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Cosas de un país llamado España

Les tengo dicho que Paulino Rivero está buscando un espacio político para cuando deje la presidencia del Gobierno. Sabe que Fernando Clavijo lo condenará a las tinieblas exteriores para contentar al “gotha” tinerfeñista que controla la autonomía suya de ellos y necesita un echadero que le sirva también de tribuna.

El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero.

El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero.

A la selección sub 21 de fútbol me la descolgaron de la competición europea de naciones y de los próximos Juegos Olímpicos. El fracaso completa el de Brasil en el último campeonato del mundo que ha acabado de frustrar la expectativas de los colegas de los medios informativos encargados de estos menesteres. Uno, qué quieren, hubiera preferido que continuara la racha que traía España, pero no pierdo de vista que el fútbol es un juego en el que unas veces se gana y otras se pierde; incluso se empata, lo que puede ser para bien o para mal. Algo que, por supuesto, saben de sobra los críticos y comentaristas deportivos por lo que la intensidad de esa frustración no la da ignorar que a las derrota de hoy seguirá la victoria de mañana y viceversa sino la enorme presión del gran negocio que es el fútbol. No es lo mismo glosar las glorias cuando se gana que mamarse la tranca de perder. Las cifras que mueven los patrocinios y publicidad en los medios informativos se relacionan directamente con los triunfos sobre el césped. El fútbol, en fin, mueve dinero, genera empleo e impulsa a otros deportes minoritarios; incluido el solitario de esos vecinos que corren con sus cronómetros y cuentakilómetros y te obligan a mirar antes de doblar la esquina, no vayan a arrollarte. Y toco madera no sea que se le ocurra a Cardona llenar de “corródromos”, que es muy de ocurrencias el alcalde de Las Palmas.

El fútbol como espectáculo de masas ha aprovechado para hacer dinero en cantidades colosales la pasión tribal primigenia por unos colores Son sentimientos puros que los izquierdosos de prontuario detestan porque, dicen, embrutecen al personal y retrasan la revolución. Una postura radical suavizada con el paso del tiempo de modo que las actitudes más extremas son ahora las de quienes se dicen forofos del equipo que juegue contra el Madrid: no se le perdona que fuera en su día, según dicen, el mejor embajador del Régimen franquista.

Sin embargo, qué quieren, me da que el fútbol dio a este país su primera trasversalidad ideológica pues los clubes no discriminaban bajo el franquismo entre sus socios a los fachas de toda la vida de los encuadrados en cualquiera de las infinitas expresiones del mester de rojería. La misma filosofía, por cierto, de algunos periódicos que alternaban artículos ajustados a la ortodoxia del Régimen y otros de progresía solapada pues sumaban todas las pesetas de la compra de un ejemplar, ya salieran del bolsillo de un consejero del Movimiento o de cualquier rojo furibundo.  

El fútbol, insisto, no deja de ser un juego resuelto con frecuencia por la reglas del azar. Algo que no deberían olvidar los comentaristas de TV que suelen comenzar las retransmisiones de los partidos dando casi por hecha la victoria española; para reconocer al rato de peloteo que el rival también juega y se defiende “con sus armas”. Entonces entran en la fase de depositar la confianza en el superior talento futbolero de “la Roja”, que acabará imponiéndose, ya verán. Si eso ocurre, se considera normal; si no ganan tratan de encontrar explicaciones y responsables del mal día en las que echo siempre de menos la jocosidad de los isleños que se sobreponen a la contrariedad de la derrota cantando lo de “¡Fuerte paliza le peguemos ellos a nosotros!”.

A España, en fin, le han cogido el número sus rivales y es justamente la evolución de los sistemas de juego, con sus variantes y el acierto o el desacierto al contrarrestarlos y la súbita inspiración de los jugadores lo que hace atractivo un juego que, como le oí decir una vez a Di Stefano, es muy sencillo: se reduce a meter la bola entre tres palos.

De Mas a Rivero

Les tengo dicho que Paulino Rivero está buscando un espacio político para cuando deje la presidencia del Gobierno. Sabe que Fernando Clavijo lo condenará a las tinieblas exteriores para contentar al “gotha” tinerfeñista que controla la autonomía suya de ellos y necesita un echadero que le sirva también de tribuna. No sé si le han salido novios, pero según los mentideros alguno se le ha acercado. Pura rumorología en la que no me paro porque, está visto, en estas historias no se mira para nada el mejoramiento de la gestión pública. La caída o ascenso de los líderes políticos depende de lo que ocurra dentro de la campana de cristal en que andan todos. Ellos se lo guisan, ellos se lo comen.

 El espacio que busca Paulino Rivero lo han calificado sus oponentes de “soberanista”. De forma reiterativa los peperos, que siempre recurren a las fáciles comparaciones. Así, han hecho del todavía presidente canario el epígono, sauzalero por supuesto, de Artur Mas cuando, en realidad, él mira a las autonomías de la Polinesia, nada menos.

No van los socialistas a la zaga del PP pues Julio Cruz, aunque se dice de acuerdo con que el Gobierno central maltrata a las islas, descarta “aventuras soberanistas al margen de la Constitución”: de lo que debo deducir y deduzco que hay eso, “aventuras soberanistas” incluidas en ella. Por su parte, la cúpula de Ferraz considera oficialmente “inadecuado” el debate que sin micrófonos delante le parece “disparatado”.

En cuanto a los dirigentes insulares del CC temen, de tan nacionalistas, que la propuesta de Rivero se interprete como una demanda de independencia de lo más irrespetuosa. Defiende CC la necesidad de mayores cuotas de autogobierno, que es el máximo autorizado siempre que no se entre en detalles sobre la calidad y la cantidad de esas cuotas.

Me gustaría que unos y otros explicaran de qué rayos hablan; comprobar si saben que el concepto de soberanía no entraña hoy lo que en otros tiempos. Me niego, desde luego, por manifiesta inutilidad, a entrar en este asunto, pero sí me permito recordar que España ha cedido a la UE importante parcelas de soberanía estatal que si de Constitución hablamos, peperos y socialistas acordaron, sin contar con nadie, reformarla para tranquilizar a los bancos alemanes acreedores al garantizarles que cobrarán sí o sí con cargo, claro, el pueblo llano, que para eso está. Y si protesta, ya está el ministro del Interior preparando su ley de Seguridad para meterlo en cintura. No sé cuanto le ha costado la broma de la deuda a cada familia española, aunque dicen que de 12.000 euros no baja.

Quiero decir, en resumidas cuentas, que no merecen crédito las embestidas contra el canto de cisne pauliano. Habría que decir que la propuesta polinésica no escandaliza a nadie, es una forma de plasmar en teoría electorera las mayores cuotas de autonomía que quiere CC y el federalismo ma non troppo del PSOE. El tema de la integración canaria en el entramado constitucional español seguirá ahí.

No tiene Paulino Rivero el apoyo de quienes lo ponen a parir y no cuenta siquiera con quienes comparten de viejo la letra y llevan esperando desde ya ni se sabe cuando la música. La traca del todavía presidente no es creíble tras una trayectoria en que lo más destacado ha sido el juego de las dos sillas para tres pares de nalgas. Rivero apalancó las suyas en una de ellas a prueba de agua hirviendo para dejar que la otra se la disputaran socialistas y populares y ser él, por último, el árbitro de la contienda incluso con menor número de votos. No creo que en la Polinesia hagan así las cosas. Esas prácticas, unidas a una ley electoral de apaga la luz y vámonos, que no han querido reformar, dio el resultado de un Parlamento poco representativo y bastante desacreditado. Entre los momentos estrella figuran los cortes de mangas a iniciativas populares con sus firmas y su canesú y el bochornoso espectáculo de Soria para eludir sus responsabilidades, tolerado por la cámara en la sesión dedicada al fallido concurso eólico. Confieso que después de aquello y de haber oído a algún parlamentario rajar del hoy ministro dejé de interesarme por los trabajos parlamentarios. Las reformas del Estatuto, del REF o de la normativa electoral no hacen sino abundar en la incapacidad del Parlamento. La indiferencia respecto a esta autonomía, que en Gran Canaria es muy acusada es buen indicativo del fracaso del sistema en las islas. Rivero tuvo su oportunidad para enderezar las cosas y no lo hizo de modo que, la verdad, no sé qué pretende ahora. Perdió la vez y la política es así de cruel. Más gracia tuvo don Olarte cuando propuso que las islas se convirtieran en Estado Libre Asociado, como Puerto Rico. Había, sin duda, mucho de coña en la ocurrencia, pero no me negarán que Puerto Rico está más cerca. Tanto que hay un partido portorriqueño que propone volver a la soberanía española. No sé qué eco tendrá entre la población semejante temeridad. Mas es Mas y Rivero no se sabe.

La dimisión de Ana Mato

Mariano Rajoy acertó al nombrar una comisión de expertos profesionales que organice y dirija la crisis del ébola. Nunca es tarde si la dicha es buena y da la sensación, no me consta directamente, de que la situación está controlada. No es que los políticos, el propio Rajoy y Ana Mato, hayan aclarado nada, pero la cosa ha mejorado, creo. Aunque habrán apreciado la diferencia quienes vieran por la tele la forma en que Obama se dirigió a su país para tranquilizarlo respecto al caso de ébola que allá se registró y cómo la ministra francesa de Sanidad se sometió a una entrevista en que demostró saber de qué iba la cosa. A ver si Rajoy coge algún recorte.

Ana Mato.

Ana Mato.

Ararás con los bueyes que tengas es mandamiento digno de figurar en las tablas de la ley de Moisés aunque sea en la letra chica. Por lo visto no contaba Rajoy con nadie de su partido más cualificado para ponerlo en Sanidad. Mucho se ha hablado de cuanto tiene de desautorización a Ana Mato que le encomendara la presidencia del comité de crsisis a Soraya Sáenz de Santamaría. Podría entenderse porque, al tratarse de un asunto con implicaciones interministeriales, es adecuado ponerlo en manos de la vicepresidencia del Gobierno que puede tocar todas las teclas. Esa, digo yo, sería la explicación si no fuera porque la ministra Mato tiene bien acreditada su ineptitud y son muchos los que han sentido alivio con la decisión de mandarla al banquillo.

Es muy del PP colocar en los cargos a quienes están bien quistos por los mandarines, cual es el caso de Ana Mato, que goza de la protección de Rajoy. Así, a bote pronto, recuerdo los famosos “hilitos de plastilina” del Prestige que provocaron una catástrofe ecológica. Hay otros casos pero para muestra basta un botón. Y lo mismo puede decirse del consejero de Sanidad de Madrid que quiso ocultar su parte de responsabilidad cargándola miserablemente sobre Teresa Romero. Sin olvidar, por cierto, que a pesar del ébola ha continuado el desmantelamiento del hospital Carlos III para convertirlo en otra cosa: por una bobería como el ébola no va Ignacio González a renunciar a sus planes de acabar con la Sanidad pública. Los que comparte, bonito fuera, su consejero “incesante” que, a pesar de tener la vida resuelta como dice él, se aferra al cargo: será que piensa vivir una segunda y quiere resolverla también.  

Fianzas para Blesa y Rato

El juez le ha fijado a Miguel Blesa una fianza de dieciséis millones y a Rodrigo Rato otra de tres. Los dos, junto a Sánchez Barcoj han sido los primeros en declarar ante el juez por el asunto de la tarjetas de Caja Madrid y Bankia. Mientras, varios de los implicados en el asunto han comenzado a devolver el dinero que se pulieron. Las devoluciones importan hasta ahora el 8,5% de los 15,5 millones y Blesa le ha dicho al juez que él no ha devuelto nada ni piensa hacerlo. Sánchez Barcoj aseguró, por su parte, que el sistema de tarjetas ya funcionaba cuando él llegó a la entidad.

Rodrigo Rato y Miguel Blesa.

Rodrigo Rato y Miguel Blesa.

No creo que merezca la pena cargar las tintas en este asunto en el que están implicados los representantes de los principales partidos, de los dos sindicatos mayoritarios y de las organizaciones empresariales, lo que da idea de hasta donde puede llegar la corrupción cuando deviene en descarado saqueo. No hay palabras para calificar estas conductas. Aunque sea repetitivo, conviene recordar que si el juez Garzón fue el primer condenado por Gürtel no salió mejor parado el juez Silva por meter en la cárcel a Blesa. No entro en las motivaciones de sus condenas, ya analizadas de sobra, sino en lo poco edificantes que resultan estas “casualidades”. Por cierto, hablando de casualidades, entre los implicados figura José María Fernández del Río que fue propuesto por el PP como consejero de Caja Madrid a pesar de habérsele involucrado en una estafa anteriort. Una forma curiosa de redención de penas por el trabajo. O sea, que muy escrupulosos no puede decirse que sean los peperos. Y ya, como remate de las carotadas, Arturo Fernández, mandamás de la CEOE, ha dicho sentirse “abrumado y abochornado” por este asunto. Y los “preferentistas” en la calle exigiendo la devolución de sus ahorros. Menos mal que España es un país del que se fía tanto la comunidad internacional, Rajoy dixit, que ha logrado entrar como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Será para no perderla de vista por si acaso.

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