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El incendio y otros incendios

La gestión que de los incendios forestales en Gran Canaria ha hecho el recién estrenado presidente Torres puede calificarse de sobresaliente, especialmente por la abundante información

El partido de la canariedad, de las señas de identidad, de lo nuestro y el riqui-raca parece haber sido consumido por las llamas de la política

El incendio en Coalición Canaria sigue sin estar perimetrado y amenaza con arrasarlo todo ante la estampida de los que han conseguido conservar cargos de relevancia

Antonio Morales, Federico Grillo y Ángel Víctor Torres. (EFE)

Antonio Morales, Federico Grillo y Ángel Víctor Torres. (EFE)

Los que no creyeron nunca que Ángel Víctor Torres tuviera capacidad para hacerse con las riendas de un Gobierno lastrado por la inercia de 30 años de Coalición Canaria, han terminado por descubrir con la gestión de los graves incendios de Gran Canaria que el hombre tiene madera de líder. Ha ofrecido abundante información, incluida la más ingrata; ha dado la cara en todo momento y, si no fuera porque resultaría imposible, en cada comparecencia parecía como si acabara de soltar la manguera para sentarse ante los micrófonos a informar.

Puede que esas capacidades se la haya dado a Torres la vocación de alcalde que dice que no se le ha quitado, la que le ha permitido dirigirse con naturalidad a las vecinas y a los vecinos de los pueblos y pagos que se han visto obligados a abandonar sus casas por el peligro que representaba el fuego, la misma capacidad que le permite tratar con igual cortesía a los ministros de su partido que al líder de la oposición, por más oportunistas que pudiera haber sido sus visitas.

A su lado, un sorprendente Federico Grillo, alto funcionario del Cabildo de Gran Canaria, complementaba al presidente Torres a la perfección con la descripción más técnica de lo que iba ocurriendo, sin saltarse las expresiones más difíciles de digerir por la ciudadanía, como las zonas de “hombre muerto” o la manera de explicar que en determinados momentos durante la extinción de un fuego lo mejor es dejarlo que camine y atacarlo por detrás. Dentro de la tragedia -especialmente ambiental- puede considerarse lo mejor que ha ocurrido, si exceptuamos, claro, el parque temático en que se convirtió la Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria con las maniobras de recarga de agua de los hidroaviones que envió el Estado a sofocar el terrible incendio, una presencia que volvió a desatar el debate sobre la conveniencia de que se instale en las Islas una base de estos apagafuegos para ahorrarnos el tiempo que tardan en llegar desde la Península la próxima vez que la cosa se ponga chunga.

Un debate desde luego complejo que requiere sosiego y muchos conocimientos, visión amplia de las nuevas realidades de los fuegos como consecuencia de los efectos del cambio climático y, muy probablemente, la búsqueda de nuevas soluciones que permitan una mejor prevención y una más eficaz vigilancia para conseguir la más óptima de las respuestas, tanto en las tareas de extinción como en la búsqueda de posibles responsables.

Legislar en caliente, como anuncian personajes públicos como Pablo Casado, solo conduce a la crispación (cuando no a encender los fanatismos), a un incremento de la desinformación y finalmente a la frustración. Que el líder del Partido Popular no haya sabido distinguir entre incendio provocado e incendio intencionado a la hora de anunciar que va a pedir prisión permanente revisable para los terroristas ambientales dice más bien poco de los conocimientos de quien amenaza con convertirse en el próximo presidente del Gobierno si finalmente Pedro Sánchez termina convocando elecciones en noviembre, como parece que pretende.

Casado estuvo este miércoles en Gran Canaria, y este jueves hará lo propio Pedro Sánchez, al que han precedido dos de sus ministros, el de Agricultura y la de Defensa, visitas todas ellas bastante criticadas por ese público municipal y espeso al que repugnan las fotografías de políticos en el escenario de la tragedia o, como es el caso de otros, que hasta rechazan que la prensa nacional refleje lo ocurrido por la mala imagen (sic) que nos puede proporcionar.

Es bastante conveniente que la prensa nacional refleje nuestras realidades y que, seguramente fruto de esas noticias, los políticos nacionales se dejen caer por aquí y prometan el maná para aliviar la situación creada. Lo que no es de recibo es venir a decir disparates y quedarse tan campante.

Poco se puede esperar de un líder de la oposición conservadora que, en su primera visita de campaña, soltó aquello de que cuando sea presidente nos jincará aquí la sede del Africom, el comando de los Estados Unidos para las intervenciones militares en África. Aquí, en la comunidad autónoma que votó no a la entrada en la OTAN y que ha sido declarada en diversas instituciones zona de paz. Y todas esas cosas del buenismo que la derecha deplora.

De los que nada se ha sabido en esta crisis incendiaria es de los de Coalición Canaria, más allá de los consabidos tuits de solidaridad y ánimo a la gente y a las fuerzas y cuerpos de emergencia y de seguridad del Estado. El único senador de Coalición Canaria, Fernando Clavijo, que sabe lo que es lidiar desde el puesto de presidente con un incendio de alto voltaje, no ha pisado Gran Canaria para interesarse por la cuestión, y los dos diputados de CC en la isla, Pablo Rodríguez y Lucas Bravo de Laguna (del tercio derechoso del invento) deben estar aún recuperándose de las duras vacaciones. Nada tampoco de las dos diputadas nacionales, que como el resto del Congreso, están en posición de descanso.

Debe ser que en CC huyen de los incendios ajenos para poder ocuparse de los suyos propios porque en el partido que parecía imbatible ya se empiezan a apreciar diversos conatos de cierta magnitud derivados de la pérdida del poder que creían eterno. Hasta en la isla de Tenerife, donde ATI siempre ha sido un bloque inquebrantable, se detectan fisuras. La principal de ellas, la que encabeza el exalcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, que ha pasado de sueldazo, privilegios y canonjías a cobrar el paro obrero, gracias sobre todo al desprecio que él y su partido tuvieron siempre por los concejales de la oposición, privados de cualquier tipo de emolumento distinto a las dietas por asistencia a plenos y comisiones.

Bermúdez pretendía la plaza de senador por la Comunidad Autónoma que finalmente le levantó Clavijo para poder aforarse ante el Tribunal Supremo y defenderse de otro modo de los grúas y reparos. Con lo que quien tenía el puestazo de presidente del Grupo Parlamentario lo ha dejado a él en la más absoluta indigencia institucional.

Pero no solo en Tenerife huele a chamusquina. Lo sectores más progresistas de Coalición Canaria en toda las islas hacen sus cuentas y avisan de que no permitirán ni una sola carantoña con la derechona canaria ante los cantos de sirena lanzados por el PP a través de su invento Suma. Y ojo con los herreños de AHI, que vuelven a replanteárselo todo de nuevo.

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