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Democracia Real Ya: se inicia el periodo decisivo

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Durante la campaña electoral un movimiento como el 15M que solo cuenta con las redes sociales y las concentraciones y acampadas en plazas, no puede competir con la enorme y carísima maquinaria propagandística de los partidos políticos, incluso los medianos, por no hablar de los grandes.

La altísima visibilidad en los medios de los partidos políticos, ya sea comprada directamente en forma de anuncios, ya sea de forma indirecta con el uso de los medios públicos favoreciendo a ciertos medios a cambio de buen y frecuente trato, es imposible de competir por un movimiento ciudadano como el citado. Y eso es algo que tiene un resultado inexorable. Que los partidos se salen con la suya. Las campañas electorales son contiendas publicitarias entre los diversos partidos, que se libran de acuerdo a las reglas de la publicidad. Los programas, las propuestas y las ideas no cuentan para nada, salvo para hacer populismo fácil con la única intención de captar votos acríticos. Solo la imagen de los candidatos y de los partidos en sí es lo que importa y tiene consecuencias a la hora de votar.

El movimiento 15M no puede competir apenas con esa forma de hacer política. Ni tampoco debe.

Este movimiento tiene algunas grandes diferencias con respecto al desenvolvimiento cotidiano de la política actual. Y varias de sus reivindicaciones no pueden ser solucionadas con el sistema político que tenemos.

Una primera gran diferencia es la forma de abordar la política. El 15M es, en su ánimo, lo más parecido al espíritu de la Transición: ánimo de contribuir entre todos, de construir entre todos la política para convivir con los demás. La vida política actual es un salvaje enfrentamiento entre diversos partidos políticos para imponerse por casi cualquier medio. El interés general, la correcta gestión de los recursos públicos y la calidad de vida de los ciudadanos quedan en un segundo plano. Hundir, humillar, desacreditar y disminuir al adversario por medio de insultos, propaganda torticera, falta de respeto y todas las mentiras que hagan falta es el arma cotidiana de los partidos. Una concepción de la política radicalmente distinta que la que se está exigiendo ahora en cientos de plazas reales y virtuales.

La causa de esta gravísima enfermedad política no radica tanto en las personas que se dedican a la política, sino en las facilidades que da el sistema para que ello ocurra así. Como decía en el artículo anterior, nuestro sistema político y su funcionamiento pertenecen a principios del siglo XX. Los medios que hay hoy a disposición en relación con esa época son abrumadoramente distintos. Multitud de televisiones, radios, periódicos, teléfonos fijos y móviles, ordenadores personales, internet? En lugar de tener un vehículo cómodo, potente, económico, eficiente, de poco consumo, y con muchas prestaciones, seguimos políticamente con uno de 1930, incomodísimo, que gasta muchísima gasolina, que apenas alcanza 30 km/h? Y así seguiremos por que a los actuales partidos políticos les conviene.

Y les conviene por que ahora es cuando vamos a ver quien detenta realmente la soberanía y el poder en los Ayuntamientos, Cabildos, Diputaciones y Comunidades Autónomas. Durante los próximos cuatro años, los ciudadanos no contamos para nada a la hora de tomar las decisiones. Ni voz ni voto. El poder lo ejercerá, en cada Administración, apenas dos o tres personas de los partidos políticos que hayan alcanzado la Alcaldía o Presidencia. No nos van a consultar para nada. Pueden hacer la política que quieran, siguiendo su programa, sin seguirlo o en contra del mismo. Cualquier política mientras sea legal. Y a veces incluso aunque no lo sea.

Tony González

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