El equipo que le puso cara a Ramsés II devuelve el rostro al pueblo canario

La fotógrafa británica Francesca Phillips, junto a las imágenes que pertenecen la exposición "La búsqueda de las caras ancestrales". EFE/Ángel Medina G.

José María Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria —

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El equipo que reconstruyó cómo eran las caras de personajes como Ramsés II, Ricardo III o Bach ha devuelto el rostro al pueblo aborigen canario en un proyecto sin precedentes, que consigue que 50 cráneos de los siglos VI a XV luzcan de nuevo como las personas que un día fueron.

El Museo Canario inaugura este jueves en su sede de Las Palmas de Gran Canaria La búsqueda de las caras ancestrales, una exposición de la fotógrafa británica Francesca Phillips con 50 retratos de habitantes actuales de Canarias que se confrontan con 50 reconstrucciones faciales realizadas por la Universidad John Moore de Liverpool (Reino Unido) a partir de cráneos recuperados en yacimientos prehispánicos.

La exposición provoca un doble impacto. El primero y más obvio, contemplar juntos los rostros de medio centenar de personas que poblaron las Islas antes de la llegada de los primeros europeos en el siglo XV y que fallecieron en algunos casos hace 1.500 años.

El segundo llega tras unos instantes de reflexión, al apreciar los rasgos que comparten con los retratos del otro panel: canarios actuales con abuelos, bisabuelos y tatarabuelos de las Islas y que, en el algunos casos, llevan en su ADN el rastro inconfundible y exclusivo de las poblaciones prehispánicas (el haplogrupo U6b1a).

“Esta es la primera vez que se hace una reconstrucción facial de este tamaño”, corrobora a Efe una de las dos autoras de la parte científica de la exposición, Caroline Wilkinson, directora del Face Lab, el departamento de la Universidad John Moore especializado en reconstrucción forense de rostros a partir del análisis del cráneo.

Con otras poblaciones antiguas, explica esta especialista, se han hecho reconstrucciones de dos o tres rostros y, a veces, de seis, como mucho. Solo en una ocasión se afrontó una reconstrucción de 20 caras, pero fue con los cráneos de las personas que fallecieron en el naufragio de un buque en tiempos históricos.

El trabajo que Wilkinson y su compañera de laboratorio María Castañeyra-Ruiz, una investigadora nacida en Fuerteventura, presentan en el Museo Canario muestra a 40 adultos (20 mujeres y 20 hombres) y a diez niños, procedentes de todas las islas.

Wilkinson y Castañeyra-Ruiz subrayan que, si esta vez han podido abordar una reconstrucción facial de un pueblo antiguo de ese tamaño, es gracias a la extensa colección de cráneos aborígenes que posee el Museo Canario (unos 850 solo en las salas de exposición).

Y el tamaño tiene su importancia: 20 rostros, apunta la investigadora de Fuerteventura, se consideran científicamente suficientes para recrear cómo eran los rasgos faciales predominantes en un pueblo; así que quien visite esta exposición tendrá la impresión más certera disponible sobre cómo era aquel pueblo que habitó durante 1.500 años las islas sin contacto con el exterior.

¿Son realmente fiables este tipo de reconstrucciones forenses? Wilkinson explica que el Face Lab de Liverpool ha contrastado sus técnicas con personas vivas y ha corroborado que, en el 70 % de sus reconstrucciones faciales, los detalles del rostro que recrean tienen menos de dos milímetros de diferencia con el real.

Esta investigadora inglesa reconoce que reconstruir la cara de un personaje histórico como Ramsés II o María de Escocia supone una gran presión, “porque hay muchas personas pendientes y siempre hay alguien que se molesta”. Pero añade que devolver el rostro a 50 personas de un mismo pueblo antiguo no supone menos compromiso.

Su colega canaria le añade un detalle de tipo emocional: “Para mí este trabajo sí que representa una gran responsabilidad”, dice, “esas personas de ahí son mi gente, son mis abuelos”.

La fotógrafa que les impulsó a afrontar este reto, que ha llevado un año de trabajo, defiende que los cráneos como los que atesora el Museo Canario cobran otra dimensión cuando se les devuelven a través de este tipo de técnicas los músculos, la piel, los ojos, los rasgos. Esos restos arqueológicos vuelven así a ser personas.

Y a Francesca Phillips, afincada desde hace tiempo en Gran Canaria, le “fascinan” los rostros que ve a su alrededor en las calles de Canarias, producto, recuerda, de siglos de migraciones y mezclas entre tres continentes: África, Europa y América.

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