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Que dejen de molestar

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Las actitudes del PP grancanario, más groseras las de Cardona que las de Bravo, se ajustan también al guión soriano. Es verdad que las desatenciones, a veces maltrato, a Gran Canaria y a su capital han sido constantes. Pero no lo es menos que las posibilita un desgraciado Estatuto bien empapado del espíritu de la institución provincial, centralista a más no poder, nada proclive a las autonomías cabildicias y sí a mantener vivo el ideal de la provincia única que añora el tinerfeñismo residual decimonónico. Nuestros "padres constituyentes" no dieron más de sí, lo que no molestó al PP durante los lustros en que comió del mismo plato que CC. Soria no se quejó y sigue dando cursillos acelerados de un pobretón oportunismo político que le permite adoptar una u otra postura según el cargo que ocupe en cada momento. Para no remontarme demasiado, que es personaje ya aburrido, recuerden que pasó de la presidencia de la corporación insular grancanaria al Ejecutivo de Paulino desde el que puteó malamente a los cabildos. Lo de Cardona-Bravo sintoniza bien con esos modos del Jefe. A ver quien le regala un correaje.

Más espectacular ha sido el reciente cambio petrolero de Soria: de oponerse a las prospecciones desde el Gobierno canario ha pasado como ministro a gran valedor de Repsol escenificando una caída del caballo que, en realidad, es cambio de cabalgadura. Se ha montado, en fin, en el caballo de Repsol que le quedará eternamente agradecida por sus esfuerzos ministeriales para ahorrarle unos buenos dineros. Como saben, los accidentes en el Golfo de México han determinado la elaboración de una reglamentación más severa de estas actividades que supondrá mayores desembolsos a las compañías; los que Repsol se ahorraría si consigue luz verde antes de que entren en vigor las nuevas normas. De ahí las prisas de Soria (el plazo aquel de diez días y la advertencia de que en cualquier caso será Madrid quien decida, bonito fuera) y la comida que la petrolera le organizó en el Ritz como anticipo a cuenta; para que hiciera de ministro de Ultramar, su nuevo rol.

No nos podemos fiar del PP soriano, que no consigue ocultar las intenciones últimas de cada movimiento. Si es que lo intenta porque, oye, si me pongo literario diría que todo responde, en el fondo, a una extemporánea mentalidad caciquil que no necesita ocultar objetivos porque aquí mando yo. Entre los que no se enteran, los que se enteran pero consienten por miedo o por conveniencia y los que no se callan, que son la única novedad del supuesto revival caciquil y son por ello expulsados a las tinieblas exteriores, hay grandes posibilidades de que nos hagan mamar la tranca petrolera como tuvimos que tragarnos el banderón. La desvergüenza pepera, sigo con el petróleo, llegó al extremo de ridiculizar lo dicho por Paulino de que un accidente petrolífero podría afectar al suministro de agua potabilizada. Como si no recordáramos que la limpieza de fondos de no sé qué petrolero obligó, hace unos años, a parar la desalinizadora de Piedrasanta para no descuajeringarla. Nadie le ha dicho a Paulino, por cierto, que esa posibilidad existe aunque saque algún dinero de las prospecciones. Por lo que volveré a recordar que la propia Repsol advirtió en su día que Canarias no se beneficiaría en lo fiscal y tampoco en lo laboral. Ahí están las hemerotecas que lo digan.

Dirán que lo borde que se ha puesto el PP grancanario con Paulino y las prospecciones son cosas distintas. Evidentemente no van a perforar en la Plaza de Santa Ana; digo yo porque vayan ustedes a saber. Pero ocurre que los dos asuntos comparten firma de autor y responden a un mismo estilo así que forman parte de la enredina soriana. De todos modos, en el caso de Cardona-Bravo versus Paulino nadie sabe, a ciencia cierta, quien lleva razón y no podemos creer a ninguno, les dije. Si Soria contamina cuanto toca, tampoco puede decirse que el Gobierno sea trigo limpio. Está justificada la desconfianza a la que cabe añadir la mediocridad de la clase política incapacitada para concebir una organización político-administrativa que supere el espíritu centralista de la institución provincial alojado en el Estatuto. Y eso a pesar de que está inventada. De ahí que anden dando palos con el rabo con discusiones puntuales y sin poner el dedo en la llaga.

Si mañana la presidencia cayera en manos de Gran Canaria, estaríamos en las mismas, pero al revés. Sin remedio. Si CC y PP agotaron el crédito, los psocialistas, que pudieron contribuir al cambio, entraron en el juego para tocar poder y presupuestos y tampoco sirven. La política canaria es un drama esperpéntico de incapacidad e impotencia y sería de agradecer, qué quieren que les diga, que al menos dejen de molestarnos con sus cuitas de pueblo chico: ocupan demasiado espacio en los periódicos agudizando su crisis.

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