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Su seguro servidor

Pablo Rodríguez era un joven muy conocido en su casa a la hora de comer hasta que fue designado a dedo vicepresidente del Gobierno de Canarias por la cuota de Gran Canaria. Ahora también es conocido a la hora de comer en la casa de Fernando Clavijo. Coalición Canaria es un partido con un ínfimo arraigo en la isla de Gran Canaria. De hecho solo cuenta con un consejero en el Cabildo y una alcaldesa en Firgas gracias al apoyo de otros partidos.

Una alcaldesa que sustituyó en su día a Manuel Báez, que en su momento cambió los terreros de lucha por los salones de plenos municipales. Un hombre que, como el recientemente fallecido padre de Fernando Clavijo, es más independentista que nacionalista de nuevo cuño, en contraste con la mayoría de sus compañeros de partido. Báez es un hombre tan familiar y tan padrazo que un día no se le ocurrió otra cosa que sustituir a su hijo en un examen para aprobar unas oposiciones convocadas por la misma comunidad autónoma en la que gobierna su formación.

Pablo Rodríguez saltó directamente de una concejalía de Telde a la Vicepresidencia del Gobierno de Canarias, un brinco que le dio tanto vértigo que tenía que consultar con sus seguidores en las redes sociales hasta el color de las gafas que quería comprarse.

Tras esta pirueta, Rodríguez encabezará la lista de Coalición Canaria por Gran Canaria después de haber sido elegido por aclamación entre sus conmilitones. El clan de Coalición Canaria en Gran Canaria no debe ser mayor que la tribu de Brady, o en todo caso una especie de familia numerosa al estilo televisivo de 'Con ocho basta'.

Pablo Rodríguez es un hombre muy educado y de trato agradable, émulo del recordado José Macías. Su padre, ya fallecido, fue un concejal comunista teldense que posteriormente dejó la política por el mundo de la empresa. A Pablo lo eligieron por aclamación, algo que no es difícil en un partido en el que caben en un taxi sus afiliados en Gran Canaria.

Recientemente llegó tarde a una sesión del Parlamento regional porque su chófer no fue a recogerlo al aeropuerto. Si su propio chófer no le hace caso, habrá que imaginarse el que le presta el presidente Clavijo. El nacionalismo canario de pandereta y timple se queja de que el gobierno de Sánchez haya desnudado el santo isleño para vestir al catalán por el interés del voto. Es muy posible que sea así pero en este caso Coalición Canaria no puede tirar la primera piedra porque está probando su propia medicina. Es una cuestión de aritmética.

El nacionalismo canario apenas tiene representación en las Cortes mientras que el catalán sirve a cualquier gobierno de distinto signo para poder sacar las leyes adelante. ¿Qué haría usted en un caso similar? Pues lo mismo que haríamos todos: pactar con el que nos sirve, aunque Clavijo quiera ser su seguro servidor.

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