Una Bala de arte y rock
Este festival, el LPA B(de birra)Music, me cautiva. Por varias razones. La principal es la selección de artistas. La programación del equipo que dirige Teresa Deudero es muy certera, porque nos permite disfrutar de bandas consolidadas con otras de menor recorrido pero con talento suficiente para atrapar al público que acude al Parque del Rincón de la capital grancanaria. Me encanta por la calidad ambiental del recinto, por su buen sonido y por la apuesta honesta por apoyar a las bandas canarias, como pone de manifestó su evento paralelo Emer-Gente, esa plataforma de lanzamiento, con conciertos cada fin de semana durante dos meses, que selecciona a seis bandas que participan en cada edición del festival. También porque la jornada del viernes la dedica en exclusiva al rock duro y a los géneros del metal, mientras que las sabatinas para propuestas rockeras y poperas.
Pero, además, este festival me pone porque a un sexagenario que ha visto mucho y bueno durante décadas -un servidor cronista al que le gusta el rock pero tiene mal oído-, le permite descubrir a bandas francamente potentes. Es el caso de Bala. La trece edición del LPA B(deBala)Music Festival me ha regalado una Bala de arte y rock potente hasta decir basta. Lo único que no me gusta de este grupo que llena asombrosamente el escenario con solo dos intérpretes es su nombre. Me da igual. Dos mujeres, dos máquinas, con sabiduría y profesionalidad desbordante, con una batería, una guitarra y dos voces, me disiparon del sopor de una tarde a orillas del Atlántico regada con cañas y chocolate.
Bala no disparó ayer. Estas dos gallegas tienen las pistolas cargadas desde 2014 cuando crearon este grupazo de solo dos músicos y sin nada pregrabado (creo, matizo por lo de mi mal oído). He visto a tríos arrolladores, como The Police, en el primer concierto que dio en España –invierno de 1980 en el antiguo pabellón de deportes de Badalona-, o Leño, en su última gira, invitados por Miguel Ríos en el verano del 83 con Luz Casal de telonera de ambos, pero jamás había visto al similar con un grupo de solo dos personas.
Los siento por los otros grupos que actuaron en la segunda jornada –es cierto que no me quedé, como Cenicienta, a la media noche para ver y escuchar a Def con Dos (los he disfrutado en otras ocasiones) y no puedo opinar-, pero esta crónica es en honor de Bala. Dos virtuosas de Galicia -Ánxela Baltar (guitarra y voz) de A Coruña y Violeta Mosquera (batería y voz) de Lugo- que componen una música compleja de elaborar y combinan una puesta en escena muy honesta, sin necesidad de comerla la cabeza al personal.
Después de Bala escuché a un grupo local –uno de los seis finalistas del Emer-Gente-, Bífidos. Correctos. Y luego, a los veteranos Ángelus Apátrida, con una huella de 26 años y un legado, hasta ahora, de ocho discos. Salieron al escenario a las 22:14, como cuenta María Ameneiros en su crónica diaria como responsable de comunicación del festival: “Llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Ángelus Apátrida aterrizó en Las Palmas con las expectativas muy altas y respondió a ellas con un concierto de enorme solvencia. Había ganas por parte del público y también por parte de una banda que, antes de subir al escenario, había trasladado a los medios canarios su intención de ofrecer un concierto memorable”.
Además de un futbolista de leyenda –Andrés Iniseta-, Albacete parió a este cuarteto de curtidos músicos. Puesta en escena bestial, ni un desafino pero es para amantes fieles e incondicionales del trash metal. Un sonido atronador, apabullante, pero lejos de mis gustos de rock duro.
Concluyo con un apunte de la jornada gratuita del jueves. Por primera vez, el LPA B(de birra) arranca en jueves, un regalo para abrir boca. Llegué con los últimos acordes de Rata, otra banda de dos músico, Daniel Sabater, a la batería, y Félix Esteban, voz y bajo. Su puesta en escena, describe mi colega María Ameneiros, “es deslenguada, gamberra y deliberadamente irreverente, con bromas, insultos cariñosos y una complicidad constante entre ambos”. Escuché el final de su penúltimo tema y el último al completo. Poco para opinar, pero sí suficiente para afirmar que me gustó lo que escuché.
A Cervatana si lo disfruté a placer. Es un grupo extremoandaluz de reciente creación (2025), pero con músicos experimentados como su vocalista, Dandy Piranha -Miguelito García, también vocalista de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, banda que estuvo en la edición del año pasado-. Su voz me recuerda a la de Manuel Martínez, vocalista y líder de los míticos Medica Azahara, pero su música es diferente, con un componente electrónico ciertamente original.
El área de comunicación del evento relata que “el kraut rock y el techno de raíz industrial construyen un universo oscuro y conceptual que Cervatana define como un ”western distópico espacial“. Y funciona. Especialmente cuando la música, la voz y los movimientos de una bailarina situada en el centro del escenario terminan formando un mismo engranaje con los músicos”.
No obstante, considero que necesita más rodaje esta Cervatana fluida.
Perfectamente engrasada fue la puesta en escena, para abrir la jornada del viernes, de Loncha Velasco, una de las grandes sorpresas de la noche. El quinteto salió al escenario con una fiereza arrolladora que no abandonó hasta el último minuto. Un concierto divertidísimo, con carnaval incluido, en el que su vocalista fue apareciendo con diferentes atuendos para acompañar unas letras tan ácidas como irreverentes y críticas con lo que representaban sus disfraces.
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