Fallece ‘Superlópez’, el controvertido cirujano de la automoción
Hablaba deprisa, un tanto atropellado, pero con autoridad y con una melodía que delataba su origen vasco. José Ignacio López de Arriortúa, el ingeniero que impulsó una revolución en la 'cocina' de la automoción con sus agresivos métodos de reducción de costes y que protagonizó un sonado caso de espionaje industrial en los noventa, ha fallecido a los 84 años después de un largo periodo en el que se retiró de la vida pública.
Detrás de su apariencia afable (llamaba “colaboradores” a los operarios) había un directivo que aplicaba el bisturí como un cirujano para sanear grandes grupos. Nacido en Amorebieta (Bizkaia) en 1941, López de Arriortúa se convirtió en una de las figuras más influyentes y controvertidas del sector automovilístico internacional. Admirado por unos como un gestor brillante capaz de transformar organizaciones mastodónticas y cuestionado por otros por la dureza de sus métodos de cirujano, su trayectoria dejó una huella profunda en gigantes industriales como General Motors y Volkswagen, y antes en Westinghouse.
Su ascenso comenzó a consolidarse en 1980, cuando fue fichado por General Motors. Desde los departamentos de compras y producción impulsó una profunda revisión de los procesos industriales y de la relación con los proveedores. Su obsesión por la eficiencia y el control de costes le granjeó fama dentro de la multinacional estadounidense, donde acabó convirtiéndose en una figura clave de la reorganización del grupo.
Cese forzozo bajo la acusación de espionaje
La leyenda de “Superlópez” nació precisamente en aquellos años. El apodo reflejaba la percepción de un directivo capaz de encontrar ahorros donde otros no los veían y de imponer una disciplina férrea en estructuras empresariales complejas. Su prestigio cruzó el Atlántico y, en 1993, Ferdinand Piëch, entonces presidente de Volkswagen, lo reclutó para liderar la transformación del fabricante alemán en un momento de serios apuros.
En Wolfsburg, López de Arriortúa fue nombrado vicepresidente y responsable de compras y mejora de la producción. Su llegada coincidió con un momento delicado para Volkswagen, y sus recetas de racionalización de costes, negociación con proveedores y estandarización de plataformas contribuyeron a reforzar la competitividad del grupo. Su influencia fue tan grande que llegó a ser considerado el hombre fuerte de la compañía por detrás de Piëch.
Sin embargo, el éxito profesional quedó pronto eclipsado por la polémica. Apenas unas semanas después de su incorporación a Volkswagen, General Motors y su filial europea Opel lo acusaron de haberse llevado documentación confidencial y secretos industriales relacionados con procesos productivos, listas de proveedores y proyectos estratégicos. El enfrentamiento desembocó en una batalla judicial y empresarial sin precedentes entre dos de los mayores fabricantes de automóviles del mundo.
La presión del caso acabó provocando su salida de Volkswagen en noviembre de 1996, cuando estaba en pleno proceso para reimpulsar el grupo Volkswagen, incluida su filial española Seat. El conflicto se cerró posteriormente mediante un acuerdo extrajudicial entre ambas multinacionales, aunque General Motors mantuvo durante un tiempo las acciones legales contra el directivo vasco. Finalmente, en 1998, la compañía estadounidense retiró los cargos presentados en Alemania, poniendo fin a un episodio que marcó para siempre la imagen pública de López de Arriortúa.
Carmen, el coche vasco que no arrancó
Tras su regreso a Euskadi, lejos de retirarse, intentó materializar una vieja ambición: crear una industria automovilística propia. El proyecto más emblemático fue el denominado “Aurora”, cuyo prototipo recibió el nombre de “Carmen”. Concebido como el embrión de una fábrica de automóviles en Amorebieta, el vehículo incorporaba soluciones innovadoras y una concepción adelantada a su tiempo. La iniciativa, sin embargo, nunca llegó a convertirse en realidad industrial.
El golpe a su proyecto industrial coincidió con un grave accidente de tráfico sufrido en 1998 en Burgos cuando viajaba con un Audi 80 de Madrid a Bilbao por la carretera N-I. Resultó gravemente herido y tuvo que afrontar una larga y dura convalecencia y recuperación.
Políglota, de carácter exigente y personalidad arrolladora, López de Arriortúa fue durante años uno de los ejecutivos españoles más conocidos en el extranjero. Quienes trabajaron con él destacan su capacidad analítica, su energía inagotable y una obsesión por los detalles que le permitió alterar las reglas de juego de la industria del automóvil. Sus detractores, en cambio, le atribuyeron una forma de gestionar tan eficaz como implacable.
Con su muerte desaparece una de las figuras más singulares de la automoción europea de las últimas décadas: un ingeniero que alcanzó la cúspide de dos multinacionales, que protagonizó uno de los mayores escándalos corporativos del sector y que nunca dejó de perseguir la idea de construir automóviles bajo sello propio.
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