El bejeque amarillo (Aeonium arboreum subsp. holochrysum / Crassulaceae)

Bejeques amarillos en un talud de la carretera en El Llanito (Breña Alta, La Palma). Foto: PLPP.
18 de enero de 2026 16:23 h

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Relucen como lumbreras

en tejas de caserones,

riscales y paredones

de barrancos y laderas.

Taludes de carreteras

adornan con el color

amarillo de su flor,

preludio primaveral

de la estación invernal,

con más frío que calor.

Jócamo, 18.I.2026

Nota: Los bejeques, beroles, góngaros o sanjoras son, entre otros, nombres comunes que se le dan a diferentes especies del género Aeonium (familia de las Crasuláceas), uno de los más emblemáticos de la rica flora canaria. Integrado por medio centenar de especies, la mayoría son endemismos insulares con gran plasticidad morfológica, propensos a la hibridación y colonización de malpaíses, taludes, tejados y hábitats rupícolas en general.

El género representa un magnífico ejemplo de especiación territorial, ilustrando como pocos el interesante fenómeno evolutivo de la “vicarianza geográfica”, motivado por la deriva genética del aislamiento insular. El resultado es la génesis de razas (taxones de diferente rango sistemático: especies, subespecies o variedades) que con un ancestro común, ocupan situaciones topográficas y ecológicas muy parecidas, pero en territorios separados.

El caso de Aeonium arboreum s.l. documenta perfectamente lo descrito. Académicamente conocida como “bejeque arbóreo”, es más común denominarla “bejeque amarillo” debido al vivo color de sus flores, agrupadas en vistosas inflorescencias piramidales, que rompen la monotonía del frío paisaje invernal, cuando la mayoría de las especies reservan su floración para las estaciones más templadas o cálidas. Esta es una de las pocas especies del género que comparte su área de distribución con más de una isla, aunque no sin ciertas disquisiciones taxonómicas por parte de quienes se han ocupado de su estudio.

La imagen que ilustra la foto, corresponde a la raza palmera, tipificada como especie diferente por el acreditado botánico sueco E. Sventenius, fundador del Jardín Botánico Viera y Clavijo (Tafira, Gran Canaria), que la que bautizó con el nombre de Aeonium vestitum, aludiendo a las hojas marchitas que perduran o “visten” los tallos después de la floración durante el verano.

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