Un estudio de la ULL prevé la reducción drástica de las reservas de agua en Canarias
Un estudio de la Universidad de La Laguna (ULL) prevé que en lo que resta de siglo se producirá una reducción drástica de las reservas de agua de lluvia en toda Canarias, que en el caso de El Hierro, en el peor de los escenarios, oscilaría entre el 50% y el 70%, y en Tenerife rondaría el 50%.
En el caso de Gran Canaria, el estudio proyecta un agotamiento casi completo de las reservas, hoy limitadas a pequeñas zonas montañosas del norte y el centro de la isla.
Este trabajo, publicado en Environmental Monitoring and Assessment y coordinado por el catedrático Juan Carlos Santamarta, investigador del Departamento de Ingeniería Agraria y Medio Natural de la ULL, se centra en el balance hídrico climático, también llamado potencial.
Este indicador se calcula a partir de dos variables: la precipitación, que aporta agua al territorio, y la evapotranspiración, que la retira.
No incorpora, por tanto, aportes como la desalación, altamente implantada en Canarias.
Mide específicamente el agua que el clima, por sí solo, deja disponible, con lo que resulta útil para aislar el efecto del cambio climático sobre el recurso.
El equipo de investigadores adaptó a las islas Canarias la metodología FICLIMA para proyectar cómo cambiará el balance hídrico climático.
Se trata de una técnica que traduce los modelos climáticos globales a una escala local muy detallada: capta las particularidades de un territorio con una orografía compleja y numerosos microclimas.
El análisis ofrece una resolución de 100 metros, por lo que constituye la primera vez que se dispone de este nivel de detalle para el archipiélago, y se apoya en los modelos climáticos internacionales del Sexto Informe del panel de expertos de Naciones Unidas sobre cambio climático (IPCC).
Las proyecciones se realizan para tres horizontes: corto (2021-2050), medio (2040-2070) y largo plazo (2071-2100), bajo distintos escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero, desde los más positivos hasta los más críticos.
A esta presión climática se suma la deriva de la actividad humana, en particular el crecimiento de la población y la fuerte demanda de agua del turismo y la agricultura.
La tendencia general observada en las proyecciones es de un descenso del balance hídrico climático, que se acentúa a medida que avanza el siglo.
El análisis también señala que estos cambios estarán fuertemente influidos por la altitud, destacando que las zonas costeras del archipiélago presentan ya hoy un balance hídrico climático nulo, lo que provocará un aumento del estrés hídrico del conjunto del territorio.
Los investigadores subrayan que el estudio aporta datos útiles para gestionar el recurso de forma más eficiente, especialmente ante la creciente competencia por el agua entre sectores muy demandantes como el turismo y la agricultura.
Entre las estrategias que ya contribuyen a mitigar la escasez figuran la desalación de agua de mar, la reutilización de aguas residuales y las mejoras en el almacenamiento y la distribución.
No obstante, según los autores, estas vías siguen afrontando retos de eficiencia y consumo energético.
Por ello, el estudio recoge medidas como reforzar la producción industrial de agua integrando energías renovables, para reducir la dependencia de los combustibles fósiles; técnicas de riego eficiente y cultivos más resistentes a la sequía; una planificación integrada del sector turístico; o la cooperación entre islas y regiones, así como la integración de la resiliencia climática en la planificación hidrológica.
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