Por supuesto que Bildu es mejor que Vox
El terrorismo es una peste. El terrorismo en la izquierda en democracia es más peste aún porque aleja los valores profundos del progresismo y el objetivo final de sus luchas. El libro de Carla Mosca y Rossana Rosanda sobre las Brigadas Rojas italianas en el que desmontan intelectualmente hasta la sumisión a Mario Moretti, líder de la organización terrorista, debería servir para cualquier indocumentado que a día de hoy todavía piense que la violencia terrorista es un camino transitable para la izquierda en democracia. Ni por moral, ni por decencia, ni por convencimiento ético, pero es que ni siquiera por estrategia.
Es por eso, desde el pleno convencimiento del rechazo al terrorismo, que la izquierda no puede permitir que en el debate público se maneje esa falsa equidistancia entre un partido que nace del convencimiento del repudio a ese tipo de violencia para labrar un proyecto en paz que permita cabida a cualquiera que piense distinto y un partido posfascista que como todos los de su cultura se alimentan de la violencia política en todas sus formas.
Un hecho que se reafirma en un documento explícito e individual firmado por todos los candidatos de Bildu que dice lo siguiente: “Como desarrollo de los principios y valores del Código Ético firmado, donde por un lado el diálogo, la negociación y el acuerdo son la base de cualquier método de trabajo y, por otro, el máximo respeto mutuo es la base entre quienes conforman la comunidad de EH Bildu así como con el resto de la ciudadanía, declaro que, hago mías las bases ideológicas y objetivos políticos de EH Bildu, rechazando con ello cualquier acto o actividad que suponga agresión o violación a cualquier derecho humano y al uso de la violencia para la consecución de objetivos políticos”.
Los hechos por delante para que la propaganda reaccionaria no empañe la verdad. Y ahora, Vox. Alberto Núñez Feijóo, en la entrevista en la Cadena Ser, utilizó a Bildu, como siempre hace la derecha, para negarse a comentar la existencia de un neonazi en las listas de Vox por Tarragona, el ultra Jordi de la Fuente, que participó en reuniones en Beirut con el brazo político de los terroristas de Hezbolá para darles apoyo por la inclusión de la organización por parte de la Unión Europea en la lista de bandas terroristas. En la legislatura pasada el único diputado en el Congreso al que se le aplicó la ley antiterrorista por atentados de ámbito político contra otras formaciones fue el miembro de Vox Juan Carlos Segura Just. El diputado de extrema derecha fue condenado a un año de cárcel en 1980 por formar parte del grupo ultra Frente Nacional de Juventudes que atacó la sede de UCD con piedras, botellas, cócteles molotov y una lata de gasolina causando un incendio. La delegación madrileña de ese partido, el Frente de Juventud, fue el grupo responsable del asesinato del estudiante y miembro del PCE Andrés García a manos del terrorista José Luis Martínez Merino. La misma organización asesinó en 1978 a Javier Idígoras Navarrete y Luis Arribas Santamaría con la colocación de una bomba en el Instituto San Isidro de Madrid.
La violencia terrorista de extrema derecha causó durante la Transición un total de 67 víctimas mortales según la historiadora Sophie Baby. De manera paradójica en los medios y la política española no se exige a los ultras de Vox la firma de un compromiso de rechazo a la violencia del mismo modo que se le exige a Bildu cuando los ultras son legatarios orgullosos de la tradición cultural, familias y política que causó ese dolor y tanta muerte, y eso sin entrar en consideración sobre las víctimas del franquismo, solo hablando del periodo democrático. No hay nadie de Vox que haya rechazado jamás la violencia terrorista de extrema derecha habiendo pertenecido incluso a los mismos grupos terroristas que tienen las manos manchadas de sangre. Por eso Bildu es mejor que Vox, por supuesto que lo es, por mucho que brame Feijóo al unir su futuro al de la organización postfacista. La izquierda, de manera orgullosa, tiene que señalar a quienes ni en sus estatutos, ni en sus comunicados ni en sus declaraciones han rechazado la violencia del pasado de sus organizaciones y tienen a sus filas a miembros de organizaciones continuistas de aquellas que fueron responsables de las muertes de compañeros de izquierdas.
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