El primer congreso del paisaje de Canarias radiografía la Macaronesia
La Macaronesia lleva cinco siglos registrando erupciones volcánicas a un ritmo de una cada diez años. Cincuenta en total desde la conquista. El dato, lanzado por el biólogo Lázaro Sánchez Pinto en la apertura del primer Congreso del Paisaje de Canarias, sirvió de umbral para un viaje geológico, político y paisajístico que recorrió desde los fondos marinos de las Islas Salvajes hasta las vallas publicitarias del corredor sur de Gran Canaria.
Canarias, Azores, Madeira, Cabo Verde e Islas Salvajes, las treinta islas que componen la región, no se desgajaron de África ni son los picos de ninguna Atlántida sumergida. Fueron forjadas por el fuego y cinceladas por la erosión. La más joven del conjunto, es Pico, en las Azores y tiene apenas 270.000 años. La más anciana, Sal, en Cabo Verde, acumula 25 millones de años. Fuerteventura, con 23 millones de años, ahora a duras penas supera los 807 metros en el Pico de la Zarza, pero en su día llegó a elevar sus cimas hasta los 2.500 metros de altitud.
“Con 14.600 kilómetros cuadrados, la región alberga un millar de especies vegetales endémicas. Una auténtica barbaridades” sentenció Sánchez Pinto, pupilo de Telesforo Bravo e investigador invitado de los museos naturales de Londres y Berlín.
El volcanismo no solo creó. También destruyó y sigue haciéndolo. Los estratovolcanes, construidos capa a capa durante siglos sobre un mismo punto, ofrecen algunas de las imágenes más rotundas de la Macaronesia: el Pico azoreño con sus 2.350 metros y el cono que los locales llaman piquiño; el Fogo caboverdiano, que en 2014 enterró bajo sus lavas los viñedos y las casas de quienes habían aprendido a cultivar en sus arenas volcánicas; o el Teide, cuyas “narices” nacieron en 1798 sobre los restos de un edificio que colapsó hace 200.000 años.
Salvajiña, la primera en desaparecer
El nivel del mar sube y las islas más bajas pagan el precio primero. Salvajiña, un islote de apenas diez hectáreas perteneciente a las Islas Salvajes, ese archipiélago portugués al norte de Canarias que la mayoría de los canarios conoce sólo de oídas, será la primera isla macaronésica en desaparecer. Le sobrevivirá su hermana Salvaje Grande, de 2,3 kilómetros cuadrados y 49 metros de altitud, aunque también verá reducirse su horizonte.
El dato conecta con otra revelación cartográfica que aportó Sánchez Pinto: hace 20.000 años, el nivel del mar era 120 metros más bajo que el actual. Lanzarote y Fuerteventura formaban entonces casi un único territorio, y el archipiélago canario estaba aún más cerca de Tarfaya, en la costa africana.
Lanzarote frena a las grandes eléctricas
De la geología a la política energética el salto fue inmediato. El consejero de Política Territorial del Cabildo de Lanzarote, Jesús Machín, llegó a su cargo en 2023 para encontrarse con que los enclaves más emblemáticos de la isla, (el parque natural de La Corona, La Geria, el archipiélago Chinijo) carecían de instrumentos de ordenación. Pero lo más urgente no era eso. Era otra amenaza.
“El peligro extremo” en palabras de Machín es que las grandes operadoras energéticas impongan la penetración de las renovables de un modo contrario al espíritu de la sociedad lanzaroteña. La postura del Cabildo es nítida: “todo lo que ha penetrado es público” y el impacto del autoabastecimiento puede asumirse, pero no el de generar energía para exporta
El espejo balear y la ecotasa que Canarias aún no tiene
El arquitecto Miguel Vadell Ballaguer, director insular de Política Territorial del Consell de Mallorca entre 2015 y 2023, llegó al congreso con la tarea incómoda de comparar dos archipiélagos que a menudo se miran de reojo. Su primera observación fue cultural: el sentimiento de archipiélago que vertebra la identidad canaria, esa conciencia de pertenecer a algo mayor que una sola isla, le resulta “impensable” en Baleares, donde la mayoría de los habitantes se identifica con su isla y con ninguna más.
Lo ilustró con una cita: “Quevedo canta que vive en Canarias. Nadie vive en Baleares.” La sala lo recibió como lo que era: una afirmación tan simple como cargada de implicaciones políticas y paisajísticas.
En lo material, Baleares lleva diez años aplicando la ecotasa, oficialmente, Impuesto al Turismo Sostenible, con una horquilla de entre 0,5 y cuatro euros diarios según la temporada y la categoría del alojamiento. El resultado en 2025: 134 millones de euros finalistas para invertir en territorio. El debate ahora es si parte de ese dinero puede y debe ir a vivienda, dado que la crisis del alquiler es también un efecto directo del turismo y del mercado inmobiliario que genera.
Suturas en Gran Canaria, cirugía en Tenerife
El recorrido por las islas canarias en el congreso fue también un catálogo de heridas y de remedios. En Gran Canaria, la consejera de Política Territorial Inés Miranda describió una década de trabajo para retirar cientos de toneladas de escombros, plásticos de invernaderos abandonados y vallas publicitarias del corredor que une la capital con el sur. A ese programa de pequeñas intervenciones consensuadas con cada núcleo afectado, uniformización de fachadas, reposición de muros de piedra, lo denominan “suturas”.
Tenerife prefiere llamarlo “cirugía” paisajística. La directora insular de Planificación Territorial del Cabildo sumó a esa estrategia el Plan de Senderos de la isla, un inventario de vistas singulares y proyectos para reintroducir la naturaleza en el entorno urbano.
Entre una y otra isla, el congreso, organizado por el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP) con apoyo del Gobierno autonómico y las universidades públicas canarias, dejó una conclusión implícita: el paisaje no es un escenario. Es un campo de disputa.
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