Distintas varas de medir los riesgos sanitarios
El mayor cayuco de la historia llegó a El Hierro con 320 personas un 22 de octubre de 2023. Era la mayor embarcación de la que se tiene constancia desde que se abrió la llamada Ruta Canaria de las pateras en 1994. Ningún político canario se mostró contrario a que se les desembarcara en el muelle de La Restinga. Nadie sabía su estado de salud, si portaban algún tipo de enfermedad contagiosa. El compromiso de los herreños fue en aquel momento, es y sigue siendo el mismo, acoger a almas migrantes que huyen de la pobreza, del hambre, de la guerra de la muerte lenta o rápida…
Las cifras de llegadas a las costas herreñas desde agosto de 2023 son cercanas a unas 50.000 almas, entre ellas mujeres, menores y bebés, a las que nadie le ha pedido un certificado médico o una cartilla de vacunación antes de pisar el puerto. Primero salvarles la vida sacándolos del cayuco a tierra firme y después atendiéndoles, incluyendo medidas sanitarias preventivas y hospitalarias. Tuvimos una primera oleada en 2020 coincidiendo con la COVID y los tratamos de igual manera, pero parece que la memoria de otros desmemoriados, haciendo alusión al libro Memorias de otro desmemoriado de mi maestro José Padrón Machín, habrá que releerlo de nuevo. Las razones humanitarias para salvarles la vida han sopesado cualquier otro criterio, entendiendo que las medidas sanitarias siempre deberán ir acompañadas en la atención global a unos seres humanos.
A bordo de estas embarcaciones han aparecido fallecidos migrantes, cuyas muertes siempre se han relacionado con falta de agua y alimentación, pero también se pueden plantear en algunos padecimientos infecciosos y de salubridad en origen. Sin embargo, y pese a ello, hemos tenido profesionales del mar, sanitarios y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que los socorren como primera medida humanitaria para garantizarles el bien más preciado, la vida.
Ahora, y sin menospreciar ni minimizar los efectos contagiosos del brote de hantavirus que ha provocado la muerte de tres personas a bordo del crucero MV Hondius, que viajaba por el océano Atlántico con destino final ahora a las Islas Canarias, parece que el mundo se nos cae, que la solidaridad y la humanización no existe, y que todos sus pasajeros deben ser considerados como apestados.
El barco transporta a 147 pasajeros y tripulantes, aproximadamente las mismas “personas”, y las entrecomillo, que trajo este cayuco a La Restinga. Entonces, ¿cuál es la diferencia?, ¿que esta vez, y aún tratándose de un crucero de lujo, no llegan a La Restinga sino a un puerto de isla capitalina? Lo siento, pero esto me sale del alma, porque entiendo que las razones humanitarias deben siempre estar presente en en una raza que presume precisamente de humana y solidaria. La confrontación política no tiene cabida en casos como éste, ni los de un lado ni los de otro. Solo la razón y el razonamiento pueden entenderse y abrazarse.
Ante la inminente visita del papa León XIV a las dos capitales canarias, más de uno debe hacerse eco y practicar una cita bíblica (Romanos 12:13) que dice: “Ayuden a los hermanos. Practiquen la hospitalidad”, antes de darse golpes en el pecho, ir a procesiones, o darse fraternalmente la paz.
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