¿Zapatero o Rajoy?
La tesis de Molinas es que sentirse de centro no es ser de centro y a través de un recorrido histórico evidencia que el voto socialista que le da mayorías amplias procede del trasvase de votantes de Izquierda Unida y abstencionistas crónicos: lo que él bautiza como “izquierda volátil”. Por eso el PP ganó con Aznar en 1996 y 2000, porque Anguita fidelizó a sus votantes (11%) y los escépticos se quedaron en casa, sobre todo en Cataluña. Y es que siempre que los catalanes votan por debajo del 64% -o del 73% en toda España- , el PSOE pierde las elecciones, según este analista.
Barreiro rebate esta idea y afirma que son los dos millones de ciudadanos moderados que cambian su voto en función de su aversión a la crispación los que deciden las elecciones, mas allá de ideologías políticas concretas. En 2004 fueron 600.000 los que se fueron con Zapatero tras haber votado antes a Aznar, aunque la bolsa es más amplia: un 20% del electorado se considera “centrista moderado” y luego vota a quien le da la gana. E históricamente siempre gana el partido que recoge el mayor número de estos votantes “centristas”. Para él, no hay “izquierda volátil” sino “centro” desideologizado. Pero ya sean calificados de una forma u otra, ya sean dos millones o seiscientos mil, lo cierto es que además de amarrar a los de siempre, los dos líderes nacionales tendrán que persuadir a los que nunca les suelen votar para que al menos se queden en casa. Y eso es lo que se está percibiendo en esta precampaña electoral.
Federico Utrera
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