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La insoportable levedad de ZP

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Quién sabe si ayer por la mañana Zapatero estaba frente a la ventana del hotel pensando en el encuentro con Obama, quién sabe si ZP se parecía a ese Tomás que Kundera también vio por primera vez frente a la ventana de su piso: "mirando a través del patio hacia la pared del edificio de enfrente, sin saber qué debe hacer". Tomás y Teresa estuvieron una semana haciendo el amor en una ciudad checa. Después se separaron". En su casa, en Praga, Tomás se planteó llamar a Teresa. "Sintió un inexplicable amor por una chica casi desconocida. Le pareció un niño al que alguien hubiera colocado en un cesto untado con pez y lo hubiera mandado río abajo para que Tomás lo recogiese a la altura de su cama.".

Barack Obama no pudo dedicarle a Zapatero una semana de amor. Pero estuvieron 45 minutos, que estuvieron precedidos de la foto. En el fondo las banderas de Spain y de EEUU, todos los periodistas listos para disparar los flashes. Llegan el Emperador y ZP. Se dan la mano, sonrisas, unas palmaditas por la espalda a my friend. El Emperador que intenta arrancar y dejar solo a ZP porque tiene una lista de espera de saludos y palmaditas con presidentes, ZP que abre los brazos para intentar hablar, le adelanta Obama y cuenta eso tan tierno, tan histórico, tan deseable para cualquier gobernador de una provincia del Imperio: "I´m glad to call him a friend". Estoy contento de llamarlo mi amigo. Y ZP que responde diciendo que están buscando un mundo más justo, para las futuras generaciones, que para los que vivimos hoy ya decidieron entregar nuestro dinero al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional en la reunión del G-20, y pasaron del G-20 a la OTAN, del brazo financiero al brazo armado, dinero para los bancos y soldados y cañones para Afganistán, así se arreglan las crisis.

Pues eso, que todo estaba tan preparado para empezar este lunes santo con la foto de Obama y ZP, pero alguien que debe estar enfadado con el jefe, desde las alcantarillas de la Moncloa, aprovechando que el servicio estaba en la procesión de la Burrita, contó a la prensa que el martes habrá cambios de gobierno. ¡Y qué cambios! Pedro Solbes ya no envidiará a Bermejo y deja su cartera a Elena Salgado, Teresa seguirá siendo Teresa (aquí hablo de la Teresa de ZP, osea, María Teresa, no de la Teresa amante de Tomás). Y se crea una vicepresidencia de las autonomías, para poner a Manuel Chávez en Plan Renove en tiempos de crisis, osea que mejor es no cambiar el coche, sino repararlo. Magdalena Álvarez pasa de estar "partía" a estar "doblá" y se tiene que marchar para que entre José Blanco.

Y, claro, los periódicos le dan más importancia a los aires de cambios ministeriales que anuncian los indiscretos de la Moncloa que a la foto de Obama y ZP en la primavera de Praga. ZP aparece en la rueda de prensa formal, pero ya no interesa que nos cuente esos 45 minutos con Obama, ya no queremos saber si su experiencia con el Emperador fue similar al encuentro de Tomás y Teresa, si Obama era como un niño al que alguien hubiera colocado en un cesto untado con pez y lo hubiera mandado río abajo al encuentro de ZP. Ya nada de eso nos interesa. Si yo hubiera estado en Praga en esa rueda de prensa me hubiera disfrazado de Kundera para preguntarle a Zapatero: ¿Pero es de verdad terrible el peso de reunirse con Obama y maravillosa la levedad de los ministros y ministras que puede cambiar un presidente? No necesito esperar a su respuesta para saber que la filtración de la noticia del cambio de gobierno el día de la cita con Obama y la encuesta electoral del diario Públicoque daba la victoria al PP, son dos datos que nos hablan de la insoportable levedad de Zapatero.

Juan García Luján

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