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Cuando cuesta no perder "La Esperanza"

Fachada de la comuna 'La Esperanza'

Fachada de la comuna 'La Esperanza' Efe

Poco tiempo después de que Pedro Rodríguez, candidato de Juntos por Guía, fuese nombrado alcalde de ese municipio, y proclamado diputado en el Parlamento de Canarias por Nueva Canarias, una comisión formada por algunos de los vecinos de la comunidad, el concejal de Nueva Canarias Manuel Melián, y yo misma, nos reunimos con el Alcalde y con dos técnicos municipales. El objeto de dicha reunión era exponerle la situación de unos vecinos que carecían de suministro de agua potable, y que se veían obligados a comprar cubas de agua para las ochenta familias (150 de ellos menores de edad) que viven en el edificio situado de Guía, conocido como La Esperanza.

El alcalde nos recibió a regañadientes, miraba su reloj y se dirigía continuamente a sus técnicos, una abogada y un arquitecto, buscando el apoyo burócrata que argumentara una decisión que ya se entreveía en su mueca. "Comprenderás que no voy a cometer una ilegalidad" me dijo en algún momento.

De nada sirvió recordarle que el derecho al agua está plenamente reconocido como universal por la Asamblea de la ONU; que el partido político con el que se presentó a las elecciones autonómicas (Nueva Canarias) defiende como derecho primordial en su programa electoral el de la vivienda; que muchos de sus votos proceden de electores convencidos de que representaba una opción política que siempre declaró estar del lado de los pobres.

No sirvió de nada porque el pasado mes de diciembre el Alcalde Pedro Rodríguez firmaba la resolución administrativa que abre la espita del desalojo, que inicia los trámites para el lanzamiento, que determina el fatal desahucio de 150 menores de edad, obviando cualquier alternativa habitacional para unas familias desesperadas, que solo buscaban poder acceder al suministro de agua que su alcalde les negaba.

La Esperanza surgió gracias al empeño y al trabajo de Ruyman, un anarquista de corazón grande y mayor inteligencia, que se ha jugado la vida (y no en sentido figurado) por defender el derecho a la dignidad de los habitantes de la comuna. Junto a hombres y mujeres que necesitaban un hogar para vivir para poder criar a sus hijos, fue capaz de derribar los muros de la intransigencia institucional y de convertir un edificio abandonado en el lugar habitable que es hoy.

Quienes componen la comunidad -una de las mayores de Europa- no pierden la esperanza de que la justicia social se imponga a la burocracia gubernamental. Yo tampoco, pero con algunos gobernantes cada vez resulta más difícil.

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