El desprecio del Gobierno de Canarias a un evento histórico: el tercer centenario de la fundación de Montevideo
El 19 de noviembre de 1726 llegaba a las playas de Montevideo un grupo de familias canarias con el fin de crear un pueblo que asegurara el dominio español en el Río de la Plata. Ese viaje se enmarcaba en el llamado Tributo de Sangre, que obligaba a enviar a familias de las islas con el fin de permitir la exportación de productos canarios. A ese grupo se une otra llegada de canarios que participan de la fundación de la capital de Uruguay. Las emigraciones del siglo XIX, sobre todo de Lanzarote y Fuerteventura, y otras posteriores, contribuyeron a la formación del nuevo país. La identidad canaria está muy arraigada en Uruguay. Se llama canarios a la gente del campo y hay un departamento, Comuna Canaria, cuyos habitantes llevan ese nombre de manera oficial, siendo canario el actual presidente de la República. Estos hechos tienen un significado considerable para la historia de las islas y son merecedores de ser reconocidos en el nivel que se merecen.
El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, asume ese compromiso en un viaje institucional a Uruguay realizado en el mes de junio. En esa visita hace público el programa de actos a desarrollar en noviembre de 2026: “El Gobierno autonómico homenajeará la huella de las familias isleñas que fundaron la capital uruguaya en 1726 con una amplia programación cultural, académica e institucional. Entre las iniciativas previstas figuraban un simposio en la Universidad de la República y las II Jornadas de la Canariedad en el Museo Casa de Artigas en Sauce, Canelones”.
El 2 de septiembre, hace poco más de un mes, Fernando Clavijo se reunió con el embajador de Uruguay en España, Bernardo Greiver, presentándole el programa para conmemorar la fundación de Uruguay por familias canarias. El embajador destacó que “no hay muchos acontecimientos de los que se puedan celebrar 300 años en un país que no solo fue fundado por migrantes canarios, sino que lleva su idiosincrasia en la sangre”.
Entre los compromisos adquiridos se expusieron una serie de actos a desarrollar en Uruguay entre el 16 y el 20 de noviembre. El programa comenzaría el lunes 16 con un conjunto de actividades musicales ligadas al folclore canario, participando los músicos Domingo Rodríguez «El Colorao», Laura Vega, Eduardo Duque, Julia Rodríguez, Lydia Moreno y Yeray Rodríguez. También se llevarían a cabo actividades en la Sociedad Islas Canarias.
El 18 de noviembre tendría lugar el Simposio de Estudios Canarias-Uruguay, en la Universidad de la República en Montevideo, con la participación de un numeroso grupo de investigadores canarios y uruguayos. El 19 de noviembre, fecha central de la conmemoración en Uruguay, se celebrarían las II Jornadas de la Canariedad, en el Centro Cultural Museo Casa de Artigas, en Sauce. Se concluiría el día con un concierto a cargo de la Orquesta Juvenil del SODRE, con la participación de los músicos canarios en el Auditorio Nelly Goitino de Montevideo. Las II Jornadas de la Canariedad continuarían el 20 de noviembre en Sauce y a las 21:00 horas se celebraría un concierto en Canelones.
Esta información se distribuye en diferentes medios de comunicación y se da a conocer ante distintas instituciones de Uruguay del más alto nivel, como el Ministerio de Cultura, la Intendencia de Montevideo y la de Canelones, la embajada de Uruguay en España y el consulado de Uruguay en Canarias. Para el desarrollo de esta actividad se pone en marcha un expediente administrativo, aprobándose un concurso público sacado a licitación en junio, con su correspondiente partida económica, denominado “Sistema de organización, producción, desarrollo de las actividades conmemorativas del tercer centenario de la Contribución de Canarias a la fundación de Montevideo, República de Uruguay”.
La idea inicial se presentó hace tres años al Gobierno de Canarias y a los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura por su especial incidencia en esas islas. Desde entonces viene coordinándose un grupo promotor, tanto de Canarias como de Uruguay; se han implicado más de quince investigadoras e investigadores que vienen trabajando en distintos temas, incluido un documental. Cabe destacar la implicación de varias instituciones anfitrionas, como la Universidad de la República, la Casa Museo de Artigas en Sauce o la Orquesta Nacional Juvenil del Uruguay. Los músicos y ponentes han cancelado muchos compromisos para estar en estos actos, así como las instituciones culturales de Uruguay.
Se ha retrasado la ejecución de un proyecto que debía ser impulsado de oficio por las instituciones canarias, pero lo más grave es que, a menos de un mes de celebrarse este evento, nos comunican su anulación. A día de hoy no se ha comunicado nada oficialmente a participantes e instituciones de Uruguay. Nos han dicho que no se puede celebrar en período electoral, cuando sabemos que hay otras actividades de tipo cultural en Uruguay en esas fechas que no han sido suspendidas y otras en Canarias. El 13 de noviembre, el presidente Fernando Clavijo inaugurará un encuentro en Tenerife sobre este tema.
Como premiado por el Gobierno de Canarias, con la distinción Identitaria, como protector de la cultura, el patrimonio y la identidad canaria, y por la responsabilidad que eso conlleva, manifiesto mi profundo malestar y denuncio un hecho contrario a su filosofía. Es un despropósito suspender este importante evento, lo cual supone una falta de respeto institucional, el desprecio a tan importante conmemoración y a esa comunidad de descendientes de Canarias y de esa identidad aún viva en aquel país.
En mi caso, como canario uruguayo, siento pena por observar cómo se ha ninguneado el significado de este evento. Viví como emigrante largos viajes en barco, la añoranza y el dolor de mis padres lejos de su tierra, el desarraigo. Supe de pequeño lo que eran el gofio y la música canaria a miles de kilómetros de esta tierra. Mi padre y un hermano emigraron, llamados por un tío de Lanzarote, huyendo del hambre; fue uno de los fundadores de la Sociedad Islas Canarias en Montevideo en 1952; formó parte de la rondalla que llevaba la cultura y la identidad canaria por todo el país. Mi madre y mi tío emigraron de La Isleta, siguiendo los pasos de un tío suyo; mi tía y mis primos vivieron en el Club Canario. Tengo una gran familia allí, como miles de descendientes de canarios.
Ahora que estoy investigando momentos muy dolorosos de la emigración de los siglos XVIII y XIX, más me indigna el desprecio a miles de personas que merecen que se contribuya al conocimiento de aquellos hechos. No solo la falta de lluvias provocó la miseria, el hambre y la muerte de cientos de personas, llevándolos a una emigración muy arriesgada, sino la avaricia y la especulación de algunos empresarios, canarios de nobles familias, que hicieron negocios con los pobres emigrantes, no solo comprándoles a bajo precio lo poco que tenían, y que les unía al pasado, sino organizando peligrosos viajes, cargando los pequeños barcos con el doble del pasaje permitido. En esos viajes, más de mil personas murieron, terminando sus cuerpos en ese enorme cementerio de emigrantes de todos los tiempos que es el mar. Canarias conoce ese drama. En pocos años han muerto en nuestro mar más de 10.000 personas huyendo, como nuestros antepasados, del hambre.
Quisiera recordar a las decenas de personas que dejaron tiradas en Puerto Cabras, viendo alejarse el barco que los iba a llevar después de venderlo todo; a los cientos de conejeros abandonados, en las calles de Las Palmas, durante meses en la más absoluta indigencia, porque su barco, El Perro, no salió a su destino; a Sebastiana de León, a su hermano Domingo y su mujer, ahogados en la travesía; a su pequeña hija Antonia, de la que se ignora su paradero y existencia; a los cuatrocientos emigrantes perdidos cuatro meses en la isla de Sal. A quienes llegaban y sobrevivían, como relata un informe de la época: “Durante la navegación sufrieron diarrea, hinchazón en las piernas y hematomas en las nalgas. Todos estaban sucios y malolientes a causa de haber usado el único vestido con el que salieron del país. Los enfermos ascienden a noventa. Cinco están atacados de un tifus peligroso. Los sanos están muy débiles, de mal olor y expuestos a las fiebres que han sido endémicas durante la larga navegación, por el hambre y la imprudente acumulación de 423 individuos en un recinto capaz de contener solo 200 personas. Pero el drama también fue para quienes quedaron: he tenido hijos que se fueron a Montevideo, Bárbara, Alejandro, Antonia, Cayetano; ignoro si están vivos o muertos”.
La contribución canaria a Uruguay no fue un acto heroico de espíritus aventureros, fue producto de la miseria y la especulación. Ese imaginario pervivió en la memoria de esos miles de canarios que contribuyeron al nacimiento de Uruguay, manteniendo su identidad en una tierra extraña. Un pueblo de supervivientes que, además de tragedias, tuvo esperanza y alegría, ya que sin eso no habría historia ni perviviría su cultura. Queríamos contribuir a conocer y compartir esta realidad con los descendientes de aquellos lejanos vecinos. Canarias no ha tenido hechos históricos tan relevantes como fundar la capital de un país donde muchos de sus habitantes siguen llamándose canarios. Eso se celebra en noviembre del año 2026 y no cuando a alguien se le ocurra. Igual aún hay tiempo de hacer posible ese viaje, que debería ser, al menos en teoría, mucho más fácil de realizar que los cientos que hicieron nuestros antepasados.
Decía el poeta uruguayo M. Benedetti que “una cosa es morirse de dolor y otra de vergüenza”.
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