Las lluvias invernales y el ‘colino majorero’ (Crambe sventenii / Brassicaceae)
Con las lluvias invernales
Maxorata es un edén,
donde junto al henequén
crecen joyas naturales.
En peñascos y riscales
penadas por la sequía,
reverdecen cada día
especies maravillosas,
exclusivas y curiosas,
de Corralejo a Jandía.
Jócamo, 24.I.2026
Nota: Cualquiera que arribe por estas fechas a Fuerteventura (Maxorata, Erbania o Capraria, como también se ha nombrado la Isla) daría la razón a Abreu Galindo, que transformó el nombre de Erbania en Herbaria, aludiendo a la “abundancia de yerbajos que en esta isla se produce y se cría”. Sin ánimo de entrar en la profusa discusión de la nomenclatura insular y menos en los fundamentos etimológicos que la avalan, sí acreditamos la espectacularidad del pastizal que cubre la geografía insular tras las fugaces lluvias invernales.
Acostumbrados al paisaje ocre propio del clima subdesértico majorero, dominado por una vegetación autóctona anodina salpicada por rodales exóticos de henequenes (Agave sisalana) y bobos (Nicotiana glauca), sorprende la alegría del llamativo tono verde que presentan las colinas y valles insulares fugazmente durante el invierno. Verde que pasa a un amarillo pajizo, para retornar en poco tiempo a los habituales colores terrosos típicos del paisaje insular, más propios de la dureza de un desierto que de la bucólica imagen alpina, tan idealizada por los canarios. Paisajes diferentes y que conviene destacar no son mejores ni peores, ni más bonitos ni más feos, simplemente son distintos, cada cual adaptado a las características ecológicas y temporales del territorio.
De la bondad de las lluvias, aunque sus efectos resulten menos aparentes, también se beneficia la flora rupícola que crece en las grietas y cantiles de los macizos rocosos que salpican la geografía insular, refugio de auténticas reliquias vegetales. Sirva de ejemplo el caso de este raro “colino” descubierto en el último tercio del siglo pasado en las inmediaciones de Gran Tarajal. Su nombre lo relaciona con la col común (Brassica oleracea) y permanece registrado en la toponimia insular como “Risco de los Colinos”, una de las pocas localidades donde pervive la especie, gravemente amenazada por la dañina secular acción de las cabras.
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