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Mi vida ha estado ligada al séptimo arte prácticamente desde el principio. Algunos de mis mejores recuerdos tienen que ver, o están relacionados, con una película o con un cine, al igual que mi conocimiento de muchas ciudades se debe a la búsqueda de una determinada sala cinematográfica. Me gusta el cine sin distinción de género, nacionalidad, idioma o formato y NO creo en tautologías, ni verdades absolutas, que, lo único que hacen, es parcelar un arte en beneficio de unos pocos. El resto es cuestión de cada uno, cuando se apagan las luces.

THE GIRL WITH ALL THE GIFTS

Sea como fuere, con el estreno de la serie The Waking Dead, las cosas cambiaron de manera drástica y hoy en día resulta mucho menos extraño ver en la cartelera una película cuyo guión está basado en un apocalipsis zombi (World War Z) y/o tiene un/a protagonista que es un zombi, tal y como es el caso de la película en la que me detendré a continuación.

The Girl with All the Gifts, dirigida por Colm McCarthy según un guión de Mike Carey -autor, también, de la novela que da nombre a la película- nos plantea el siguiente escalón en la evolución humana, una vez que un “apocalipsis zombi” se desata en todo el planeta. Melanie (Sennia Nanua) forma parte de un grupo de niños nacidos después de que una infección provocada por un hongo transformara a los seres humanos en una suerte de enjambre carnívoro, colectivo e implacable y que luego empezó a recorrer las calles, los campos y cualquier rincón del mundo donde pudieran encontrar algo que devorar. Por una vez la causa de la epidemia no es fruto de una casualidad, un satélite llegado del espacio exterior, o una fuga viral de un laboratorio secreto de cualquier gobierno mundial. Esta vez es la naturaleza la que se rebela, después de tantas tropelías cometidas por los seres humanos.

Volviendo al tema de los niños que nacieron tras el brote de la epidemia, éstos también deben alimentarse de carne, humana o animal, pero, en apariencia, pueden aprender y razonar como cualquier otro niño. Solamente cuando sus instintos se desatan, se transforman en los mismos seres despiadados que rodean la base militar en la que están confinados. No obstante, Melanie es especial y una de sus profesoras, Helen Justineau (Gemma Arterton) no duda en saltarse las normas de comportamiento, espacio de seguridad y tratamiento de los allí retenidos, con tal de acercarse más a la niña. Frente a su carácter romántico y ciertamente naif está la actitud marcial del sargento Eddie Parks (Paddy Considine), y la no menos estricta, amoral y carente de la empatía que caracteriza a la profesora Justineau, la doctora Caroline Caldwell (Glenn Close), una suerte de doctora Frankenstein, empeñada en encontrar una cura que la naturaleza no está dispuesta a permitir.

Una vez que la situación da un giro radical, el heterogéneo grupo compuesto por los personajes antes citados más la incorporación de los soldados Kieran Gallagher (Fisayo Akinade) y Dillon (Anthony Welsh) deberá adentrarse en un mundo desolado y dominado no solamente por quienes ansían en convertirlos en su comida diaria, sino por el verdadero rostro de la epidemia; es decir, un enorme hongo que se ha enrocado alrededor de la BT Tower londinense, en clara alusión a su afán por comunicarse y expandirse por todo el mundo, aunque su actual estrategia no sea la más adecuada.

Es, entonces, cuando los prejuicios de cada uno, algunos más que otros, todo sea dicho, deberán adaptarse y tratar de buscar puntos en común, aunque la que mejor lleva toda aquella situación sea Melanie. Ella es una niña 1.5, al igual que lo es el hijo de Rick Grimes, Carl -padre e hijo, ambos protagonistas de la serie The Walking Dead. Son niños nacidos y/o criados en un ambiente nuevo y, al revés que sus progenitores, tienen la capacidad de adaptarse mucho mejor y más rápido a lo que les rodea. Al final, será la niña la que les enseñe las normas de uso de este nuevo mundo, demostrando mayor humanidad, ética y lealtad que la que normalmente hacían gala sus antecesores en el planeta.

Todo esto no es de extrañar, dado que Melanie no posee los mismos referentes que sus otros compañeros de viaje y, por mucho que éstos traten de adaptarse, este nuevo mundo ya no es un lugar en el que se puedan desenvolver con la misma soltura que demuestra la niña. Por añadidura, la sombra de la infección y su virulenta expansión, antes comentada, terminará por socavar las esperanzas del grupo que acompaña a Melanie durante sus primeros pasos en el que será su nuevo mundo, olvidadas ya las paredes de la celda en donde creció y empezó a pensar por sí misma.

The Girl with All the Gifts se diferencia de las clásicas películas de zombis no sólo en que la protagonista principal es un zombi -y no se dedica a comerse a sus compañeros de reparto-, sino porque nos muestra lo que pasaría después del tantas veces comentado apocalipsis zombi, en un mundo donde una nueva raza de seres humanos, llámense mutantes, llámense lo que se quiera, reclama su lugar en este nuevo escenario. Normalmente, se da por supuesto que, tras un suceso de estas características, los supervivientes, humanos, deberían atrincherarse y/o limitarse a vagar por los restos de la civilización, tal cual refleja Robert Kirkman en su serie gráfica -los que caminan NO son los zombis sino los humanos, “muertes vivientes”, en palabras del personaje principal, Rick Grimes- pero el plantear una evolución en la especie que la haga merecedora de un lugar en este nuevo escenario es novedoso, diferente y acorde con los tiempos que corren.

Mike Carey, en su doble papel de guionista y autor de la novela original, aprovecha el trasvase para plasmar, como suele ser habitual, la grandeza y la miseria que rodea a toda existencia humana, pero, en realidad, tampoco es que se ensañe demasiado con los defectos de la especie. Lo que le interesa son los modos y las maneras que regirán el mundo en el que Melanie y aquéllos que son como ella tendrán mucho que decir.

Sólo espero que esta producción, así como la novela en la que está basada, logre sortear los prejuicios que aun rodean a las películas y/o novelas de género y The Girl with all the gifts goce del favor de un público que, a poco que le dé una oportunidad, no se sentirá defraudado con lo que luego verá, tras apagarse las luces de la sala.

© Eduardo Serradilla Sanchis, 2017

© 2017 Poison Chef, BFI Film Fund & Altitude Film Sales

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Mi vida ha estado ligada al séptimo arte prácticamente desde el principio. Algunos de mis mejores recuerdos tienen que ver, o están relacionados, con una película o con un cine, al igual que mi conocimiento de muchas ciudades se debe a la búsqueda de una determinada sala cinematográfica. Me gusta el cine sin distinción de género, nacionalidad, idioma o formato y NO creo en tautologías, ni verdades absolutas, que, lo único que hacen, es parcelar un arte en beneficio de unos pocos. El resto es cuestión de cada uno, cuando se apagan las luces.

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Publicado el
9 de febrero de 2017 - 09:00 h

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