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El cambio climático pone en peligro el consumo de agua potable en Fuerteventura

El volumen de agua que se desala en Fuerteventura pero no se factura se aproxima al 50% ante las carencias de las infraestructuras, que amenazan las garantías del suministro de agua potable en una de las islas más desérticas del Archipiélago

Al aumentar las pérdidas de agua por el calentamiento global, es necesario desalar más para suministrar a la población, por lo que se incrementa también el consumo de electricidad y la contaminación que se produce para generarla

La gestión de los residuos sigue siendo un problema, aunque el porcentaje de personas que no recicla plásticos ni latas ha descendido en un 18% desde 2015

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Imagen de archivo del cielo de Fuerteventura en un día de altas temperaturas.

Imagen de archivo del cielo de Fuerteventura en un día de altas temperaturas. Carlos de Saá

Fuerteventura se enfrenta a la que está considerada ya como la principal amenaza para el ser humano en este siglo: el calentamiento global y el cambio climático. Este fenómeno, sumado a las carencias de las infraestructuras para la desalación de agua, ponen en peligro la gestión de agua potable en una de las islas más desérticas del Archipiélago. De este modo, se trata de uno de los efectos más devastadores que amenazan al territorio majorero.

 La preocupación por la urgencia climática, a escala planetaria, ha entrado también en la agenda política de la Isla y la lucha contra el cambio climático tiene por primera vez rango de consejería en el Cabildo majorero. Su responsable, Marlene Figueroa (PSOE), destaca que es preciso dar una respuesta al desafío que supone el cambio climático. La institución insular también introduce en su estructura otro concepto hasta ahora poco habitual en la política local: la economía circular. Supone un cambio de paradigma, persigue “cerrar el ciclo de vida de los productos” y reducir al mínimo la generación de residuos.

Para desarrollar una estrategia propia hace falta tener datos. En el caso de Fuerteventura, no es que no existan, pero no son de fácil acceso y no se pueden consultar en un portal específico. Desde mediados de la década pasada no se publica un anuario estadístico de la Isla. El último fue en 2006 y tenía diez capítulos. El primero estaba dedicado a los indicadores sobre territorio y clima. Presentaba, como novedades, los datos sobre insolación o la posibilidad de comparar climatológicamente la costa Este y la Oeste. No era mucho, pero era algo. En los últimos años, Fuerteventura se ha quedado atrás en el diagnóstico de sus indicadores más relevantes, mientras que otras reservas de la Biosfera ya tienen cierto recorrido en ofrecer soluciones locales ante el reto del cambio climático.

La Isla ha aumentado su población en los últimos dos años y ha superado los 113.000 residentes. Hace apenas un lustro era al revés: tenía unos 7.000 habitantes menos y perdía población. En cambio, el parque de vehículos no ha dejado de crecer: más de 11.000 en una década. En la Isla hay 73 vehículos por cada 100 habitantes y, por ahora, el uso de automóviles eléctricos o híbridos todavía es modesto, mientras que el transporte público se reduce a ciertos segmentos de población y su utilización no es generalizada.

En un taller reciente sobre el impacto de la humanidad en el planeta, organizado por la Fundación César Manrique, se ofrecieron numerosas evidencias de los cambios que ya se están produciendo y de la necesidad de ser parte activa de los cambios que hay que llevar a cabo en la sociedad y en la política. Por ejemplo, desde 2008 hasta hoy hemos emitido tanto dióxido de carbono como los dos primeros siglos de industrialización. Otro dato: el Planeta tardó mil años en que aumentara su temperatura media en un grado centígrado. El siguiente grado centígrado que ha aumentado lo ha hecho en solo sesenta años. Y otro: los diez años más cálidos de la historia, desde que hay registros, pertenecen al siglo XXI. Uno de los ponentes, José Luis De Vicente fue comisario de la exposición ‘Después del fin del mundo, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona’, y aseguró que surgió de preguntarse que “si el cambio climático es lo más importante que nos pasa, por qué parece que no nos importa, por qué nos comportamos como si no fuera verdad”.

Imagen de archivo del oleaje de Fuerteventura.

Imagen de archivo del oleaje de Fuerteventura. Diario de Fuerteventura

 

En Fuerteventura, aún no hay respuesta para esa pregunta. Canarias va atrasada, o “desprotegida frente a la emergencia social del cambio climático por la inacción” del anterior Gobierno autonómico, como señalaba en un informe el responsable de poner en marcha un Observatorio sobre el cambio climático que no llegó a arrancar en el pasado mandato. Canarias es de las pocas comunidades autónomas que no tiene un organismo dedicado exclusivamente al cambio climático. Desde 2012, cuan- do desapareció la Agencia Canaria de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, no hay un organismo de este tipo en el Archipiélago que im- pulse las políticas conjuntas contra el cambio global. El nuevo presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres (PSOE), ha anunciado la creación de una Ley canaria de lucha contra el cambio climático y la implementación en el futuro de una tasa turística que revierta en la mejora del paisaje.

No obstante, en Fuerteventura algo se empieza a mover. Además de la creación de la Consejería de Cambio Climático, el próximo 27 de septiembre, la Isla se une a la iniciativa mundial contra el calentamiento global que plantea el movimiento de jóvenes estudiantes Fridays for Future, impulsado por la joven sueca Greta Thunberg. Ese día se hará una marcha por el clima que recorrerá Puerto del Rosario, entre la Delegación del Gobierno y Playa Chica. A la organización de la marcha se han sumado Oasis WildLife Fuerteventura y la fundación Chekipa, junto a diversos medios de comunicación y empresas hoteleras, del sector primario, asociaciones y organizaciones sin ánimo de lucro como Limpiaventura o el Consejo de la Juventud de Canarias. La semana previa al acto se denominará Semana de acción por el clima y se llevarán a cabo distintas actividades y talleres.

Problemas y medidas

Desde el punto de vista institucional queda mucho por hacer. Para atajar el cambio climático hay dos tipos de medidas que se pueden poner en marcha de forma inmediata: medidas que mitiguen el cambio, que supongan una reducción de emisiones, y medidas de adaptación al nuevo escenario que va a llegar. En Fuerteventura, como en otras Islas, sí se ha avanzado algo en el desarrollo de energía eólica, aunque se ha retrasado su puesta en marcha, pero, por contra, se está peleando contra un proyecto de línea de alta tensión sobredimensionado, que desde el Cabildo se ha entendido que no encaja con los parámetros de desarrollo sostenible. Las Islas tienen una elevada huella de carbono al quemar hidrocarburos para generar más del 92% de la energía que se consume.

La gestión de los residuos sigue siendo un problema, aunque se aprecia más concienciación. En 2015, 28 de cada 100 majoreros aseguraban que no reciclaban nunca plásticos y latas, mientras, que ahora, ese porcentaje se ha reducido al 18 %. Si hace cuatro años eran 54 de cada 100 los que decían que reciclaban siempre estos envases, ahora son 66 de cada 100, según la Encuesta de condiciones de vida de los hogares canarios.

La gestión del agua potable supone un problema aún mayor. Según la información que ha trascendido del Consorcio de Abastecimiento de Aguas a Fuerteventura (CAAF), el volumen de agua que se desala, pero no se factura, se ha ido aproximando, en los últimos años, al 50% y los informes internos del organismo advierten de un “considerable aumento de las pérdidas”. Unos informes solicitados por el hoy vicepresidente segundo del Cabildo, Andrés Briansó (Podemos), reconocen que las infraestructuras de desalación y de conducción de agua potable en Fuerteventura están obsoletas y que, por tanto, hacen falta inversiones de forma urgente para garantizar el suministro de agua potable en toda la Isla. La ecuación es clara: si aumentan las pérdidas de agua es necesario desalar más para suministrar a los abonados, por lo que se incrementa también el consumo de electricidad y la contaminación que se produce para generarla.

Los riesgos en la costa 

En el Archipiélago, según los investigadores del Instituto de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, entre 1927 y 2017 el nivel del mar se ha incrementado en 17 centímetros. Por cada centímetro que sube se pierde un metro de playa. El estudio de la universidad apunta también que desde 1983 hasta 2017 la temperatura media del océano en las Islas ha subido un grado centígrado.

El riesgo del cambio climático sobre el litoral está formado por tres aspectos: peligrosidad, exposición y vulnerabilidad, y sobre los tres se puede actuar. En Canarias, el factor dominante es el cambio del oleaje. Según el ingeniero Íñigo Losada, que realiza trabajos de consultoría para adaptar las zonas de costa a los efectos del cambio, en Canarias las olas extremas serán más extremas y habrá un cambio en su dirección que erosionará diques y espigones.

Además, en las Islas hay una gran exposición y vulnerabilidad y se ha incrementado el riesgo por la ordenación territorial, por lo construido en la costa. Habrá más oleaje en el sur de cada una de las Islas, mayor probabilidad de ciclones y efectos en las infraestructuras que se han diseñado mal o no se han mantenido bien. “Canarias es, probablemente, la comunidad autónoma con mayor riesgo en su costa”, asegura Losada.

Es de las regiones más vulnerables, el aumento medio del nivel del mar “no hay quien lo pare” y la adaptación va a ser necesaria hasta en el escenario más favorable. “Es más barato adaptarse que reparar los daños”, dice. Losada señala a quienes tienen que hacer algo ante esta situación: todas las administraciones, desde las estatales a las locales, pero también las empresas.

Entre los riesgos climáticos que se contemplan en las estrategias contra el cambio climático elaboradas para otras Islas, que se pueden extrapolar a Fuerteventura, estarían los fenómenos meteorológicos y oceanográficos adversos, como olas de calor extremo, un aumento gradual de las temperaturas mínimas y aumento de frecuencia en las temperaturas máximas, lluvias torrenciales, mayor erosión, incremento del nivel del mar y afección sobre el litoral, incremento potencial en la frecuencia de formación de tormentas tropicales, modificación de la orientación de los vientos, mayor presencia de polvo sahariano y un aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.

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