Trump desata el terror en Minneapolis con un nuevo asesinato cometido por agentes federales en plena movilización contra su escalada autoritaria
“Esto es el sur de Minneapolis, hace 30 minutos”. Eran las 9.33 de la mañana y el mensaje de Signal en el móvil contiene un enlace a un reel de Facebook en el que un vecino de la ciudad estaba retransmitiendo en directo cómo un grupo de agentes federales de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (CBP) agarraba a un hombre, lo tiraba al suelo y lo disparaba a bocajarro hasta asesinarlo.
El hombre se llamaba Alex Pretti, tenía de 37 años y era enfermero en un hospital de Minnesota. Y simplemente se encontraba grabando a los agentes mientras realizaban una nueva redada contra migrantes en uno de los estados con menos porcentaje de migrantes irregulares (2,2%), muy lejos de estados republicanos, como Florida (6,9%) o Texas (6,6%), donde la Administración Trump no está desplegándose con la voracidad autoritaria como sí lo está haciendo con los bastiones demócratas.
Pretti, como Renée Good, asesinada por el ICE el pasado 7 de enero, se están convirtiendo en dos símbolos de la represión trumpista. A Good le acusaron de ser una “terrorista”, pero los análisis de los vídeos posteriormente demostraron que murió por la violencia y la incompetencia del agente Jonathan Ross. Violencia por su gatillo fácil y reiterativo, e incompetencia porque se colocó delante de un coche en plena maniobra, cosa que enseñan a no hacer en cualquier academia de policía.
Good dejó tras de sí tres hijos y una ciudad movilizada para responder a las redadas masivas con un tejido asociativo comunitario basado en grupos de Signal de barrios para avisarse de la presencia de agentes y para socorrer las necesidades de los migrantes que tienen miedo de salir a su casa para llevar a los hijos al colegio, ir a trabajar o llevar a sus mayores al médico.
Si Renée Good fue calificada de terrorista, Pretti ha querido ser dibujado como un lobo solitario a la caza de agentes federales porque llevaba un arma, cosa legal en este país, entre otras cosas gracias al amor por las armas de los miembros y votantes del Partido Republicano.
En este caso, a Pretti se le ve filmando la redada de los agentes federales, que se dedican a empujar a las personas que les graban y protestan, hasta que lo cogen, lo reducen y, cuando está inmovilizado en el suelo, lo disparan y rematan. Eran seis contra uno, y lo ejecutaron a bocajarro a las nueve de la mañana de este sábado, cuando aún resonaban en las calles de Minneapolis las voces que gritaban el viernes por la tarde contra el ICE, el autoritarismo de Trump y a favor de una ciudad y un estado definidos por su diversidad y, también, por ser un bastión demócrata.
Y Trump no soporta a quien le lleva la contraria, a quien no le vota, a quien escribe contra él o a quien le pone en evidencia, como el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien este sábado se ha llevado la amenaza de aranceles del 100% por negociar un acuerdo con China.
“Esta es el arma del pistolero, cargada (¡con dos cargadores adicionales completos!) y lista para usar”, ha afirmado Trump: “¿Qué significa todo esto? ¿Dónde está la policía local? ¿Por qué no se les permitió proteger a los agentes de ICE? ¿El alcalde y el gobernador les ordenaron retirarse? Se afirma que a muchos de estos policías no se les permitió hacer su trabajo, que ICE tuvo que protegerse a sí misma, ¡lo cual no es nada fácil! ¡El alcalde y el gobernador están incitando a la insurrección con su retórica pomposa, peligrosa y arrogante!”
Pero los vídeos demuestran lo contrario, que ni era un pistolero ni estaba apuntando a los agentes federales. Y que la violencia siempre fue iniciada por los propios agentes del Gobierno federal, no de los viandantes. Es más, según un análisis de CNN, se ve a un agente federal que parece estar retirando un arma, segundos antes de que comience el tiroteo: si el agente guardó el arma antes de que comenzara el tiroteo, ¿por qué Alex Prett está muerto? La realidad, tal como se puede ver en los diversos videos, contradice lo que las fuentes oficiales dicen que ha pasado.
El asesinato se ha producido en un bastión demócrata donde nunca ganan los republicanos, en un estado que insulta diariamente Donald Trump, hasta el punto de pedir la cárcel para la congresista Ilhan Omar sin ninguna prueba y de llamar “basura” a los migrantes somalíes que viven en Minnesota. Trump está obsesionado con Minnesota, y sus agentes ya llevan dos asesinatos en lo que va de año.
En cuanto se produjo el tiroteo, se acordonó la zona y se llenó de ciudadanos que acudieron a protestar contra la situación al grito de “ICE, out, fuck, ICE”, es decir, contra “la ocupación” de la ciudad y el estado por unas fuerzas que aterrorizan a la ciudadanía por su ausencia de control en el uso de la violencia y por la sensación de impunidad que les acompaña: cada vez que ocurre una tragedia, la Administración sale rápidamente a criminalizar a la víctima y a evitar investigar al tirador.
En este sentido, el gobernador de Minnesota, Tim Walz, ha argumentado este sábado que no confía en el Gobierno federal para comandar la investigación sobre el asesinato de Pretti: “El estado debe tener la última palabra, como le dije a la Casa Blanca esta mañana: no se puede confiar en que el Gobierno federal lidere esta investigación, el estado se encargará de ello, punto”.
Walz explicó que mantuvo dos conversaciones con miembros de la Administración Trump, después del asesinato de Pretti. En la primera llamada, Walz le pidió a la jefa de Gabinete, Susie Wiles, que “sacara a su gente de allí, que retirara a esos agentes federales”. Mientras que en la segunda llamada, Walz informó al Gobierno federal que el estado investigaría el tiroteo: “No permitiremos que nos pongan obstáculos, como ya hemos visto, y ustedes lo vieron esta mañana. Antes de que se realice cualquier investigación, las personas más poderosas del gobierno federal están inventando historias y publicando fotos de personas sin relación con el caso, de quienes no sabemos nada, y una foto de un arma de fuego para intentar manipular la narrativa”.
Así mismo, el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, ha señalado: “Acabo de ver un video de más de seis agentes enmascarados golpeando brutalmente a uno de nuestros conciudadanos y disparándole hasta matarlo. ¿Cuántos residentes más? ¿Cuántos estadounidenses más tienen que morir o resultar gravemente heridos para que termine esta operación? ¿Cuántas vidas más tienen que perderse antes de que esta administración se dé cuenta de que una narrativa política y partidista no es tan importante como los valores estadounidenses?”
Rachel Sayer, directora del Departamento de Gestión de Emergencias de la ciudad de Minneapolis, ha dicho por su parte: “Estamos haciendo todo lo posible para mitigar los efectos de esta terrible situación. Mi experiencia se centra en la respuesta humanitaria internacional en zonas de conflicto como Yemen, Haití, Siria, Irak y Ucrania. Lo que he visto aquí es lo mismo que he visto allí: una entidad poderosa que aterroriza a la población de forma violenta e intencionada, infundiendo miedo para que la gente no se atreva a salir de casa, impidiéndoles ganarse la vida y obligando a los niños a abandonar la escuela. Esto tiene un impacto duradero que se transmite de generación en generación”.
Trump está desatando el terror en Minneapolis, acelerado con un nuevo asesinato cometido por agentes federales en plena calle ante la mirada de ciudadanos impotentes, y horas después de una gran movilización en forma de huelga y manifestación masiva contra la escalada autoritaria y los abusos del ICE.
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