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Robert y la escopeta nacional

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La primera enseñanza que nos ha proporcionado el viaje del Papa ha sido la comprobación de lo hipócritas que son muchos y lo babosos y pelotas que son la mayoría. Y esto vale tanto para los políticos como para los no políticos. 

La gente ha querido sacarse las fotos junto al estadounidense peruano Robert Francis Prevost como el que se fotografía con Bad Bunny o Lamine Yamal.

Nuestros representantes políticos hicieron el ridículo el día en el que el Papa los sermoneó en el Congreso de los Diputados. El Papa fue duro con los radicalismos, insultos, descalificaciones y enfrentamientos políticos pero allí estaban sus señorías para aplaudir a rabiar durante siete minutos seguidos, como si la cosa no fuera con ellos.

La propia alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, mostró un alto grado de cinismo al recibir al Papa en el mismo muelle de Arguineguín donde ella había boicoteado la acogida de menores y rechazado pagar entierros de inmigrantes. 

Y encima tuvo la osadía de afear a Pedro Sánchez en persona este jueves por no haber viajado a Arguineguín en noviembre de 2020 cuando se empezó a conocer como el muelle de la vergüenza. No hay que estar físicamente en un lugar para ayudar a las personas porque de hecho hay políticos locales que se desentienden de ellas olímpicamente mientras que otros trabajan a dos mil kilómetros de distancia.

Bueno fletó hace seis años tres guaguas con cerca de doscientos inmigrantes y los trasladó a la Plaza de la Feria, donde pasaron horas sin comer y beber hasta que los vecinos de la zona los avituallaron.  

Bueno amenazó a los empresarios hoteleros con sancionarlos si cedían sus establecimientos a las autoridades para acoger a los inmigrantes. Sin duda Bueno, con su política anticristiana, tiene una alta autoridad moral para dar lecciones a diestro y siniestro. Hipocresía en grado sumo. 

Si Rodrigo Rato, Zaplana, Ábalos o Cerdán hubieran estado esta semana en el Congreso también habrían aplaudido cínicamente al papa a rabiar durante siete minutos. Este es el ganado que guardamos.

La televisión pública estatal ha hecho un seguimiento mediático de la visita del Papa de manera ingente y monotemática. Igual que la televisión pública autonómica. Ni la televisión de los obispos habría hecho un despliegue tan amplio. 

Y eso que constitucionalmente estamos en un Estado aconfesional y la izquierda es la que está gobernando. Si hubiéramos estado en un Estado confesional como en el del nacionalcatolicismo y la derecha gobernara, habría habido un parte informativo monolítico sobre la visita del Papa que no habría dejado hueco ni para informar de la inauguración del Mundial de Fútbol.

El Papa afeó claramente la prioridad nacional defendida por la ultraderecha, pero ahí estaban Abascal y su cómplice Feijóo aplaudiendo hasta con las orejas. Es verdad que León XIV habló también en contra del aborto y la eutanasia, pero eso no supuso ninguna novedad noticiosa ya que es la doctrina tradicional de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Además, las leyes del aborto y de la eutanasia no obligan a nadie a practicar el aborto ni la eutanasia. Es optativo. Sin embargo, la regularización de los inmigrantes no está en manos de los afectados. Unos tienen la libertad para usar o no una determinada ley mientras que los otros no tienen ni voz ni voto para su regularización. La diferencia es más que notable.

Vox quiere que sean expulsados todos los inmigrantes pobres que lleguen a nuestro país en pateras (los ricos que entran en avión son otra cosa), a pesar de que son los que nos salvan la vida trabajando en todas aquellas tareas que los españoles desprecian: en el campo recogiendo fresas o aceitunas, en la hostelería aguantando a borrachos y trabajando horas extras e intempestivas o en el cuidado de nuestros mayores.

Esos trabajos son de poca categoría para gente como Abascal: él prefiere no trabajar en nada o en los chiringuitos que le puso Esperanza Aguirre con un alto sueldo y sin dar palo al agua. Como sus hooligans. Lo peor de todo es que la postura radical de la ultraderecha ha sido bendecida por la derecha tradicional, que al parecer es cada vez menos católica, apostólica y romana porque ya no comulga con la doctrina social de la Iglesia.

Es evidente que León XIV decidió pasar por Canarias para dar un espaldarazo a los inmigrantes que la derechona española llama ilegales y que son simplemente irregulares. Precisamente por eso está en marcha la regularización para que los inmigrantes extranjeros puedan trabajar en este país sin que les exploten y sin dinero negro.

Por cierto, esta medida no es social comunista puesto que hasta el propio Aznar hizo una regularización de medio millón de trabajadores extranjeros en España cuando gobernó.

León XIV podía haber vuelto a Roma desde Barcelona, pero prefirió hacer 2.404 kilómetros hacia Canarias para apoyar a los inmigrantes al mismo tiempo que le daba una gran bofetada sin manos, pero atronadora, a la ultraderecha española partidaria de la prioridad nacional. Pero Abascal tiene tan pocas luces que también le aplaudió siete minutos en el Congreso. Evidentemente no entendió nada.

Feijóo aseveró solemnemente en el Congreso de los Diputados que suscribía el discurso del Papa de la A a la Z, por lo que tengo serias dudas de que el líder de la oposición conozca el abecedario español, aunque no sea un analfabeto funcional ni político. 

Feijóo demostró ser más papista que el Papa, que es lo peor que se puede ser en política. La izquierda apoya la doctrina social de este Papa, como lo hizo con el anterior, pero no suscribe lo que piensa la Iglesia sobre el aborto y la eutanasia, aunque también hay gente de izquierda que está en contra y gente de derecha que está a favor. El asunto es más transversal de lo que se cree. 

A la derecha le pasa lo contrario, aunque luego, cuando llega al poder después de manifestarse estruendosamente con los obispos en las calles, no mueve ni una coma de esas leyes a las que considera malignas, por lo que demuestran ser doblemente hipócritas y cínicos.

Ya sabemos lo que pasó con la ley de interrupción del embarazo. Aznar y M. Rajoy pudieron cambiarla con sus respectivas mayorías absolutas pero no hicieron nada. Puro cinismo. 

Hemos pasado de la prioridad nacional a la surrealista escopeta nacional de Berlanga en un santiamén. La derechona española es tan extremista que hasta el moderado y flemático papa León XIV le parece un peligroso comunista. 

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