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Pensionistas en lucha

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Vamos a ver si el sábado el Parque de San Telmo se llena a las once de la mañana pensionistas, de jóvenes, de mujeres, de trabajadores ocupados en el paro. La situación de los pensionistas en España es realmente dramática, casi la mitad cobra menos de 736 euros mensuales, y unos cinco millones mayores de 65 años están en riesgo de pobreza. A nivel de todo el Estado las principales reivindicaciones destacan la exigencia de la revalorización de las pensiones según el IPC y la recuperación del poder adquisitivo perdido, denunciando la mísera subida del 0´25 que establece la reforma de las pensiones de Rajoy, y la exigencia de pensiones dignas con una pensión mínima de 1080 euros. También plantean la derogación de las dos últimas reformas de las pensiones, la del PSOE y la del PP, que están en la base de la caída presente y futura de las pensiones públicas. 

Hay que recordar que según cifras oficiales la situación de la mayoría de las pensiones actuales, el 46 por ciento de los pensionistas cobra menos de 736 euros al mes, es decir, un total de 4.200.000 (cuatro millones doscientos mil) jubilados perciben una pensión al salario mínimo que ahora mismo es de 735,89 euros al mes. Si tenemos en cuenta que el Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa el riesgo de pobreza en el Estado español en los 8.209 euros anuales, se encuentran 4.720.000 (cuatro millones setecientos veinte mil) mayores en estado de pobreza severa. Cuando leo estas cifras se me ponen los pelos de punta y me salen más canas. 

Me viene a la memoria un matrimonio de mi generación, unos años mayores, que hasta hace poco íbamos de vacaciones juntos, y ahora como tienen que ayudar a un hijo, nueva y dos nietos, han tenido que renunciar a salir de Gran Canaria,  como hasta hace unos años lo hacía. “A veces vamos de bocadillos al Sur a pasar el día, y comprarle unos helados a los nietos es un lujo”, me dice el amigo casi con lágrimas en los ojos. “Comemos mucha pasta, arroz, papas, pero el pescado y la carne muy poco, no nos llega para esos alimentos. Menos mal que los nietos comen en el colegio a mediodía. Pero voy a estar el sábado con mi bastón en la manifestación, y también irán mi mujer, mi hijo, mi nuera y los dos nietos”. 

Me encuentro a la vecina del quinto en la Avenida de Las Canteras en una terraza tomando una copa, le cuento la historia de mi amigo pensionista, y se le salen las lágrimas de los ojos. “Sabe lo que le digo, estuve en la manifestación de las mujeres, y voy a estar el sábado en la de los pensionistas, y voy a llevar el banot de mi hijo, me sirve como a los guanches de arma defensiva y ofensiva, y también irán mis hijos, al mayor le escondí la tabla de surf para que no vaya a la Cícer, y al más chico el balón para que no vaya a jugar con los amiguetes. ¡Todos al Parque San Telmo, coño!, Y a ver si acuden tantos jóvenes como hicimos las mujeres, todos con los pensionistas, coño”. Dio un puñetazo en la mesa y se le derramó la copa que estaba tomando.

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