó hasta 1878, año en el que se graduó con honores y que dio paso a un nuevo período de formación al que puso fin en 1885 tras pasar varias temporadas en Europa.

Aunque no existe mucha información al respecto, su permanencia y sus viajes por Europa fueron decisivos porque marcaron todo su destino posterior. Sin ellos no hubiera tenido la oportunidad de descubrir las dos pasiones que cultivó hasta el final de sus días: la montaña y los viajes de aventura. Su primer éxito alpinístico se remonta a 1888 cuando tuvo ocasión de hollar el monte Shasta. A partir de esa fecha no dejó de encadenar ascensiones de primer nivel equiparables a las que, por los mismos años, realizaban sus homólogos masculinos. Entre todas ellas cabe destacar sus expediciones al Matterhorn (1895); Orizaba y Popocatépetl (1897); Cristallo, Jungfrau y Fünffingerspitze (1900); Misti (1903); Illampu (1904); Huascarán (1908) y Coropuna (1911).

Aunque la profesionalización no figuraba entre las prioridades de Annie Smith, lo cierto es que en 1892 aparcó su carrera docente para abrazar un nuevo oficio: el de viajera profesional. Su vida a partir de entonces fue una sucesión de viajes, conferencias, activismo, crónicas periodísticas, guías turísticas y diarios acerca de sus experiencias. Por poner un ejemplo, entre 1903 y 1911 emprendió cinco viajes a Perú y Bolivia que posteriormente le sirvieron para redactar dos de sus principales obras: A search for the apex of America (1911) y The South American tour: a descriptive guide (1913).

Contemporánea de Fanny Bullock (1859 – 1925), la señorita Smith Peck también destacó por su militancia feminista, por el fervor con el que defendió la causa sufragista. Esa conexión ideológica no impidió que entre ambas se estableciera cierto grado de rivalidad, una rivalidad que no dudaron en exponer a través de sus declaraciones a los medios de comunicación. El primer punto de fricción entre ambas tuvo que ver con su modo de vestir, con las prendas que utilizaban durante sus actividades al aire libre. Bullock se enorgullecía de no desprenderse jamás del atuendo normativo, del que caracterizaba a las damas de la época. Su beligerancia en este sentido aparece recogida en un testimonio periodístico que dice así: “su vigorosa vida no le ha hecho poco femenina en apariencia o modales, no tiene el menor deseo de considerarse una mujer hombruna”. Peck, por el contrario, optaba por vestirse con prendas cómodas como las de los hombres: “bombachos holgados a la altura de las rodillas, túnica hasta la cadera, botas altas de montaña y sombrero blando de fieltro sujeto por un velo”.

El segundo con la disputa que surgió a raíz de los méritos que, como alpinistas, ostentaba cada una de ellas. La polémica, que se prolongó durante varios años, se inició cuando ambas se atribuyeron el récord de altura jamás alcanzado por una mujer. Bullock alegaba que en su haber figuraba la cumbre del Pinnacle, una cima perteneciente al macizo del Nun Kun que había ascendido en 1906 y que contaba con 22.740 pies (6.931 metros). Smith, que suya era la primera ascensión al Huascarán N, un pico que, según sus estimaciones, superaba ampliamente los 24.000 pies (7.315 metros). La reacción de la primera no se hizo esperar y, dada su proverbial soberbia y que contaba con suficientes medios económicos, contrató a un equipo de topógrafos que envió a Perú para fijar definitivamente la altitud del monte andino. La polémica se zanjó algún tiempo después cuando los expertos, a la vuelta de su expedición, declararon que la altitud del Huascarán (22.200 pies) se hallaba notablemente por debajo de la de su rival, que el Pinnacle le superaba por 540 pies o 165 metros. Genio y figura.