De Tenerife a Wembley: una noche difícil de olvidar
Londres acogió una de esas noches en las que el fútbol demuestra que es mucho más que un deporte. Desde el ambiente previo de puro fútbol inglés, hasta las más de 80.000 personas que poblaron Wembley, pasando por otro hito histórico de Pedri, el Inglaterra – España de la jornada inaugural de la Nations League dejó el pasado sábado una experiencia difícil de olvidar para un tinerfeño afincado temporalmente en la capital del Reino Unido.
Aunque es habitual escuchar el acento español por las calles de una ciudad tan turística, dar un paseo por los puntos más concurridos de la capital británica en los días previos al partido se siente diferente. Las camisetas rojas, muchas de ellas ya con dos estrellas sobre el escudo de la selección española, se vuelven cada vez más habituales según se acerca el momento que todos tienen marcado en sus calendarios, el sábado 26 de septiembre a las 19:45.
Pero el partido empieza mucho antes del pitido inicial. A las 17:30, ya camino a Wembley en ‘The Tube’ -como se conoce popularmente al metro de Londres-, se respira un ambiente sano de fútbol, en el que las camisetas de La Roja pierden terreno progresivamente entre la marea de elásticas blancas del combinado que ejerce de local, cada vez más abundantes en el vagón según se acerca la estación final: Wembley Park.
No es necesario salir de la estación para llevarse una primera -y muy grata- impresión de uno de los recintos más importantes del fútbol mundial. Desde las barreras de acceso y salida, repletas de personas inmortalizando el momento con sus cámaras, un inconfundible arco de 134 metros de altura y 315 de longitud se rige sobre el Estadio, del que ya solo separan algo más de 600 metros.
Enfilar la última recta, ya abarrotada pese a restar más de hora y media para el inicio del choque, es adentrarse en el más puro fútbol inglés. Ambas aficiones conviven de manera amistosa, rodeadas por buenos -pero no precisamente económicos- puestos de comida y merchandising.
Durante la previa, un aficionado local cuenta que “en Inglaterra, la pasión futbolística se reparte entre dos identidades que no siempre van de la mano: la del club, profundamente arraigada en cada barrio y ciudad, y la de los ‘Three Lions’. Hay aficionados que viven casi exclusivamente por su equipo y otros que hacen de la selección su principal vínculo con el fútbol”.
Pasado el control de seguridad de la prensa -similar al de un aeropuerto-, y una vez recogida la acreditación, las entrañas de Wembley, decoradas con imágenes históricas tanto del viejo como del actual recinto, hacen ameno el recorrido hacia la zona destinada a los medios de comunicación, espaciosa y con todas las facilidades para trabajar, además de un servicio de cena, refrigerio y café ilimitado en el área común.
El calentamiento transcurre con la esquina de aficionados españoles -unos 4.000- animando a los suyos y recordando el reciente campeonato mundial a grito de “campeones, campeones”, a medida que la afición local va poblando las gradas, ya repletas en el momento de la retirada a vestuarios.
Es entonces cuando los focos se apagan y el tema ‘Wonderwall’ de la banda inglesa Oasis, que se popularizó especialmente entre los aficionados al fútbol durante los partidos de Inglaterra en el pasado Mundial, retumba en la megafonía acompañado por las voces de más de 80.000 ingleses, formando junto a un juego de luces y columnas de fuego, una atmósfera que hace que el viaje haya merecido la pena incluso antes del pitido inicial.
Tras ello, los 22 titulares pisaron el césped junto al equipo arbitral, y tras reproducirse La Marcha Real y el God Save the King frente a un Estadio en pie que mostró el máximo respeto mutuo, el colegiado dio inicio al encuentro.
Curiosamente, a diferencia de la mayoría de partidos de Premier League, en los que la grada anima los noventa minutos, los cánticos no fueron tan habituales, incluso, durante algunos tramos, el silencio mandó en Wembley. Es más, fueron los españoles, que pudieron celebrar pronto el 0-1 de Lamine Yamal, los que más se hicieron notar con gritos populares como “España, España” o “yo soy español”, entre otros.
La afición inglesa, que se centró más en pitar a Jude Bellingham cada vez que tocaba el balón, que en alentar a los suyos, solo rompió el silencio con algún esporádico “Come on England!”. Eso sí, el Estadio retumbó con los goles de Gordon y Harry Kane que le dieron la vuelta al marcador antes del descanso, así como en el momento en que el árbitro señaló una pena máxima que el propio delantero del Bayern no aprovechó en el segundo tiempo.
En el minuto 70, ya con 2-2 en el marcador, Luis De La Fuente dio entrada a Pedri -muy ovacionado por la grada visitante-, que en su partido número 50 con el combinado nacional, se convirtió en el primer tinerfeño -y cuarto canario- en la historia en jugar en el mítico recinto londinense con la selección. Poco después, Oyarzabal hizo el definitivo 2-3 para España.
Tras pasar por la zona mixta y la rueda de prensa, el camino hacia la salida llevaba de nuevo junto a la grada. Wembley ya estaba vacío, sin cánticos, sin banderas y sin el ruido de unas horas antes. Solo quedaban los asientos rojos, las luces y el eco de todo lo vivido. Por unos instantes, el estadio parecía otro, más silencioso, pero también más imponente.
Con esta última imagen finalizaba una experiencia única que se prolongó hasta el regreso a casa, acompañado durante gran parte del camino por decenas de españoles que apuraron hasta el último momento para disfrutar de las inmediaciones de uno de los templos del fútbol mundial.
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