Los mayores del Risco de San Nicolás alzan la voz
Si hay algo que resalta a primera vista del Risco de San Nicolás de Las Palmas de Gran Canaria, es su orografía. Cuestas infernales que hacen que el coche se atragante en segunda por unas calles angostas, algunas medianamente asfaltadas, que zigzaguean entre casas pintadas de llamativos colores, que no superan los dos pisos de altura en su mayoría. Las chabolas que antes recorrían parte de las laderas han desaparecido, pero no así las necesidades de sus vecinos.
Resulta difícil pensar que a sus más de 80 años, Dolores Brito suba una vez a la semana, desde la zona baja del barrio, las cuestas que la conducen a acudir a clases de baile en el centro para mayores Párroco Manuel Romero, situado en la calle Guadiana, más o menos a mitad de montaña.
Al igual que ocurre con los mayores que acuden al complejo a realizar actividades, el paso de los años ha hecho mella en las paredes del edificio, que se resienten tras permanecer 26 años en pie sin recibir prácticamente ningún tipo de restauración. Para el recientemente nombrado presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionistas Párroco Manuel Romero, Antonio Ramírez, la explicación es sencilla: la falta de financiación.
Ramírez recuerda que, tras cuatro años casi cerrado, el Club volvió a abrir sus puertas en el año 2004. Sin embargo, lamenta que a partir de entonces el complejo cayó prácticamente en el olvido por parte de las administraciones públicas y de los propios vecinos del barrio que “ahora comienzan a venir cada vez más, aunque todavía si paseas por la zona alta puedes ver a tres o cuatro mayores sentados en los muros, en vez de venir, sentarse o ver la tele. Hay una biblioteca arriba fenomenal que no se utiliza para nada, la gente de aquí no es de leer y planeamos distribuir los libros entre distintas ONG”.
El centro, cuyo terreno pertenece a la Iglesia, se construyó con fondos regionales en 1986. En la actualidad se financia principalmente con la aportación de sus 160 socios, que pagan un euro al mes por utilizar las instalaciones. A esto hay que sumar los dos o tres euros que gasten para participar en actividades como costura, bailes con orquesta e incluso clases de Lengua y Matemáticas, cuyo profesor constituye la única aportación que realiza el Gobierno de Canarias actualmente.
“Una de nuestras socias, Sofía, de más de 90 años, no sabía leer ni escribir y tras acudir a las clases aprendió a poner su nombre y a leer los carteles de la calle”, apostilla Ramírez.
La nueva directiva proyecta dar un impulso al Club y convertirlo en centro neurálgico de un barrio que definen como joven y en paro, “aquí no hay tantas personas mayores como para mantener esto” señala. Sin embargo, añade que se trata del “único sitio así que tienen situado en los alrededores”, de hecho “ahora mismo están deseando que empiecen otra vez los bailes”.
Varios voluntarios han comenzado a pintar las paredes del recinto “a trancas y barrancas” con material cedido por el Ayuntamiento capitalino. Una ayuda que Ramírez agradece, aunque califica de insuficiente. Reconoce que durante los nueve años que ha sido secretario de la Asociación, el miedo a volver a cerrar se ha repetido en diversas ocasiones, por lo que solicita a la Administración local que incremente el apoyo con, por ejemplo, monitores que impartan las actividades.
Un barrio en paro
El secretario del colectivo, Agustín Sánchez, señala un acercamiento de mayores de 35 años que se han quedado sin trabajo y se han prestado a colaborar no sólo con la mano de obra, sino también como 'socios protectores' que pagan también un euro al mes. “Ahora hay mucha gente en paro”, indica.
Sánchez, que ha vivido en el Risco desde que nació, afirma que las personas mayores se han ido yendo poco a poco del barrio y las casas vacías se han ido llenando de familias de menor edad, incluso de okupas.
La crisis económica se ha notado en el barrio, hasta el punto que “hay gente que no se puede permitir pagar el euro”, afirma Ramírez. “Se ha parado el barrio, aquí no trabaja nadie, la misma Iglesia no sé cuánto reparte?por eso nosotros queremos también este proyecto, por ayudar”. Añade Sánchez.
Un proyecto que ambos definen como un punto de reactivación económica y cultural, encabezado por rastrillos, talleres, obras de teatro y exposiciones en las que se recopile la memoria histórica del Risco de San Nicolás. “Tenemos que hacer cosas para que la gente venga” y promover “la unión que había antes”, recuerdan.