Las costas canarias
Me acuerdo de algo de la cosecha de Picasso, lo difícil no es tener una idea sino pintar a un gitano con un burro. Porque una idea es un impulso que muchos pueden tener, pero para dibujar el cuadro hay que saber y para hacerlo bien hay que llegar a la esencia de lo que se quiere transmitir.
Canarias está huérfana de cultura en su zona de dirigencia. Pero convenimos que un hombre cultivado no es un erudito, es otra cosa, es la persona que sabe apreciar las cosas que lo merecen. Hay veces en que la erudición tiene contraindicaciones en la receta, porque añade mucha producción ajena que paraliza los pensamientos propios.
Canarias ha llamado a participación previa a la elaboración de una Ley de Costas propia. Y en ese primer documento leemos lo de las soluciones sostenibles, lo de que se adapte a nuestra singularidad, bla bla bla, lenguaje de guardarropía de segunda mano.
Los que dirigen Canarias nunca se matricularon en esa asignatura que habilita para gestionar el litoral. Con el salvoconducto de que las competencias estaban en Madrid, permitieron que el centro jacobino atribulara al vecino y al empresario de Canarias sin poner una sola idea sobre el tapete. Formateado con el hierro del pesimismo, nunca hubo más que desconfianza en la opinión pública. Y ese pesimismo, es muy mal asunto porque los beneficios no cubren los costes. Los pesimistas son pantagrueles que tragan sin alimentarse.
El término filibustero se acuñó en 1851 para llamar así a bandidos del Caribe. Estos saqueaban ciudades a diferencia de los piratas, que estaban especializados en abordar barcos. Catón el Joven fue el primer filibustero de la acepción parlamentaria y hablaba días enteros para frenar las iniciativas legislativas de Julio Cesar.
No hablo de leyendas, ni de cosas muy antiguas. Estos días en el parlamento americano Cory Booker pasó veinticinco horas leyendo testimonios de inmigrantes detenidos y versículos bíblicos. Son los demócratas tratando de retrasar la Ley Save América con la que los republicanos quieren alterar las medidas identificatorias del votante.
Es un principio parlamentario que tiene su causa en una enmienda a la constitución, un legislador puede hablar lo que quiera si no se detiene y no se sienta. Van ayunados y bañados en vapor para desafiar los principios de la urología y de la próstata. Amparados por la Ley se niegan a ceder el uso de la palabra.
Pues yo tengo el temor que esa Ley de Costas puede ser otra gran ocasión perdida, redactada con sabor filibustero y el aroma del pesimismo. Pesimistas a fuerza de desconfianza. Y filibusteros si hablan mucho y pintan poco.
En Canarias hemos conservado una cuota del litoral con valor porque en 1988 se dictó una ley irredenta de urgencia y salvación, pero imprescindible entonces y ahora. El principio de que el litoral está para disfrutarlo se puede gobernar con preceptismos y prohibiciones o con creatividad. El disfrute náutico en Canarias es bajo y las oportunidades se han ido perdiendo. Hay mucho para potenciar el sector del ocio náutico.
Bajo el principio insobornable del uso y disfrute del público, en Canarias falta algún muelle deportivo y muchas zonas de disfrute náutico. Y la certeza de que en el mar se pueden hacer más cosas que tomar un baño. Vemos escenas de Hawái y sentimos cierta envidia de ese amplio universo de ocio alrededor del mar. Pese a esto, Bad Bunny canta, pesimista, a Puerto Rico, quieren quitarme el río y también la playa, quieren al barrio mío y que abuelita se vaya. No, no sueltes la bandera ni olvides el lelolai, que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái. Yo no sé en Hawái, pero en la playa de Babilonia, en Alicante el mar se adelantó a Costas en la hora de la demolición de las casas de la fachada. Un río que deja de verter arena, la playa que retrocede. El resto lo hizo el temporal. Por el cambio climático.
Desconfianza del público en que los legisladores o sean filibusteros o sean sátrapas de saqueadores que son iguales aquí o en el Caribe. Esa ley de las costas canarias ya tendría su justificación si tan solo resuelve como terminar las fachadas marítimas y como potenciar el sector del ocio en nuestro litoral en un contexto de protección de los ecosistemas costeros y de respeto al cambio climático. Un puñado de buenas ideas para dibujar algo parecido a un gitano con su burro.
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