Mucha más ternura
Prefiero a las personas femeninas de la Provenza que a las de París. De la misma forma, los hombres más suculentos ya no pasean por las callejuelas del Londres más dicharachero sino que se pierden en urbanizaciones extraterritoriales después de trabajar en la City o en Canary Wharf, y no con fruta precisamente como hacían antaño muchos canarios.
De la misma forma, acabo de leer que Gide, cuando esperaba las maletas después de viajar en tren procedente de Brignoles, tuvo una especie de iluminación para el comienzo de su novela Los falsificadores de moneda: debe empezar con la frase “apuesto a que viaja sin billete.”
Y también de la misma forma, y como una iluminación rimbaudiana aussi, conviene una desintoxicación de información política, precisamente porque tiene de todo menos de política. Así, Cristina se planteó anular los canales de televisión generalistas, los informativos y los temáticos, y nos quedamos como Julia Roberts en El informe pelícano, compuestísimas y sin novio, una petardada de situación y una genialidad de película.
Le dije que no se trataba de darnos de baja en ninguna suscripción de prensa, para dos que tenemos, pero se empeñó en defender que solo nos quedaríamos con aquellas cabeceras que tuvieran una dosis mínima de ternura. Por un momento pensé que iba a citar al Che Guevara o a un poeta simbolista francés. Pero no, hoy no había citas, solo lugares comunes: “vámonos a comer a un sitio pintoresco, para aliviar las nostalgias.” Y aparecimos en Sacha, un clásico madrileño donde Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián pactaron sus acuerdos y desacuerdos in illo tempore.
La madre del dueño y la mía, fueron tiernas amigas en su infancia y juventud coruñesas. De ahí puede que venga casi todo. Sé que por aquí cerca viven una o dos muy amigas, reinas de la ternura, pero eso no lo digo ni a los postres.
Con descarga informativa, pedimos un taxi y en su radio escuchamos no sé qué barbaridad de la prioridad nacional en Extremadura. Le pedimos al taxista que, por favor, cambie de emisora, y nos ponga Radio Clásica o Radio 3, ambas buenos refugios para toxicómanos de la información como uno mismo. Le cito a Fernando Argenta y a Carlos Tena, como epifenómenos radiofónicos de mi adolescencia. Pero no hay recuerdo compartido, y no es que ella estuviera en “Matilde , Perico y Periquín” o en la señora Francis: es que no estaba en la radio, sin más, y sigue sin estar. En España, más de la mitad de la población está cada día en la radio, ahora que ha cumplido cien años. Con Estados Unidos, somos uno de los países del mundo que más radio consume. También con los mismos estados, líderes en transporte de mercancías por carretera: nos unen los camioneros, qué cosa. Más ternura, por favor, que al volante se sufre mucho.
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