¿Fue la retaguardia otro frente de Primera Guerra Mundial? El impacto sobre la población apunta en esa dirección

El descontento obligó a endurecer el control político

Héctor Farrés

0

Los trenes cargados de reclutas y munición hicieron que una crisis diplomática europea dejara de parecer un asunto lejano en pocas semanas. La Primera Guerra Mundial se formó por una cadena de rivalidades militares, alianzas rígidas, tensiones imperiales y miedo a quedar en desventaja frente al adversario. La situación estalló el 28 de junio de 1914, cuando el heredero del Imperio austrohúngaro Francisco Fernando fue asesinado en Sarajevo por un nacionalista serbobosnio, lo que hizo lo que hizo que Austria-Hungría responsabilizara a Serbia y lanzara un ultimátum. A partir de ese momento comenzaron a activarse los acuerdos entre aliados.

La Segunda Guerra Mundial fue más grave por su alcance mundial, por la persecución organizada de poblaciones enteras y por el grado de destrucción civil, pero la primera abrió una forma nueva de guerra industrial que cambió la relación entre Estado, ejército y sociedad.

La contienda transformó la vida lejos del frente

Según World History Encyclopedia, el investigador e historiador Mark Cartwright explica que la Primera Guerra Mundial llevó el combate a una escala nunca vista hasta entonces y alteró la vida de millones de civiles. La población situada lejos del frente quedó expuesta a ataques aéreos, falta de alimentos, propaganda y control político. La guerra dejó de pertenecer solo a los soldados y entró en fábricas, colas de comida, hogares y calles.

La escasez fue una de las formas más duras de esa presión. Los submarinos alemanes intentaron cortar el abastecimiento británico, mientras la Armada Real bloqueó Alemania. El pan empezó a racionarse en Alemania en enero de 1915 y después llegaron restricciones para carne, patatas, leche, azúcar y mantequilla. En Berlín, en 1918, cada persona solo podía recibir 450 g de patatas a la semana. Frank McDonough señala además que la inflación disparó precios y salarios reales cada vez más bajos, hasta obligar a muchos civiles a recurrir al trueque.

Millones de familias quedaron expuestas a carencias, mensajes oficiales y vigilancia pública

La industria también cambió de ritmo. Los Gobiernos orientaron minas, astilleros, siderurgia, ferrocarriles y fábricas de municiones hacia la producción bélica. McDonough calcula que el gasto europeo en armamento pasó del 4% de la renta nacional en 1914 al 25% en 1916. La necesidad de fabricar aviones, buques, tanques y municiones obligó a subir impuestos, pedir préstamos y someter sectores enteros a control estatal.

Muchas trabajadoras ocuparon puestos antes reservados a hombres

La falta de hombres abrió empleos a muchas mujeres, aunque ese avance tuvo límites claros. En Francia, 75.000 mujeres trabajaban en municiones en 1915 y en 1918 representaban un tercio de ese sector. En Gran Bretaña, el 90% de quienes trabajaban en fábricas de municiones eran mujeres al final de la guerra. Hew Strachan matiza que muchas ya trabajaban antes y pasaron de un sector a otro. Beatrice Lee, trabajadora citada por los Imperial War Museums, describió el daño físico de aquella tarea: “No era lo que se dice un trabajo saludable”.

La violencia también alcanzó a quienes no vestían uniforme. París sufrió fuego de artillería alemán y un bombardeo de 1918 mató a 256 civiles. Los ataques aéreos contra Gran Bretaña causaron 1.413 muertos y 3.407 heridos. David Kirkwood, testigo citado por Gordon Williams, recordó un ataque de zepelín sobre Edimburgo en abril de 1916 desde el temblor de su propia casa: “Las ventanas vibraron, el suelo tembló, los cuadros se balancearon”. Ethel M. Bilbrough, también citada por Williams, dejó constancia de la explosión de Silverton, donde murieron más de 100 personas y más de 400 resultaron heridas.

Los bombardeos causaron víctimas entre la población civil

La protesta social terminó condicionando el curso de la guerra. En Rusia, las derrotas, el hambre y la inflación alimentaron huelgas y disturbios por el pan. Lenin prometió sacar al país del conflicto y Rusia firmó el Tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918. En Alemania, el bloqueo, las derrotas y los motines aceleraron la petición de paz. En enero de 1918, 400.000 trabajadores se declararon en huelga en Berlín y el Gobierno respondió con ley marcial, detenciones y envíos al frente.

Los Gobiernos intentaron contener ese malestar con censura, propaganda y leyes de control. Strachan apunta que “el consentimiento era un elemento esencial de la guerra de masas”. Peter Simkins sitúa la tensión francesa en cifras muy altas: las huelgas en la industria y los servicios pasaron de 98 en 1915 a 689 en 1917.

El frente interno, por lo tanto, acabó formando parte de la guerra tanto como las trincheras, porque cada privación civil podía convertirse en una protesta política y cada protesta amenazaba la continuidad del conflicto.

Etiquetas
stats