Menos despidos y más empleo en las fábricas de vehículos: los afectados por ERE caen un 48%
La llegada de nuevas inversiones a la industria de automoción española se está reflejando también en la mejora del empleo. Un indicador es la cifra de trabajadores afectados por regulaciones de empleo (ERE o ERTE), que cayó un 48% en el primer trimestre de 2026, en un contexto de recuperación del empleo, aumento de matriculaciones y reactivación de la producción tras reformas de calado en varias fábricas. Sin embargo, Catalunya emerge como la principal excepción a esta tendencia, con más despidos colectivos en Nissan y Ficosa, que vuelven a colocar a la comunidad en el epicentro de la reconversión laboral del automóvil.
De enero a marzo de 2026, el Ministerio de Trabajo registró 3.828 trabajadores afectados por regulaciones de empleo, casi la mitad de los 7.360 contabilizados en el primer trimestre del año anterior. La medida a la que recurren más las empresas es la suspensión temporal de contratos mediante un ERTE, con 3.407 afectados en el primer trimestre de este año frente a 7.171 en los mismos meses de 2025.
La mejora en la automoción es más intensa que la registrada a nivel global. El conjunto del mercado de trabajo también reduce la afectación de las regulaciones de empleo al bajar de 32.237 empleados con despidos colectivos o ERTE en el primer trimestre de 2025 a 24.909 en el mismo periodo de este año, lo que supone un descenso del 23% frente al 48% logrado por la industria del automóvil.
Aumento de ocupados
El descenso en los ERE y los ERTE en la automoción coincide con una mejora del empleo. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), la automoción ganó 33.900 ocupados en el primer trimestre del año, hasta alcanzar los 609.000 trabajadores entre fabricación, venta y reparación de vehículos. El rebote es especialmente significativo en la industria de fabricación, donde el empleo volvió a crecer tras un 2025 marcado por ajustes, electrificación y caída de producción. Las fábricas de vehículos y componentes pasaron de 219.500 ocupados hace un año a 229.200 en marzo de 2026. Es un aumento del 4,4% y una señal de estabilización tras años de volatilidad provocada por la pandemia, la crisis de suministros y la transición tecnológica y que contrasta con los recortes de plantilla en otros países como Alemania.
La inflexión laboral llega pese a que el sector sigue operando bajo un clima de incertidumbre geopolítica y comercial. La guerra arancelaria impulsada desde Estados Unidos, el encarecimiento energético derivado de los conflictos en Oriente Medio y la presión inversora de la electrificación siguen condicionando las decisiones industriales.
Pero las fábricas españolas empiezan a notar la llegada de nuevos proyectos electrificados en un contexto de estancamiento de la producción, aunque con subidas a la vista. La producción de vehículos en España bajó un 0,2% en los primeros cuatro meses del año tras registrar una subida del 8% en abril. Al mismo tiempo se mantiene el impulso de las ventas de coches, que crecieron un 5,8% entre enero y mayo.
Las fábricas de Seat en Martorell y de Volkswagen en Navarra son dos ejemplos de la reactivación y la electrificación de la industria. Tras las obras para reformas las líneas de montaje, las dos plantas están iniciando la producción en serie de sus primeros modelos eléctricos, lo que permite aumentar la producción y reforzar las plantillas. En el caso de Seat, la empresa contratará de forma indefinida a 450 empleados procedentes de empresas de trabajo temporal ante la consolidación de la actividad.
La reciente firma del convenio colectivo de Renault España también tiene repercusiones positivas en la actividad industrial y en el empleo. Con la adjudicación de cinco modelos nuevos a las fábricas de Valladolid y Palencia, incluyendo los primeros eléctricos, Renault se ha comprometido a aumentar la plantilla fija en 300 empleados, además de asegurar el mantenimiento de más de 6.000 con los que cuenta ya la compañía.
Ford Almussafes: el gran ERTE de transición
La gran excepción en la industria sigue siendo la planta de Ford en Almussafes. Allí continúa en marcha el ERTE más importante del sector, articulado mediante el mecanismo RED para sectores en transición aprobado por el Gobierno para amortiguar el impacto de la caída productiva hasta la llegada de un nuevo vehículo multienergía previsto para 2028.
La fábrica valenciana atraviesa una larga travesía del desierto tras la pérdida de modelos y la reorganización europea de la multinacional estadounidense. El mecanismo especial permite mantener empleo y actividad parcial, con mejores condiciones que un ERTE convencional, mientras la planta adapta instalaciones y espera la adjudicación definitiva de nuevos programas industriales.
Catalunya, la excepción
Mientras el conjunto del sector reduce expedientes, Catalunya concentra algunos de los conflictos laborales más relevantes del año. Entre Nissan y Ficosa suman cerca de 500 trabajadores afectados por procesos de ajuste en una comunidad que ya fue uno de los territorios más castigados por la reestructuración industrial del automóvil en los últimos años, precisamente con el cierre de la fábrica de Nissan de Barcelona, que dejó 2.525 despidos en 2021. Más de 1.000 de esos empleados afectados han vuelto a trabajar a la misma fábrica, pero bajo la bandera de Ebro y el grupo chino Chery.
Los empleados que mantiene Nissan en Catalunya han recuperado las movilizaciones frente a las oficinas de la empresa en L’Hospitalet de Llobregat y ante el consulado de Japón en Barcelona para protestar contra el ERE planteado por la compañía, que afecta a 211 de los 596 trabajadores que tiene la compañía en un almacén de recambios y en un centro técnico. El ajuste forma parte del plan global “Re”, con el que la compañía prevé eliminar 20.000 empleos en todo el mundo y reducir de 17 a 10 su red internacional de fábricas. Europa asumirá cerca de 900 despidos.
Necesidad de reducir los costes
El otro gran foco de conflicto se encuentra en la planta de Ficosa en Viladecavalls, su sede central heredada del fabricante de televisores Sony y reconvertida en un centro de desarrollo y producción de cámaras, sensores y centralitas para vehículos electrificados. La plantilla inició una huelga indefinida en contra del ERE con el que la empresa pretendía despedir a 172 trabajadores, una cifra que finalmente se ha reducido a 105 complementados con un ERTE para reducir temporalmente la plantilla en 38 ingenieros hasta junio de 2027. La compañía justificó el ajuste por la necesidad de “adaptar la estructura organizativa y productiva al nivel actual de actividad” en un contexto de cambios tecnológicos y variaciones de demanda en la automoción global.
El conflicto refleja el impacto desigual de la transformación del sector. Mientras algunos fabricantes recuperan empleo gracias a nuevos proyectos de electrificación, parte de la industria auxiliar afronta todavía una dura reconversión vinculada a la transición tecnológica y la competencia global. Las empresas de componentes deben adaptar producción, capacidades y plantillas a un nuevo ecosistema dominado por software, electrónica avanzada y electrificación.
El presidente del Clúster de la Industria de Automoción de Catalunya (CIAC), Josep Maria Vall, advirtió recientemente de la necesidad de los proveedores de recortar sus costes alrededor del 20% para evitar los riesgos de la pérdida de competitividad ante la llegada de fabricantes chinos a Europa.
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