Las universidades canarias ponen el dedo en la llaga: recuperado el turismo, queda apostar por la sostenibilidad

Turistas en el sur de Gran Canaria.

Román Delgado

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Basta de eufemismos, se acabaron los giros y las salidas por la tangente más propios de los políticos, también el “aún hay que esperar” o aquello de “ya lo veremos en adelante”… Parece que se terminaron los atajos y las escaramuzas en las islas con el fin de eludir una de las cuestiones centrales sobre el futuro inmediato del turismo en Canarias: la sostenibilidad.

Justo en una línea contraria a esa (todavía la habitual, la que más eco tiene en los medios de comunicación), a la que representa el arranque de esta entradilla y siempre dicho en términos generales, hoy se debe subrayar que uno de los colectivos profesionales que más sabe y ha estudiado el turismo en Canarias, profesores y especialistas (31 investigadores firman el informe) en este sector (el 35,5% del PIB regional -2022-) adscritos a los dos centros públicos de enseñanza superior en Canarias, la Universidad de La Laguna (ULL) y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), ya, en este momento y en el segundo informe anual del Observatorio Turístico de Canarias (un órgano consultivo del Gobierno autonómico sobre esa actividad y la mejora de la sostenibilidad), reconoce de forma clara y tajante, con todas las letras y de una manera que no se mostró en el documento de 2022 (el primero preparado y publicado por esa misma entidad, nacida a finales de 2020), que, recuperadas las cifras económicas del sector turístico tras la crisis motivada por la pandemia de la covid a principios de 2020, no queda otra: “Es el momento de analizar la evolución [del turismo] en términos de sostenibilidad”.

El bum del turismo en Canarias (su acelerada recuperación en los dos últimos ejercicios: 2022 y 2023), en términos puramente macroeconómicos, no solo lo acercó a las cifras “normales” del año prepandémico (2019), sino que en este 2023 esos parámetros antes nunca se habían visto: récord en número de llegadas, con 16,2 millones de personas en 2023; marca superada en gasto turístico total de los visitantes recibidos, muy por encima de los 20.000 millones de euros, y comportamiento al alza, hasta de dos dígitos, de los precios, y no solo, hay que aclararlo, por el efecto de la inflación (a expensas del cálculo de las variables a valor real).

Tras esa borrachera de actividad, que los datos oficiales dicen que ha pasado de largo por la conservación medioambiental, o al menos no la ha atendido de forma suficiente (ahí está aún la escasa implantación de la Agenda Canaria 2030 y sus 17 objetivos de desarrollo sostenible, los famosos ODS), como además ha ocurrido con el escaso mimo a los trabajadores en el sector, al menos traducido en mejoras notables de sus salarios o en el alza de las remuneraciones por encima del IPC general, llega ahora, en plena celebración de los éxitos, el Observatorio Turístico de Canarias (sen la Red Internacional de Observatorios de Turismo Sostenible de la OMT desde octubre de 2020) para aguar un poco la fiesta. 

No tenían otro momento, no. Y, en efecto, ha llegado para calmar las alegrías y apuntar sin curvaturas al único objetivo a seguir: el informe de 2023 de esa organización sin ánimo de lucro, firmado por nada más y nada menos que 31 especialistas, deja manifiestamente claro cuál es.

Señoras y señores, aquí lo que expone el documento, “Canarias ha experimentado en 2022 y 2023 una fuerte recuperación en los flujos turísticos respecto a las cifras previas a la pandemia. No obstante, en 2022 los principales indicadores turísticos agregados, las llegadas de turistas, los turistas alojados en hoteles y apartamentos y el gasto turístico real estaban todavía algo por debajo de las cifras de 2019. (…) Durante 2023, los indicadores del mercado turístico siguen mostrando un crecimiento sostenido, superando los niveles de prepandemia. Recuperadas las cifras económicas del sector, es el momento de analizar la evolución en términos de sostenibilidad”, frase extraída del resumen ejecutivo de ese informe de 2023, que se concibe como decálogo y saca conclusiones de todo 2022 y de parte del ejercicio pasado.

Y ¿por qué? Pues también muy nítido, ya que las señales del deterioro son en determinados ámbitos hasta alarmantes. El informe advierte que “las islas están sufriendo tensiones en sus infraestructuras básicas: ceros energéticos, escasez de agua, vertidos de aguas residuales, congestión de tráfico, incendios forestales…, que pueden poner en peligro la actividad turística” de Canarias en adelante.

Y se recuerda en el mismo documento: “Tal y como se señalaba en el informe del pasado año [2022], los agentes del sector turístico y el conjunto de la sociedad necesitan información más precisa y rigurosa sobre el consumo de agua en el turismo, las emisiones de gases de efecto invernadero que provienen del sector, la generación de residuos, la depuración de aguas residuales, la calidad del empleo, la formación turística, la accesibilidad del sector para personas con movilidad reducida...”.

O sea, que las lagunas persisten y, por eso, el gran reto hoy es, “tanto desde la perspectiva de la satisfacción de los residentes como desde la perspectiva de la aplicación de las nuevas exigencias derivadas del proceso de descarbonización del transporte aéreo auspiciadas desde la Unión Europea hacia Canarias, para [poder] tomar las decisiones estratégicas que habrá que afrontar en un futuro próximo”, acceder a “información relevante y rigurosa, así como la coordinación y cooperación entre los agentes para favorecer una toma de decisiones basadas en datos contrastados y medidas que puedan ser monitorizadas a lo largo del tiempo”. Parece increíble que aún se esté en este peldaño.

Los otros aspectos clave que preocupan, y mucho

Aquí una secuencia de ellos. Primero, el informe enfatiza que “no hay disponibilidad de indicadores en Canarias que permitan conocer las percepciones de los residentes respecto al turismo”: qué piensan los canarios acerca de los pros y los contras del turismo en el territorio que habitan. Y se añade: “Es necesaria una sistemática y rigurosa medición de estas percepciones, para conocer la perspectiva de los residentes”.

Dos, y aquí un factor más social. “A pesar de la reducción notable de las tasas de paro en Canarias, las islas siguen presentando registros muy negativos en cuanto a paro y pobreza. En todo caso, un análisis comparativo realizado por Eurostat revela que, entre las regiones europeas con una mayor especialización turística, la tendencia general es que sus tasas de paro sean menores que la media de su país”, algo que ahora no se da con Canarias y España.

Y luego, tres, la polémica “vivienda vacacional y su regulación”, algo esencial en Canarias. “A pesar de la mejora en la información disponible, hace falta más información y la búsqueda de consensos para la toma de decisiones acertadas”.

El pero volcánico de La Palma y el ‘maquillaje’ conejero

En planos solo insulares, el informe de 2023 del Observatorio Turístico hace una mención especial al caso de La Palma cuando reconoce que “la recuperación de los flujos turísticos pospandemia resulta evidente en todas las islas, menos en La Palma, que sigue sufriendo los efectos de la erupción volcánica y, particularmente, los efectos de las emanaciones de gases sobre el cierre de establecimientos y la consiguiente pérdida de conectividad de la isla”. En cambio, “la recuperación [de Canarias] se observa en 2022, y en 2023 se confirma y consolida, superando los registros de 2019 en casi los principales indicadores de flujos de visitantes y gasto”.

En el lado oriental, se habla de Lanzarote como isla que “se ha declarado turísticamente saturada”, lo que “requiere una reflexión sobre hasta qué punto el origen de dicha declaración está en la superación de ciertos límites y/o en los déficits de la gestión turística realizada. Este debate se vería favorecido por la disponibilidad de indicadores de sostenibilidad comparables para la toma de decisiones”.

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