El triple de Helios

El triple de Helios

Leandro Betancor Fajardo

6 de junio de 2021 11:52 h

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Apenas quedaban segundos para que el partido terminara y nuestro equipo tenía la última posesión. 

El baloncesto, como el resto de deportes de equipo, no tiene ciencia. Tiene táctica, estrategia... talento. Pero cuando apenas quedan doce segundos en el reloj de tiro y vas perdiendo de dos puntos es obvio que lo que necesitas es hacerle llegar la pelota a tu mejor tirador y confiar que la meta de tres. 

En aquel partido nos iba algo más que ascender de categoría. Por nuestra victoria, imposible para la mayoría, se pagaba una fortuna en la central de apuestas de Guanarteme. Y sin decirnos nada, mi padre, que tenía esa enfermedad que destroza familias enteras que es la ludopatía, se lo había jugado todo a nuestra victoria. Lo supe cuando al llegarme el balón a falta de nueve segundos lo vi en la grada y, al ver que lo miraba, echó mano del bolsillo de su camisa y aireó sus recibos de apuestas. 

Miré al cielo resignado hasta encandilarme totalmente con la luz del sol de mediodía. El reloj seguía cayendo y a falta de dos segundos lancé la pelota hacia el aro. El balón bajaba desde la mismísima órbita de Helios. Sólo pude ver la cara de mis contrarios siguiendo su estela  hasta que entró, limpio, haciendo sonar aquella red de cadenas como si fueran las de un preso   cuando lo liberaban  en una película. 

El triple de Helios les dejó mudos. 

Mi padre saltó al campo a abrazarme aunque mi abrazo no fue correspondido en su totalidad hasta que dijo que ese dinero era para la clínica de desintoxicación. 

Hasta para salvarse la vida uno hay que apostar, hijo”, fueron sus palabras.

Hoy es él quien nos entrena en primera regional. Está curado del todo y yo soy el nuevo tirador del equipo. 

Aquel triple cayó del cielo para derretir toda la mierda de nuestras vidas. 

Hemos pedido  jugar siempre a las doce del mediodía.

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