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Encuesta, luego relativiza

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Y venga encuestas. Apenas arrancaban las conversaciones para concertar fórmulas de gobernabilidad y ya circulaba la última entrega del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre intención de voto pensando en si hay nuevas elecciones en primavera, que todo puede suceder, dicho sea de paso.

A este ritmo, los españoles somos un país encuestado, o en permanente estado de consulta demoscópica. Da igual que acierten o no, que se despachen con el tópico de marcar tendencia o que se traten como hay que hacerlo, es decir, con la máxima relatividad. No se trata de denigrar a las encuestadoras y a los sociólogos: el trabajo es el trabajo; sino de aceptar de una vez por todas que no se puede vivir a golpe de porcentajes estimativos que, a su vez, induzcan titulares o interpretaciones mediáticas que favorezcan determinados intereses. En este caso, además, cuando ya se está en plena negociación para intentar formar gobierno, asunto incierto donde los haya.

A la rica encuesta. Dale con las estimaciones, que muchas veces no se corresponden, por cierto, de forma coherente entre intenciones, fidelidades, preferencias, recuerdos y ponderaciones de líderes. Serán muy útiles a los estados mayores de los partidos y a sus estrategas pero su traducción es un ejercicio a conveniencia que, por tal misma razón, abona la relatividad. Advierte el politólogo y escritor Ramón Cotarelo que “en la situación actual, en la que opinión pública cambia por horas porque la misma realidad se transforma a ojos vista y los acontecimientos se atropellan, cualquier predicción tiene la misma verosimilitud que las profecías de Nostradamus”.

Siquiera para volver a preguntarse qué más se necesita para que los electores castiguen a una formación política, afectada por la corrupción. O si alguna vez el PSOE ganará alguna encuesta. O si los nacionalismos ya no tienen sitio en el espectro político. Cotarelo, para poner en tela de juicio los vaticinios del CIS, lo despacha con un primoroso párrafo:

“Vayamos a los hechos de la vida. Si hay nuevas elecciones, las llamadas 'confluencias' pueden desaparecer. En Barcelona, Ada Colau proyecta partido propio que no es seguro forme coalición con Podemos. En Galicia, con un Beiras escaldado, puede que no haya confluencia y en Valencia ya se ha roto. Así que, eso  de que Podemos más 'confluencias' suben y superan al PSOE, sin duda entusiasma a los de La Sexta (TV), pero también puede suceder lo contrario: que Podemos, de hecho, pierda las elecciones”.

De modo que, por mucha encuesta que haya, a tomárselo con toda la relatividad que se sea capaz de acumular. Este será un país a una consulta pegado y ésta será una democracia supuestamente cada vez más madura, aunque sea con la disparidad de votos registrada el pasado 20-D.

Con tanta incertidumbre, con su aritmética posibilista, con sus pasos y sus gestos y con tanta encuesta, qué lejos va quedando aquella fecha, ¿verdad?

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