Baloncesto Gran Canaria: solo cabe la unidad
El Club Baloncesto Gran Canaria constituye uno de los casos más singulares de desarrollo deportivo en el contexto del baloncesto español. Su evolución desde una iniciativa educativa hasta convertirse en una entidad consolidada en la élite nacional y con proyección europea refleja un proceso complejo en el que han intervenido factores deportivos, económicos e institucionales. En este recorrido, la capacidad de adaptación a las exigencias del deporte profesional, junto con el respaldo público y una gestión orientada a la estabilidad, han sido elementos determinantes.
El origen del club se sitúa en 1963, en el seno del Colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria. En este contexto, el baloncesto se introduce como una actividad formativa, vinculada a los valores educativos propios del centro. Durante más de dos décadas, el equipo, conocido como Claret Club de Baloncesto, desarrolla su actividad en competiciones escolares y regionales, evolucionando progresivamente hacia el ámbito federado. El crecimiento del nivel deportivo y la consolidación organizativa del club propiciaron su transición hacia estructuras más profesionalizadas.
El proceso de transformación se intensifica a partir de la década de 1980. El club se desvincula formalmente del entorno escolar, adoptando una estructura independiente que le permite competir en categorías superiores del baloncesto nacional. Este cambio supone el inicio de su profesionalización, aunque no exento de dificultades. Durante estos años, el equipo logra su primer ascenso a la Liga ACB, máxima categoría del baloncesto español, pero no consigue consolidarse de forma inmediata. La alternancia entre ascensos y descensos, unida a la dependencia de patrocinadores y a la limitada capacidad económica, refleja la fragilidad del proyecto en esta etapa
La conversión en Sociedad Anónima Deportiva en 1992 responde a la necesidad de adaptarse al nuevo marco legal del deporte profesional en España. Este proceso implicaba dotar al club de una estructura económica más sólida y transparente. No obstante, también puso de manifiesto las limitaciones estructurales a las que debía enfrentarse la entidad. La insularidad de Gran Canaria supuso un lastre brutal. Estas circunstancias derivaron en una situación económica delicada que amenazaba la viabilidad del club a medio plazo.
Ante este escenario, la intervención del Cabildo de Gran Canaria a mediados de la década de 1990 resultó determinante. La institución insular adquirió la mayoría accionarial del club, convirtiéndose en su principal sostén económico e institucional. Esta decisión respondió a una estrategia orientada a preservar un activo deportivo de gran valor social para la isla, así como a garantizar la presencia de Gran Canaria en la élite del baloncesto español. Se proporcionó al club una base de estabilidad imprescindible para su desarrollo.
A partir de la temporada 1994-1995, en la que el equipo logra el ascenso a la Liga ACB, se inicia una etapa de consolidación - con aciertos y errores como en toda obra humana- que se prolonga hasta la actualidad. Desde entonces, el Club Baloncesto Gran Canaria ha permanecido de forma ininterrumpida en la máxima categoría, lo que constituye uno de sus principales logros estructurales. Esta permanencia no solo evidencia la estabilidad del proyecto, sino también su capacidad para competir de manera sostenida en un entorno altamente exigente.
Durante este periodo, el club ha desarrollado un modelo de gestión basado en la eficiencia en el uso de recursos, la detección de talento y la apuesta por la continuidad. A diferencia de otras entidades con mayores presupuestos, el Gran Canaria ha construido su competitividad a partir de la optimización de sus capacidades, lo que le ha permitido mantenerse en una posición relevante dentro del baloncesto español. En el ámbito deportivo, esta estrategia se ha traducido en participaciones recurrentes en los playoffs por el título de la Liga ACB y en presencias habituales en la Copa del Rey.
Un nuevo punto de inflexión en la evolución institucional del club se produce con la llegada de Sitapha Savané a la presidencia. Su nombramiento supuso un cambio de paradigma en la gestión, al incorporar una visión más moderna, profesionalizada y alineada con las dinámicas actuales del deporte de élite. Exjugador y figura emblemática de la entidad y querida por la afición, Savané aportó un profundo conocimiento interno del club, reforzando la cultura organizativa y la conexión con la grada. Bajo su liderazgo, se ha impulsado una mayor estabilidad en la toma de decisiones, así como una clara apuesta por proyectos a largo plazo, tanto en el ámbito deportivo como institucional. También ha mimando la inclusión social con el Proyecto Suma y la cantera con formación integral, desarrollo progresivo y seguimiento individual. Él estaba en otras tareas, pero lo convencimos y aceptó el reto. Se merece todo el apoyo.
Paralelamente, el club ha consolidado su proyección internacional mediante su participación en competiciones europeas. A lo largo de los años, el Gran Canaria ha sido un participante habitual en torneos continentales, lo que ha contribuido a reforzar su visibilidad y a elevar su nivel competitivo. Este proceso culmina con su participación en la Euroliga en la temporada 2018-2019, un hito que representa el reconocimiento al crecimiento sostenido de la entidad. Aunque su desempeño en esta competición fue limitado, su presencia en la máxima categoría europea supuso un avance significativo en la historia del club.
El mayor éxito deportivo del Club Baloncesto Gran Canaria se produce en la temporada 2022-2023, con la conquista de la EuroCup. Este título no solo constituye el logro más importante de su trayectoria, sino que también simboliza la consolidación de un modelo basado en la estabilidad institucional y la gestión eficiente. La obtención de este campeonato sitúa al club en una posición destacada dentro del baloncesto europeo, reforzando su prestigio y proyección internacional.
En este contexto de crecimiento, la llegada de Jaka Lakovic al banquillo en 2022, coincide con la llegada también de Savané, marca el inicio de una etapa especialmente relevante en el plano deportivo. De hecho esta ha sido la mejor temporada en la historia de entidad. Desde su incorporación, el técnico ha logrado imprimir al equipo una manera de juego definida. Este enfoque ha permitido al Gran Canaria competir con solvencia frente a equipos de mayor capacidad económica, consolidando su posición en competiciones nacionales e internacionales.
Durante la etapa de Lakovic, el club ha experimentado una notable mejora en su rendimiento. En su primera temporada, el equipo logra conquistar la EuroCup, alcanzando así el mayor éxito de su historia reciente. En las campañas posteriores, el Gran Canaria ha mantenido una presencia constante en fases avanzadas de competiciones europeas, llegando a disputar nuevas finales y demostrando una continuidad competitiva destacable. En el ámbito nacional, el equipo ha recuperado protagonismo, con clasificaciones recurrentes para la Copa del Rey y presencia en los playoffs de la Liga ACB.
Más allá de los resultados, la etapa de Jaka Lakovic se caracteriza por la consolidación de un proyecto deportivo coherente y orientado al largo plazo. En este sentido, la apuesta del club por su continuidad resulta especialmente significativa. La renovación de su contrato, respaldada tanto por la dirección deportiva como por las instituciones y por la afición se debió no solo a los éxitos obtenidos, sino también a la confianza en un modelo de trabajo que prioriza la estabilidad y la planificación estratégica. Él también lo entendió así: se pudo ir al Baskonia, pero se quedó en la isla.
Esta decisión reflejó la voluntad clara de consolidar un proyecto sostenible en el tiempo, alejándose de la volatilidad que caracteriza a menudo al deporte profesional. La continuidad de Lakovic ha permitido reforzar la identidad del equipo, favorecer el desarrollo de jugadores y mantener una línea de trabajo coherente. En el momento actual no hay nadie a la vista en el mercado que se acerque a sus méritos y valía.
La trayectoria del Club Baloncesto Gran Canaria pone de manifiesto la importancia de la combinación entre apoyo institucional, gestión eficiente, estabilidad deportiva y comunión con la afición. Desde sus orígenes en el ámbito escolar hasta su consolidación como referente del baloncesto español y europeo, ha sabido adaptarse a las exigencias del entorno competitivo sin perder su idiosincracia. Y así debe seguir.
Hoy este club, al que queremos tanto, está atravesando un mal momento deportivo. No se libra de esto ningún equipo de referencia en algún momento de su historia. El presidente y la directiva que lo han llevado a lo más alto son los mismos que los de la temporada pasada, donde el equipo llegó a la final de la Eurocup y jugó los cuartos de final de la ACB y las semifinales de la Copa del Rey. El entrenador es el mismo, por tanto, que lo ha situado en la élite del baloncesto español. Habrá tiempo de evaluar lo sucedido esta temporada, ahora solo cabe la unidad, el apoyo y el ánimo. Habrá tiempo de analizarlo todo, pero no ayuda nada estar solo para las maduras y no para las duras. Podemos seguir pitando y pidiendo el cese de todo el mundo o animar e intentar elevar la moral de los jugadores y entrenador y abrigar e impulsar al equipo. Me parece que lo más justo y responsable es esto último. Siempre me dijeron que en las pasiones desatadas el baloncesto es distinto a otros deportes de masas. Insisto, es la hora de la unidad. Lo pido encarecidamente, porque nos jugamos mucho.
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