Una vacuna que vale un plato de papitas arrugadas

Doria Ramos González (i), primera persona en Canarias en recibir la vacuna contra la Covid-19, que se la ha suministrado la enfermera Vanesa Castilla Martín (d) en el Hospital Nuestra Señora de los Dolores de Santa Cruz de Tenerife. EFE/Ramón de la Rocha

Efe / Ivone Palenzuela

La Laguna —

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Doria Ramos González ha hecho historia a sus 84 años al ser la primera persona en Canarias en recibir una dosis de la vacuna contra la covid-19 y tiene un sencillo deseo para cuando le administren la segunda dosis dentro de 21 días: visitar a su hermana y compartir con ella “un plato de papitas arrugadas”.

El Hospital Nuestra Señora de los Dolores, en La Laguna, ha sido el primer centro del archipiélago en comenzar la campaña y durante los próximos días el noventa por ciento de sus residentes se vacunarán e iniciarán el camino para hacer realidad esos pequeños placeres como tener la libertad de compartir después de tantos meses una merienda con sus familiares.

Los más afectados por esta pandemia, los mayores, han dado un paso adelante muy relevante este domingo y lo han hecho de la mano de aquellas que les han acompañado en este año tan complicado, enfermeras como Vanesa Castilla, la encargada de adminsitrar esta primera vacuna.

Nunca una guerra se ganó con un ejército más entrañable y con unos objetivos tan sinceros como volver “a darnos besos y abrazos”, que es lo que quiere para sus pacientes Vanesa Castilla.

Estas dos mujeres han escrito un renglón más en la historia de Canarias y lo han hecho ante la expectación del resto de usuarios de la residencia, que se asomaron para no perderse el momento.

También los vecinos de la Urbanización el Gramal, situada frente al centro, han querido desde sus ventanas conocer a la señora más famosa de este mediodía en las islas.

“Me he sentido bien, no he notado nada, según entré, salí”, ha dicho Doria en un breve encuentro con periodistas en el que ha aprovechado para decirle a aquellos que no quieren vacunarse que “se dejen de tanta tontería”.

De hecho, durante los últimos días se ha encargado de transmitir a sus compañeros de residencia la importancia de este acto y ha insistido en que esto nos sirve “para salir hacia adelante”.

Ella afirma que no ha tenido miedo y que desde el primer día que la pandemia atizó a Canarias tuvo claro que se iba a vacunar, pero con esa certeza de Doria ha convivido también la inseguridad de otros usuarios.

Y no es para menos porque estos mayores han vivido una escena surreal en este 2020 y han sido “los grandes perdedores de toda esta situación” y eso es algo que Vanesa Castilla ha sentido de cerca debido a su puesto como enfermera de enlace del centro de salud de Ofra, en Santa Cruz de Tenerife.

La profesional sanitaria se presentó como voluntaria para administrar las vacunas por ese vínculo que tiene tras llevar muchos años dedicándose a los mayores, si bien, en el primer momento pensó: “ay mi madre, a ver si la lío”. Ahora considera que esto ha sido “un rayito de luz”.

A esa esta pizca de esperanza que ha nacido este domingo en las residencias de mayores de Canarias se aferran Doria y Vanesa, pero también Araceli, Mónica, Consuelo, Bernadina, Begoña, Nicanor, Josefa, Francisco o Nieves.

La esperanza de los mayores y de las personas que les cuidan, personas que tachan en el calendario el tiempo que resta para sentarse a degustar un plato de “papitas arrugadas” con sus seres queridos. 

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