Gracias, Agüimes


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El pasado viernes, 14 de enero, recibí en el Auditorio de Agüimes el titulo de Hijo Predilecto de esta Villa del sureste grancanario. En el mismo acto se hizo entrega de la Espiga de Oro del municipio a Leticia Romero, Los Serenquenquenes y la Entidad de Conservación del Polígono Industrial de Arinaga. ¡Qué inmenso honor! Me correspondió hablar en nombre de todas las personas y colectivos reconocidos y les confieso que ha sido probablemente uno de los discursos más difíciles a los que me he tenido que enfrentar. No es fácil trasladar en cinco minutos todas las emociones, los agradecimientos y la expresión a esta Villa de Agüimes de ese sentimiento de arraigo, de identificación con su historia y sus valores. De identidad y pertenencia a esta comunidad.

Nací en el corazón del casco histórico, en el seno de una familia humilde que siempre tuvo muy claro que su objetivo vital era sacrificarse para labrar un porvenir a sus hijos. Les debo a ellos este enorme reconocimiento de mi Villa natal…Como dice el poeta Ángel Campos Pámpano: Siento caer la luz/ no sé si dentro o fuera de mis ojos/pero sobre el mismo paisaje/ de infancia/ estremecido/.

En esas calles transcurrió mi infancia y mi juventud. Todo giró durante esa etapa de mi vida en torno a La Alameda, el Barrio o el San Antón, la Iglesia, los partidos de futbol en el asfalto, los subastados en El Capitán después de las tareas del Instituto, las reuniones y las lecturas a la sombra de los laureles de indias, las bibliotecas, mis primeras escuelas, el casino, las fiestas que generan identidad y cohesión, el recibimiento a los nuevos agüimenses, las despedidas a los que nos dejaban… En este pueblo estudié en la escuela pública, luego en La Salle y finalmente en el Instituto Joaquín Artiles. Tuve una enorme suerte al formarme con los hermanos de las escuelas cristianas primero y después en un instituto público que contaba con unos extraordinarios enseñantes. Los dos centros jugaron un papel importante en mi formación y, más tarde, en mis inquietudes sociales y políticas.

Solo he dejado de vivir en esta Villa los cinco años en los que estuve realizando mis estudios superiores en la Universidad de La Laguna. Fue en un momento de transición de la dictadura a la democracia. Ilusionante. No queríamos los jóvenes de aquel entonces seguir reproduciendo aquel modelo de polvo, viento, pobreza, analfabetismo, carencia de infraestructuras, falta de libertades… y fue entonces cuando di un paso que sería trascendental en mi vida. Recién acabados mis estudios entré a formar parte de aquel movimiento asociativo que dio lugar a la creación de una agrupación de electores -Roque Aguayro- que asumió las riendas de su municipio desde el Ayuntamiento al ganar las primeras elecciones democráticas tras la dictadura.

No me imaginé nunca que tres años más tarde sería concejal y que siete años después asumiría la alcaldía de nuestro ayuntamiento durante 28 años. Fue una opción de vida de la que nunca me arrepentiré. No hay nada más hermoso en la actividad política que ser concejal o alcalde de tu pueblo. Gestionar, administrar, compartir alegrías y momentos difíciles, siempre mirando a los vecinos y vecinas a los ojos. No hay nada más bello, más gratificante. Es la patria primera. Sin ella es imposible creer en nada, construir nada. Como dice el poeta portugués Miguel Torca, lo universal es lo local sin puertas.

Y siempre he afirmado también que cuando dejas atrás esa atapa y asumes otras tareas en la vida solo te debes llevar el afecto, el cariño, el reconocimiento de tu gente, de los hombres y mujeres a los que has servido durante tantos años. Noto ese afecto cada día en la calle pero adquiere una dimensión especial que el Ayuntamiento de esta Villa de Agüimes haya decidido concederme el título de Hijo Predilecto. Es un honor, un inmenso honor que asumo lleno de emoción, de responsabilidad y de gratitud ser reconocido de esta manera por tu municipio. No se cumple aquí lo que afirma Gerald Brenan: “lo malo del hombre es que olvida”.

Agradezco enormemente a todos los grupos políticos que conforman la corporación municipal, a los concejales y concejalas del grupo de gobierno y de la oposición, porque supieron vencer las discrepancias políticas, para reconocer a un hombre que, se los puedo asegurar, trabajó con ahínco, con honradez, por su pueblo durante todo ese tiempo. Para reconocer igualmente a personas y colectivos de enorme significación para esta colectividad.

Pero yo no habría podido hacer nada –y quiero decirlo alto y claro- si detrás no hubiese habido un importante movimiento vecinal empeñado en mejorar las condiciones de vida de sus barrios, si no hubiese tenido siempre al lado, remando juntos, a un grupo de hombres y mujeres, concejales y concejalas, implicados, generosos, cómplices. Algunos ya no están entre nosotros, hoy estarían aquí disfrutando, seguro lo están haciendo en otra dimensión… Sin los trabajadores y trabajadoras que asumieron como suyo el proyecto de transformación de Agüimes que defendíamos…Sin Maribel y Ardiel que han sacrificado tantas cosas para que yo pudiera dedicarme con tanta intensidad a esta tarea. Sin su apoyo yo no hubiese podido dedicarme a este servicio público como alcalde de Agüimes.

Y no hubiese sido posible, desde luego, sin los hombres y mujeres de este municipio que me renovaban, nos renovaban, cada cuatro años su confianza porque creían y se identificaban mayoritariamente con lo que estábamos haciendo. Es la misma sociedad agüimense heredera de aquel primer poblamiento indígena, que plantó cara a los conquistadores en tantos lugares de nuestra geografía, que desde el singular Señorío Episcopal contribuyó de manera significativa a la cultura y a la economía de Canarias, que protagonizó el primer motín campesino de Canarias, que supo vencer el retroceso que supuso la dictadura para proponer un municipio moderno y de vanguardia, que aportó tantas personas ilustres a la literatura, a la política, a la enseñanza y a la ciencia, que defiende sus singularidades, sus valores y tradiciones con la cabeza bien alta… que siempre tuvo muy claro lo que muchos siglos antes planteó Confucio: “Más vale encender una luz que maldecir la oscuridad”.

A esa sociedad dinámica, creativa y luchadora pertenecen, las entidades, los colectivos y las personas que la Corporación municipal ha reconocido y señalado como referentes.

Leticia Romero tiene detrás un amplio historial de méritos deportivos a pesar de su juventud. Su historial deportivo es ampliamente conocido. No voy a insistir en relatarlo, pero nada de eso hubiese sido posible si detrás no estuviese siempre presente la constancia, el trabajo, la renuncia de una niña primero y una joven después a tantas cosas para alcanzar un sueño. La capacidad de afrontar retos, venciendo las frustraciones y los desánimos lógicos cuando se trata de compaginar estudios y entrenamientos para alcanzar la élite deportiva y la formación académica para su futuro. Y detrás unos padres que la alentaron siempre, que cada tarde de la semana se la dedicaban plenamente para hacer posible que pudiera entrenar en La Paterna. Es así como se llega, como se alcanzan las metas y como, sin quererlo, se ha convertido en una referencia para tantos chicos y chicas, en un mundo de escasas oportunidades para los jóvenes. Al concederle la Espiga de Oro se está reconociendo todo eso y se está haciendo llegar un mensaje a los más jóvenes de esta comunidad de los valores del esfuerzo, del deporte…

El Carnaval es una de las tradiciones más sentidas por los hombres y mujeres de esta Villa. De generación en generación, probablemente desde hace siglos, se va transmitiendo ese sentimiento de transgresión, de romper las normas, de vivir a tope…Y se ha vivido intensamente, siempre, incluso durante la dictadura de Franco. El Carnaval de Gran Canaria solo se mantuvo durante el régimen franquista en Agüimes y ya cuando se generalizó su celebración, tras la llegada de la democracia, siguió conservando una singular relevancia en la isla gracias a agrupaciones como Los Serenquenquenes. Este colectivo ha paseado como nadie el nombre de Agüimes por los escenarios del Carnaval de las islas. Se ha convertido, con el paso de los años en la murga más premiada en Gran Canaria, la más imitada, la más creadora de tendencias. Sus entradas y salidas del escenario son siempre un canto de enorme afecto a la Villa lagartera. Y siempre, siempre, compartían sus triunfos con la sociedad agüimense. Al dejar la alcaldía se deja uno atrás muchos momentos entrañables. Uno de los que echo de menos siempre, cada año, es aquél cuando en el silencio de la madrugada, Los Serenquenquenes llegaban de ganar una vez más el concurso de murgas en Las Palmas de Gran Canaria y, en el silencio del alba, desfilaban Avenida Joaquín Artiles arriba para llegar hasta mi casa donde siempre les recibía con una botella de champán para brindar por el triunfo. Cantaban, me hacían botar, lo celebrábamos juntos… ¡Y lo hicieron tantas veces!

Cuando llegamos al Ayuntamiento, el Polígono Industrial de Arinaga era un erial. Nos propusimos el reto de sacarlo adelante, en convertirlo en un polo de desarrollo económico y de creación de empleo. Y teníamos que hacerlo con los empresarios que estaban allí instalados. De la mano. Así surgió la primera Entidad de Conservación de un Polígono Industrial en Canarias. Primero con Agustín Reina de presidente y luego con Juan Acosta, la Entidad de Conservación de Arinaga se convertiría en una referencia para Canarias y consiguió que los empresarios y empresarias de Arinaga autogestionaran este espacio yendo siempre juntos con el Ayuntamiento. No puedo olvidarme de tantos años de lucha, de compromiso, de implicación, de trabajo compartido por este municipio. 

Si soy hoy presidente del Cabildo de Gran Canaria es gracias a todo este bagaje de experiencias adquiridas, a todo lo aprendido en el andar de los años compartiendo sueños, ilusiones, esperanzas y frutos importantes para el futuro de esta Villa. Creímos que era posible transformar la dura realidad que vivíamos desde la democracia, pero nunca pensé que cuarenta y tres años después tendría que estar preocupado por no perderla. Son tiempos difíciles, pero jamás nos hemos rendido a la hora de afrontar situaciones como esta. Y da más fuerza sintiendo afectos y reconocimientos.

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