El primer Congreso de Paisaje de Canarias debate sobre retos como su protección o el impacto del turismo
“Hay que normalizar el conflicto en la gestión del paisaje, pues todos los intereses son legítimos”. Así lo ha asegurado este miércoles el director del Plan de Ordenación del Territorio del Litoral de Galicia, Manuel Bodorio, en el transcurso de su ponencia dedicada al paso “del plan al proceso” en la segunda jornada del I Congreso de Paisaje de Canarias.
“La gestión del paisaje no puede ser entendido sin las personas que lo habitan y además todos los intereses que confluyen en el paisaje son legítimos”, ha insistido Bodorrio.
El director del Plan de Ordenación del Territorio del Litoral de Galicia considera que la sociedad asiste al “tránsito de la mirada sobre el paisaje”, pues en la actualidad se va de la forma a la función, de la técnica a la ética, de la razón a la intuición, de la norma al acuerdo y, sobre todo, de lo impuesto a lo propuesto.
“Somos el paisaje que habitamos”, apostilló Bodorio, que agregó que “planificar es evitar la incertidumbre”, pero esta acción debe partir del profundo conocimiento del entorno.
En el caso del litoral de Galicia, arrancó con un centenar de personas recorriendo sus 2.555 kilómetros de costa, para extraer lo que debe ser protegido (el 25 por ciento), gestionado (el 62 por ciento) y repensado (el 13 por ciento) y así obtener la base en la que asentar el planeamiento.
Aprecio por lo antiguo, pero no por lo viejo
La presidenta de la Asociación Española de Geografía, Asunción Blanco, reivindicó lo que su disciplina puede aportar al ámbito de la gestión paisajística y centró su charla en analizar qué huellas del ser humano hay que proteger, cuáles gestionar y cuáles eliminar, lo que se encuentra con la paradoja del aprecio por lo antiguo, pero no por lo viejo, que a su vez puede tener valor para generaciones futuras.
La importancia de algunos entornos se basa en intervenciones que se realizaron porque no se valoró su impacto visual. Son construcciones que sería impensable ejecutar hoy en día y que, sin embargo, son un emblema y un atractivo de enorme valor, como sucede con el impresionante Puente Nuevo del siglo XVIII de Ronda o las Médulas de León, la mayor mina de oro romana a cielo descubierto, que, aunque parece una formación geológica natural, en realidad es el resultado de la “destrucción” que sufrieron las montañas para la extracción del preciado mineral.
No sucede lo mismo con infraestructuras de las últimas décadas. Si bien Francia tiene el concurso del Paisaje más Feo, España también tiene lo suyo recogido en un libro del fotógrafo Andrés Rubio, cuya portada es el abandonado hotel Algarrobico en la playa de las Carboneras, con lo que representa la incidencia del turismo, que se nutre y afecta al paisaje.
Pero ¿qué restos industriales hay que llevar de los escombros al patrimonio? Se puede decidir ocultar cicatrices, resignificarlas o incluso renaturalizarlas, pero todo depende de cada caso. Porque una infraestructura sea de las últimas décadas no necesariamente hay que destruirla. De hecho hay preguntas sin respuesta, pues la población asiste al debate que genera la implantación de parques eólicos y solares, pero no hay manera de saber si los aerogeneradores actuales pueden ser emblemáticos en el futuro.
Aun así, considera que turismo y paisaje pueden convivir con una adecuada planificación y con criterios que surjan del diálogo y de la integración de disciplinas tan dispares como la geología y la arquitectura, en un perfil poliédrico que también ha protagonizado el diseño de este encuentro, organizado por el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP) con el apoyo del Gobierno autonómico y de las universidades públicas canarias. Se celebra desde este martes en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
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