Al sur de la Patagonia Chilena: qué ver en la Región de Magallanes
La Patagonia tiene dos caras muy diferentes. Del lado argentino, el verde de los bosques alcanza apenas donde las nubes que atraviesa la cordillera llegan después de cruzar las alturas. En el viaje, las rocas las ordeñan hasta la extenuación en un tránsito de picos que, en algunos tramos, superan los 5.000 y hasta los 6.000 metros de altura. Por eso las nubes que pasan al lado argentino están ya exhaustas y apenas dan para regar las vertientes del otro lado y algunas colinas previas a las inmensas planicies patagónicas. El agua se queda del lado chileno; y por eso en la cara que da al Pacífico florecen los bosques lluviosos, las praderas verdísimas y los torrentes prodigiosos. Del otro lado la mayor parte del agua que va a parar al Atlántico es fruto de los deshielos o del incesante troceado de los famosos glaciares del Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las concentraciones de agua dulce congelada más grandes del planeta. Pero del lado de Chile, el agua riega a mansalva los campos creando un espectáculo difícil de olvidar.
De la mar a las cimas andinas hay apenas un paso; y las montañas, en muchos tramos de costa, se hunden en muros verticales en el mar creando un paisaje dominado por fiordos (senos los llamaron los españoles). Los paralelismos con las costas escandinavas son evidentes. La misma fuerza, los mismos resultados. Los hielos escarbaron estos valles en un trabajo de paciencia que duró milenios. Al retirarse a las alturas dejaron a la vista este laberinto de tierras y aguas donde el mar da paso al bosque para, en poco rato, dejar vía libre a las nieves y los hielos. Este es uno de los rincones más bonitos del mundo. Y tenemos la suerte de conocerlo bastante bien. La mejor manera de explorar esta parte del mundo es desde Punta Arenas, capital de la región Magallánica chilena. Es una ciudad extraña. Tiene algunos edificios notables que pretenden darle una apariencia europea; pero más allá de la Plaza de Armas, la madera y la chapa se hacen protagonistas de un paisaje urbano que pone de manifiesto el carácter de frontera del lugar.
Hay aquí varias cosas que ver: el soberbio y parisino Palacio Sara Braun (Benjamín Muñoz Gamero, sn), testigo de la epopeya de los pioneros que llegaron hasta aquí gracias al negocio ganadero; La Casa Braun Menéndez (Magallanes, 949), otro palacio brutal que hoy alberga el museo de historia de la región; la colección arqueológica del Museo Baggiorino Borgatello (Manuel Bulnes, 336) –una maravilla centrada en las culturas aborígenes de la zona- o ir a tocar el pie pulido de la gigantesca escultura del indio que adorna el Monumento a Fernando de Magallanes de la Plaza Mayor. A primera vista, todo se concentra en tres o cuatro cuadras. Apenas estos sitios, bajar a la Costanera y poco más. Pero sería un error no pasar aquí una o dos noches. El ambiente nocturno de la ciudad es hasta melancólico; una de las cosas que más nos sorprendieron de las ciudades patagónicas chilenas es la bruma y el intenso olor a madera quemada de sus noches. Aquí las estufas de madera siguen siendo una de las principales herramientas de cada casa para combatir el frío. Y eso se deja notar en las calles.
¿Qué otras cosas ver cerca de Punta Arenas? A dos pasos del centro está el Museo Nao Victoria (Juan Williams, sn; camino viejo a Río Seco), un curioso centro en el que se recrean a escala 1/1 varios barcos que fueron importantes en la historia del lugar: La Nao Victoria de la flotilla de Magallanes; la Goleta Ancud (con la que Chile garantizó la soberanía sobre esta zona); el bote de rescate del intrépido Ernest Shackleton y la que, por ahora, es la única réplica del HMS Beagle, el bergantín en el que dio la vuelta al mundo Charles Darwin. Si eres un amante de los barcos, como nosotros, el lugar es muy lindo de verse. Y vas alucinar cuando sepas que todos los barcos son obra de un solo carpintero de ribera. Otro lugar que hay que ir a ver desde Punta Arenas es el entorno del Fuerte Bulnes (Y-621). Aquí todo esto de lo que te he hablado se multiplica. Esto es, literalmente, la antesala del fin del mundo. El Fuerte Bulnes se construyó a mediados del siglo XIX como declaración de soberanía sobre la región; hasta aquí llegó la Goleta Ancud para tomar posesión del lugar y dejar un destacamento militar. Hoy ese fuerte se ha reconstruido con todo lujo de detalles y es un sitio de gran importancia histórica. El lugar se destruyó poco después de mudarse la gente a la actual Punta Arenas, pero ha sido fielmente reproducido. Este lugar es increíble. Está rodeado de bosques y con vistas preciosa al Estrecho de Magallanes (desde aquí pudimos ver numerosas ballenas). Las excursiones que llegan hasta aquí suelen hacer una parada en el Puerto del Hambre, un lugar que fue el escenario de un intento de colonización fallida por parte de la Corona de España en el siglo XVII. El nombre lo dice todo. Apenas quedan un par de restos de aquella expedición que pereció, casi en su totalidad, por el frío y las penurias. El sitio sobrecoge. Un pequeño monolito reza: Aquí estuvo España.
Uno de los mejores lugares del mundo para ver pingüinos.- En el entorno de Punta Arenas hay varias posibilidades para ver pingüinos. Estas aves están en la zona durante un periodo de tiempo que va desde mediados de octubre (con el inicio de la primavera austral) hasta finales de marzo (con el fin del verano).Durante estos meses, los pingüinos se aparean y tienen a sus polluelos, un espectáculo que concentra verdaderas multitudes que, en algunos casos, superan los 150.000 individuos. Es un espectáculo brutal. Y también ruidoso y oloroso. Nos enteramos con pena y preocupación que los pingüinos han desaparecido del Seno Otway. Ya en su día publicamos un artículo sobre los posibles efectos de la minería a cielo abierto en la zona (a pocos kilómetros de las pingüineras y en la cercana Isla Riesco) y aunque las causas n están del todo claras, hay científicos que aseguran que la combinación de la minería y la piscifactoría sin control han precipitado la huída de los pingüinos. Ahora la única manera de verlos es desplazarse hasta Isla Magdalena, dónde se localiza una de las pingüineras más importantes del Estrecho de Magallanes. Eso sí, la excursión desde Punta Arenas ronda los 150 eurazos por persona. Una de las constantes de esta parte del mundo es lo absurdamente caro que es hacer casi cualquier cosa.
De Camino a Puerto Natales.- La ruta hasta Puerto Natales atraviesa un buen trozo de dura estepa patagónica. Es un lugar hermoso que ofrece más de lo que parece. SI vas en transporte público no tienes más remedio que verlo todo pasar desde la ventana del bus; pero si vas con coche de alquiler hay un par de sitios interesantes en los que puedes parar: La Cueva de La Leona (un paraje de gran belleza paisajística e importancia arqueológica); tomar un café en Villa Tehuelche; ver el Sitio Arqueológico de Morro Chico –uno de los más importantes de esta parte del país- o parar en alguna de las muchas estancias ganaderas que se ven acá y allá desde la carretera. Puerto Natales es la puerta de entrada a las famosas Torres del Paine. La ciudad no es que dé mucho de sí, pero muchos la eligen como base de operaciones para entrar en el Parque Nacional. Aquí hay un pequeño Museo Histórico (Manuel Bulnes, 285) que nos sorprendió para bien, un par de casas de madera bonitas de ver y una costanera dónde se apelotonan los barcos de pesca. Eso sí, el entorno en el que está la ciudad es precioso. Sólo por eso merece la pena quedarse un buen rato.
Torres del Paine: hielos y la E más famosa de Los Andes.- El camino desde Puerto Natales hasta el parque Nacional de Torres del Paine es una gozada. Aquí merece la pena ir con coche propio. No vas a gastar mucho más de lo que cuestan las excursiones carísimas que se organizan desde Puerto Natales. Y podrás parar a hacer fotos dónde te dé la gana. ¿Merece la pena hacer la visita a la Cueva del Milodón? La verdad es que no. Para que mentir. Estuvimos ahí y la cueva es bonita, la verdad, y el bicho ese de plástico que han puesto (una reproducción del milodón que se encontró) está para hacerse unas fotos. Pero aquí para ver cualquier cosa hay que rascarse el bolsillo (casi 10 euros para los extranjeros –a ver cuando en España hacemos lo mismo-). Y la entrada al parque nacional no es barata (35 euros hasta tres días y 50 más de tres días). Y lo que rondaré morena. Hay que pagar por todo. Si vas a Torres del Paine un día puedes hacer la travesía del Lago Grey (para visitar el glaciar del mismo nombre) y acercarte hasta la zona del Centro de Visitantes pasando por la carretera Y-150 (y vas a alucinar con los paisajes) hasta Salto Grande y Laguna Amarga. Es un lugar único. Maravilloso. Casi irreal.
Nosotros hicimos la W de Torres del Paine, un sendero de varios días (en nuestro caso cuatro jornadas) que recorre 72 kilómetros desde los pies del Glaciar Grey hasta el Hotel Las Torres (o a la inversa). Para dormir tienes varias posibilidades: combinar las zonas de acampada gratuitas con campings de pago o, la más onerosa, reservar por adelantado las noches en alguno de los refugios privados que hay en el parque (paga, maldito. Paga). Nosotros fuimos a los refugios por una cuestión de comodidad (no cargar con una tienda de campaña que debíamos alquilar o comprar). Si vas por tu cuenta debes calcular un presupuesto de entre 30 y 40 euros por noche según si llevas tú la comida o cenas en los restaurantes de los refugios (y tienes que reservar antes). Hay paquetes que incluyen el traslado desde Puerto Natales y el catamarán de ida o vuelta por el Lago Grey. Un tour de cinco días con todo incluido (entradas al parque, traslados, transporte desde y hasta Puerto Natales, refugios, guía y comida) sale unos 1.200 eurazos. ¿Merece la pena? Sí. ¿Se puede hacer por libre? También. Pero no vas a bajar de los 800 euros comiendo latas si vas a los refugios. Sólo el catamarán para llegar al inicio del paseo te va a costar casi 100; 50 la entrada al parque; 25 el bus ida y vuelta desde Puerto Natales... Pero si los tienes merece la pena. Otra opción es hacer una ruta más corta y optar sólo por los campings gratuitos (Sector Paso –fuera de la W- y Camping Italiano). Pero vas a tener que pasar por caja, sí o sí. Calcula que el precio de los campings ronda los 65 euros por persona y día.
Fotos bajo Licencia CC: Javier Vieras; Ik T
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