Dos horas
He tardado unas dos horas en escribir el borrador de este artículo y pasarlo a limpio. Hoy he estado dos horas en un atasco. Son cerca de mil doscientas palabras.
Dos horas es el tiempo de una buena sesión de lectura. Por ejemplo, se tarda dos horas, más o menos, en leer Libro sexto de Sophia de Mello. Lo mismo para Anábasis de Saint-John Perse, Regreso al país natal de Aymé Cesaire, Orientaciones de Odysseas Elytis, No amanece el cantor de José Ángel Valente o Egeo de Lorand Gaspar. Se podría leer en dos horas Ficciones, de Jorge Luis Borges. O El mito de Sísifo de Albert Camus, tomando notas. Una entrada de formato medio del Glosario insular me lleva unas dos horas, puede que un poco más. En dos horas puedo mantener una conversación honda con un conocido sentado a mi lado en un trayecto entre Tenerife y Madrid. Un partido de fútbol con viejos amigos dura cerca de dos horas. Hace poco subí el puerto de Irati en bicicleta, a ritmo, en un poco menos de dos horas. Ayer subí a y bajé de Chinamada en dos horas. Dos horas es el tiempo mínimo para una visita a mis padres cuando logro bajar a Santa Cruz entre semana.
Si tengo los ingredientes, preparo comida para media semana en dos horas. ¡Dos horas para un camino sereno por un acantilado, contemplando el mar! Dos horas me permiten escuchar completos mis tres discos preferidos de John Coltrane. O un disco de Grant Green, uno de Horace Silver y uno de Cedar Walton: dos horas. Dos horas es el tiempo para cenar, conversar y amar. Glenn Gould y las variaciones Goldberg: se puede escuchar las dos grabaciones, la de 1955 y la de 1982, haciendo una pausa, en un poco menos de dos horas. Dos horas es el tiempo necesario para ver una película (por ejemplo, hace una semana, faltó un poco de tiempo para ver Correspondencias de Rita Azevedo), para visitar una exposición en un museo (por ejemplo, La conquista del mundo por la imagen, de Óscar Domínguez), para asistir a un concierto de la Sinfónica (por ejemplo, Askenar, Panisello y Berio), para escuchar una conferencia y hacer algunas preguntas al conferenciante (por ejemplo, Juan Manuel Bonet hablando sobre Cristino de Vera).
En dos horas comemos con un amigo al que vemos ahora un poco menos de lo que quisiéramos, cogemos unas olas y no da tiempo de cansarnos, bajamos a una playa por un sendero y tomamos el sol. En dos horas se podría nacer, y también se podría morir. Una vez estuve dos horas armando un juguete de piezas de Lego con mi hijo Aral. Una vez conversé durante dos horas con Juan Hidalgo, con Eduardo Galeano, con Avi Mograbi, con Isabel Coixet, con Juan Goytisolo, con Pilar Gómez Bedate, con César Antonio Molina, con Haroldo de Campos, con Basilio Martín Patino. Una vez conversé durante dos horas con Jesús Mora, con Cristo Gil, con Briac Badt, con David Baute, con Roberto Lucas, con Carlos Hernández Dorta. Casi nunca da con dos horas cuando hablo con Leopoldo Santos.
En cambio, en dos horas, Simón de la Rosa y yo repasamos la naturaleza humana y la divina, hablamos del «colcán» y lo ayudo a pasar el duelo por ser del Atlético de Madrid. Por suerte para mí, una comida de verano en casa de Juan Fuentes, con los amigos, dura mucho más de dos horas. Muchas veces he conversado más de dos horas con mis padres, en El Médano, sobre la juventud, la madurez y lo curioso que es el destino. He hablado mucho más de dos horas con Francisco León, en un coche, cruzando Europa. Una vez me llamó mi hermano Javier desde Berlín y estuvimos hablando más de dos horas sobre teatro y música electrónica. Hace poco estuve charlando con mi hermano Daniel, mientras veíamos un Leganés-Barcelona, en su casa de Barcelona, durante dos horas o más: el tema de conversación fueron las travesías marinas, las diferencias entre el Atlántico y el Mediterráneo y lo divertido que es ir en moto por la ciudad. Una vez me tomé un café con mi hermana Marta, en Madrid, y no nos bastó con dos horas para hablar de nuestros hijos. En dos horas puedo montar tres estanterías de Ikea y llenarlas con libros viejos. Mi biblioteca, balda por balda, tardo dos horas en limpiarla. Dos horas es lo que tardo en llegar desde Bilbao a San Juan de Pie de Puerto con una furgoneta.
En cierta ocasión escuché a Carlos Edmundo de Ory leer su Aerolitos durante dos horas en Madrid, calle O’Donell. Tardé dos horas, más o menos, en bajar el barranco de Masca con Tito y pasamos todo el camino hablando de diosas, de Antonio Machado, de las playas y su significado y del Pinar de las Navas del Marqués. Cuando terminaba la carrera asistí a las clases, de dos horas de duración cada una, sobre literatura portuguesa, del profesor Alberto Giordano. Y cuando viví en Francia, yo mismo di clases de dos horas, dos veces en semana, durante cuatro cursos, sobre Severo Sarduy, Unamuno, Garcilaso y el Victorial. Las sesiones de cine del festival MiradasDoc, que dirigí durante muchos años y que hoy ha desaparecido, duraban dos horas cada una (había cuatro sesiones diarias en cada una de las dos salas durante nueve días).
A veces duermo siestas de dos horas, cuando llega el verano, durante el final de las etapas del Tour. He cronometrado: mi media de lectura es de unas ochenta páginas cada dos horas. Una vez llamé a mi hijo Gabriel a Copenhague y hablamos durante dos horas sobre los planes de ese invierno. Y las dos primeras horas del camino del Metra, por la Cordillera de Anaga, subiendo desde Igueste, las pasé hablando con mi hijo Aner acerca de lo importante que había sido para mí el instituto (él comenzaba ese año la secundaria). Hace poco di una charla sobre crítica cinematográfica en cuarto curso de Historia del Arte, invitado por mi amiga Lola Barrena: dispuse de dos horas para tratar de decir algo que fuera útil para los alumnos. Cuando escribo estas columnas para la prensa, que llamo «Manchas, malezas…» en homenaje a Octavio Paz, procuro no tardar más de dos horas por cada mil doscientas palabras.
Desde hace algunos meses, cuando salgo de mi trabajo a las dos de la tarde, en Guía de Isora, mis compañeros y yo tardamos más de dos horas en llegar a casa. Esta Isla no tiene ni idea de la enorme cantidad de acciones decisivas que se pueden emprender en dos horas. Esta isla no sabe cuánto valen dos horas en la vida de una persona, ni mucho menos cuánto valen dos horas cada día.
Sobre este blog
Espacio de opinión de Canarias Ahora
0