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La previsión de À Punt en la dana que Emergencias no vio venir: “Los barrancos van a desbordarse, sobre todo el del Poyo”

La operadora de cámara Maje Jorge y el periodista Paco Miquel conversan a la entrada del Palacio de Justicia de Catarroja, el pasado 15 de julio.

Lucas Marco

València —

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À Punt, la televisión pública valenciana, tuvo más ojo que Emergencias de la Generalitat a la hora de prever lo que iba a suceder la tarde del 29 de octubre de 2024, trágica jornada que dejó 231 fallecidos. “Se van a desbordar los barrancos y no tenemos a nadie para ir a cubrir esto”, le dijeron los responsables de la cadena a Paco Miguel, el reportero que cubrió la catástrofe en Catarroja junto con la operadora de cámara Maje Jorge. El meteorólogo Lluís Obiols “veía muy claro” que “parecía obvio” que se iban a desbordar los barrancos, “sobre todo el del Poyo”, a tenor de que “las lluvias habían sido en Chiva” (cabecera de la rambla del Poyo). Así lo relató Paco Miguel en su testifical del pasado 15 de julio, según reza el acta de su declaración, a la que ha tenido acceso elDiario.es.

El reportero, que trabajaba en otro programa, fue movilizado aquella tarde por los servicios informativos: “Se habían gastado todos los efectivos, todo el mundo estaba ya por ahí”, explicó ante la jueza instructora.

Además, en el departamento de Meteorología de la cadena autonómica, desde la semana anterior, preveía que la situación iba a ser “muy gorda”. “Los meteorólogos estaban muy asustados (...) porque esas cantidades de precipitaciones no les parecían normales”, dijo Paco Miguel.

Los responsables de la cadena decidieron enviar un equipo al barranco del Poyo ante su previsible desbordamiento. “Estuvimos viendo el recorrido del barranco del Poyo, que atraviesa la A3, cerca de donde está el polígono de Ribarroja (...)”, dijo el testigo. El reportero contactó con varios amigos suyos que viven a tiro de piedra del barranco y le recomendaron grabar desde el Camí Real, situado entre Massanassa y Catarroja (y con buena iluminación en caso de que se les hiciera de noche).

“Estábamos pensando en una salida en un barranco lleno, y que si se salía, pues se saldría de una manera más o menos civilizada”, matizó el periodista. De camino al Camí Real tuvo una “pequeña discusión” con la jefa de redacción, que prefería que fueran a grabar “desperfectos” en Chiva.

Al llegar a Catarroja, vieron el barranco del Poyo “muy, muy lleno” y un conductor les advirtió de que no entraran a la localidad porque se había “desbordado”.

“Y, efectivamente, en ese momento ya vimos que había como charcos, digamos que esto era de noche ya totalmente, y ahí no hay un sitio muy iluminado, (...) pero dijimos, fenomenal, vamos a grabar cómo se sale el barranco, y es cuando entramos (...) donde está el colegio Vil·la Romana”, rememoró el testigo. Aparcaron el coche con “un dedo de agua” y cogieron la cámara y el micro, dejando la mochila para la conexión en directo en el vehículo.

—En el asfalto ya flotaban algunos contenedores, pero la sensación en la acera era que todavía no estabas en peligro, hasta que, de pronto, la cosa fue subiendo, subiendo, subiendo. Empezó la gente como loca a intentar sacar los coches de allí. La cuestión es que, encima, cuando pasaban los coches te tiraban más olas; la cosa realmente estaba subiendo y se estaba colando el agua (eso sí que lo recuerdo muy bien) muy a lo bestia en los garajes, de los cuales estaban intentando salir los coches.

Un “gran palco para ver la tragedia”

Un vecino prestó refugio al equipo de À Punt, que grabó el resto de la noche desde su terraza: “De ahí ya no volvimos a bajar, porque lo que vimos desde arriba fue como subía, subía, subía el agua, cada vez subía más”. “Los coches empezaron a flotar, de pronto me di cuenta de que probablemente el coche no lo íbamos a volver a ver y efectivamente no lo volvimos a ver”, apostilló.

—Era bastante confuso todo, lo único que veías es que aquello subía, subía, subía (...) Es cuando se produjeron todas esas imágenes de que la gente que estaba en la calle intentaba subir a las casas, los portales se habían atrancado, entonces muchos empezaron a romper los cristales para poder entrar; los coches que flotaban (claro, los llevaba la corriente a los garajes), entonces era como que los coches que intentaban subir se chocaban contra los que caían. Las farolas también empezaron a recibir los golpes (...).

El testigo, según manifestó ante la jueza, vivió una “sensación muy extraña”, al estar situado en una suerte de “gran palco para ver la tragedia”. El equipo de À Punt, cuando se fue la luz, ya no pudo enviar las imágenes que estaba grabando. Luego, con el corte de las comunicaciones telefónicas, el reportero tampoco pudo seguir con las conexiones en directo con la radio.

Cuando sonó el Es-Alert en los móviles, el agua llegaba casi a la altura del “primer piso de enfrente, (...) todo lo que era la planta baja estaba hasta arriba”, dijo Paco Miguel.

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