El dólar
Nadie bailó tanto como el argentino con el dólar. A cuento de este tema el Tango ha sido arrebatador, hoy me dolarizo, mañana corralito, pasado mañana un peso será un dólar. El día después, impago. Dónde hay un mango, viejo Gómez, es frase de interrogación de un viejo tango. Todavía hoy se escucha esa música. Tanto los argentinos como los americanos gustaban de llamar mango al billete. Hace algunas décadas se hablaba de los Madison que eran billetes de 5.000 mangos o dólares con la estampa del presidente Madison. Por eso, cuando una multitud muy caliente le reprochó a Perón, crack absoluto del populismo, el dólar está caro, éste contestó haciendo gala de genio del cinismo, qué importa, quién de nosotros ha visto alguna vez un dólar.
Trump es el imbécil que va justo de inteligencia para entender que no es tonto y flirtea con la cultura de dominación y destrucción que es justo la opuesta a la cultura del esfuerzo y del progreso. Por esto le obsesiona Obama. Con Obama alguno de nosotros era incluso optimista. Alguno de nosotros estaba hasta tranquilo.
Pero tengo la impresión de que Trump tiene siempre al dólar presente en sus oraciones. Tiene miedo con el dólar. La deuda de EE. UU. es de 36 billones de dólares. Valga el dato solo a efectos de tener una referencia: cada año en Estados Unidos se produce hasta un valor de un veinte por ciento menos digamos 30 billones. Y otro valor referencial es que supone algo así como 20 veces lo que produce España.
Toda esa deuda americana se gestiona a bajo coste porque el dólar es una divisa reserva. Los campeones de la exportación y primeros de la clase, Alemania, China y Japón derivan sus ahorros al mercado de deuda americana porque es un mercado líquido y profundo. Y además, seguro.
Desde la época de los petrodólares EEUU pactó con Arabia Saudí y muchos otros países que el petróleo se iba a pagar en dólares y para ello los países importadores tienen que disponer de esos dólares para comprar el petróleo. Pero esos dólares donde están, pues en deuda americana. Por tanto, si la peña necesita muchos dólares para comprar petróleo, esta moneda estará muy demandada y por tanto fuerte.
Ya sabemos de dónde salen tantos dólares. De la deuda americana. No creo en conspiraciones, pero no ignoro el sortilegio. En el año 2000, Irak se preparaba para vender su petróleo en euros y tuvo mala suerte. El año pasado Venezuela planeaba vender su petróleo en yuanes y tuvo mala suerte. El plural de mala suerte es el sortilegio. Si nos acostumbramos a no necesitar dólares para pagar nuestro petróleo, no pujaremos por esa moneda, nadie la pedirá, se volverá débil y luego la deuda americana será cara.
El mundo se encoge de hombros, muchos se meten las manos en los bolsillos porque en esta época folletinesca parecen los lideres unos simples aficionados.
Hace cinco años, China inquietaba y los americanos tranquilizaban. Los arquetipos de Nietzsche, dionisiaco y apolíneo, han cambiado su posición. China ahora parece lo apolíneo al modo Obama y nos procura sensación de tranquilidad. EEUU es Dioniso e infunde desasosiego.
Trump me recuerda al Papa Clemente VII que le pidió a Maquiavelo escribirle un libro para la guerra, pero perdió la guerra por haber olvidado leer el libro.
Phillip Roth escribió si no la biblia, sí un evangelio de la cultura americana, Pastoral Americana, sobre el sueño americano. El día de Acción de Gracias, siempre el cuarto jueves de noviembre, es una tregua de veinticuatro horas cuando judíos, católicos incluso zoroastrianos y viejos persas, gente de todos los colores, se abrazan para comerse el pavo. Ya ni eso.
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