No llame al 092 en Las Palmas de Gran Canaria porque no se lo cogerá nadie
11.57. Primera llamada al 092 este lunes. 11:58, la segunda. Dejemos pasar algo más de un minuto, no vaya a ser que estén atendiendo alguna emergencia. 12:04. Tercera llamada y nada. Es posible que sigan con la misma emergencia que antes. Decidimos entonces probar con el número fijo de la Policía Local, 928446400, ¡toma!, nadie contesta tampoco. Probaremos más tarde, a las 12:19, por ejemplo. Uf, tampoco responden. Dejemos pasar unas horas, a las 15:42, vaya, también sin respuesta. En medio del desconcierto, una llamada de comprobación al 112, no fuera a ser que el 092 haya dejado de existir y seamos los únicos que no lo sabemos. El operador contesta con cajas destempladas: aquí no estamos para darle el teléfono de nadie.
Es posible que la mañana de este lunes, la sala operativa del 092 de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria estuviera saturada de llamadas de conductores cabreados por lo que se estaba viviendo en el entorno del parque de San Telmo, en la calle de Bravo Murillo y la Avenida Marítima, hasta llegar más allá del mercado de Vegueta. El colapso era mayúsculo, al parecer por el accidente o la avería de una guagua. Que tampoco se sabe porque el cuerpo ya no informa como antes en su cuenta de X, en la que este lunes solo aparecían las farmacias de guardia.
Dos agentes de la Policía Local indicaban con sus paletas de señalización a los conductores que no se podía acceder desde la Avenida Marítima hasta Rafael Cabrera, lo que obligaba a continuar hasta la siguiente salida, la de San Telmo. Allí el atasco se convirtió en colosal, particularmente en el primer carril izquierdo como consecuencia del taponamiento en la desviación hacia el Gobierno Militar y el cruce con la bajada de la calle Buenos Aires. En todos los alrededores del colapso, ni un solo agente, ni del orden ni de movilidad. Nadie.
Recabada la versión del Ayuntamiento, la respuesta fue de resignación, como si ya estuvieran acostumbrados a esa queja de que los agentes de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria no cumplen con sus obligaciones, ni siquiera la básica de contestar al teléfono a la ciudadanía. Al fin y al cabo llevan un tiempo sosteniendo un conflicto con las autoridades políticas y administrativas por diversas causas que se han ido superponiendo sin que ninguna haya quedado del todo resuelta antes de la irrupción de la siguiente.
La última novedad se produjo la semana pasada desde los juzgados: una sentencia de la Plaza 5 del Tribunal de Instancia, en la Sección Contencioso-Administrativa validaba la Instrucción General Horaria de la Policía Local para el periodo 2026-2029, aprobada por el Ayuntamiento en diciembre de 2025 tras un acuerdo con los principales sindicatos. La había sido recurrida por la exjefa del cuerpo, Carmen Delia Martín Mederos, antes de dimitir. La jefa no quería que los jefes tuvieran que cumplir los mismos turnos que los agentes. A ella le pidieron su dimisión y dimitió, y en su lugar ha vuelto Carlos Saavedra, que había sido cesado en 2019 por el entonces alcalde Augusto Hidalgo, en cumplimiento de una resolución del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo. Todo es así en esta Policía Local.
Los sindicatos reclaman retrasos en el pago de horas extras y pluses por importe de 600.000 euros, además de quejarse de que hay agentes que no hacen prácticas de tiro desde 2019.
Este conflicto hace entender que en ocasiones solo haya dos o tres unidades operativas patrullando la ciudad, es decir, como mucho seis de los 504 agentes que componen el cuerpo, contando las últimas y muy recientes 45 incorporaciones. Las Palmas de Gran Canaria tiene una extensión de más de 100 kilómetros cuadrados, cinco distritos y 122 barrios. Dos o tres unidades operativas para tales magnitudes explicarían los motivos por los que es casi imposible ver un policía local cuando se le requiere. Salvo que lo requiera una jueza para un desahucio. Entonces sí aparece la unidad especial de los Goia.
El colapso de este lunes en las inmediaciones de San Telmo se solucionó, como era de prever, más de una hora después de que comenzara: cuando un agente apareció milagrosamente en la confluencia de León y Castillo, con Buenos Aires y Triana y se puso a agilizar el tráfico para descongestionar el carril izquierdo de la calle de Bravo Murillo. No hizo falta mucho esfuerzo. Ni pagar horas extras.
0