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Qué ver en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido: planes para disfrutar del paraíso pirenaico

Valles verticales en Ordesa y Monte Perdido.

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El lapso de tiempo que media entre los últimos estertores del invierno y la mitad de la primavera es uno de los momentos clave para visitar los valles pirenaicos. En verano este lugar también es superlativo, pero el otoño y el despertar primaveral es, según nuestra opinión, las mejores épocas para darse una vuelta por estos andurriales para flipar con las gloriosas estampas otoñales o gozar con el despertar que se inicia con los deshielos de las cumbres. El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es uno de los puntos culminantes del paraíso que supone la Cordillera de Los Pirineos. Estamos ante uno de los parques nacionales más importantes de España. Un lugar de altísimo valor ecológico donde nos podemos encontrar con verdaderas insignias de la fauna ibérica con una lista en la que destaca el Sarrio, un pequeño rebeco autóctono capaz de moverse con gracia en los abismos más espantosos. Paisajes donde puedes ver marmotas, jabalíes, nutrias zorros, águilas reales, buitres leonados… Y donde se espera, de un momento a otro, al mítico lobo (ya presente en d’Aigüestortes).

Hay mucho que ver en Ordesa y Monte Perdido. Este pequeño laberinto de valles glaciares y picos con nieves perpetuas (cada vez menos por el cambio climático) es una joya que trasciende lo natural. Es también un espacio humano con una ocupación que se remonta a los albores de los tiempos. Las señales más obvias de esta presencia humana son los hermosos pueblos de piedra (algunos con verdaderas joyas patrimoniales), pero hay huellas mucho más remotas. Un ejemplo de esto de que decimos es el Cromlech de la montaña de Bergua (Acceso a pie desde el Refugio de Bujaruelo) un conjunto de nueve círculos de piedra que datan del Neolítico y que sólo son los más accesibles de una gran cantidad de monumentos megalíticas en los valles de los ríos Ara y Marcadau (ya en la parte francesa).

Qué ver en el Ordesa y Monte Perdido.- Las visitas a este paraje natural se inicia en la población de Torla. Aquí te vas a encontrar con un pueblo de montaña bellísimo con casas de muro de piedra y tejados de pizarra con una iglesia (San Salvador –Iglesia,3-) que también sirvió de castillo, almacén de invierno y, ahora, de museo etnográfico sobre las costumbres de las gentes del lugar (ubicado en la antigua casa parroquial). Aquí también se encuentra el Centro de Interpretación del parque nacional (Avenida de Ordesa, sn) y la parada de autobuses que suben hasta el Prado de Ordesa, punto de partida de la ruta que conduce hasta uno de los lugares paradigmáticos del parque: la cascada de Cola de Caballo. El pueblo es una maravilla con rincones que ponen de manifiesto su origen medieval (arcos, ventanas, portones o rastros de las viejas murallas y torres del castillo). Desde las inmediaciones del centro de interpretación tienes una de las imágenes paradigmáticas del parque: la Iglesia de San Salvador con la silueta imponente del macizo de Mondarruego.

El Valle de Ordesa es la joya de la corona. EL acceso se hace en bus desde Torla y el resto del camino se hace a pie. El sendero que lleva hasta la cascada de la Cola de Caballo tiene una longitud de 9 kilómetros (sólo ida) por lo que demanda, al menos, unas seis horas de caminata. Aún si no puedes ir hasta la Cola de Caballo, merece la pena internarse en este gigantesco valle excavado por la fuerza de los hielos durante la era glacial. En el entorno de la Pradera de Ordesa vas a encontrar algunos lugares de interés como varias cascadas y las vistas sobre las espectaculares Gradas de Soaso, una sucesión de saltos de agua en forma de escalera que es una pasada. Si puedes permitirte el lujo de llegar hasta la Cola de Caballo no te vas a arrepentir. Cuando uno va dejando atrás los 1.500 metros de altitud los boques van dejando paso a los prados de alta montaña. Entonces uno puede ver las verdaderas proporciones del valle y la peculiar forma de sus paredes. Y la cascada merece mucho la pena. Desde aquí puedes seguir hacia el Refugio de Góriz, uno de los lugares míticos de los Pirineos y lugar de paso hacia el Circo de Gavarnie (ya en lado francés) uno de los paisajes de montaña más bonitos que vimos jamás. Ver Ordesa desde arriba.- Una excursión más que recomendable es acceder al borde sur del valle para ver Ordesa desde las alturas. La ruta hasta aquí es de tierra y demanda un 4X4. Lo más normal es contratar una excursión desde Torla o Broto (unos 40 euros por persona) y alternar el coche y breves caminatas hasta los miradores: El Molar; Punta Acuta; Cola de Caballo. Pero esta visita a las alturas también permite encontrarse con la alta montaña y ver desde cerca el mítico Monte Perdido.

Siguiendo el curso del Río Arla.- En coche se puede subir hasta el Refugio de Bujaruelo. El camino es bonito y aún si no vas a caminar nada merece la pena llegar hasta aquí para ver el paisaje y dos pequeños monumentos medievales: la Ermita de San Nicolás de Bujaruelo y el puente románico del mismo nombre. Este punto era un importante nudo de comunicación con la frontera (a través del mítico paso de Soum Blanc, uno de los puertos de montaña vinculados al Camino de Santiago). Desde aquí puedes acceder al tramo alto del Arla donde se concentra una gran cantidad de monumentos megalíticos neolíticos o internarte en el precioso Valle de Otal. Una subida mítica hacia la Brecha de Rolando.- Desde San Nicolás de Bujaruelo parte una de las sendas míticas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Este camino asciende de manera vertiginosa hacia las alturas del parque en busca de la mítica Brecha de Rolando, un accidente geológico espectacular (una brecha de unos 50 metros de ancho y más de 100 de alto en una pared de roca vertical) que según la leyenda fue causada por un golpe de espada del caballero franco Rolando tras la derrota del ejército de Carlo Magno en Roncesvalles. Para llegar hasta aquí hay que subir hasta el Circo de Gavarnie en una caminata dura de unos 18 kilómetros ida y vuelta. Un clásico es hacer este sendero y bajar por el Valle de Ordesa a través del camino del Refugio de Góriz. Esa ruta la hicimos hace ya algunos años en dos días y es una pasada.

Camino al Cañón de Añisclo.- El otro gran reclamo que hay que ver en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es el Cañón de Añisclo. Este lugar puede explorarse con facilidad desde el coche por lo que es ideal para tomarse una jornada de descanso después de alguna de las caminatas obligadas. La carretera HU-631 es una de las rutas escénicas más bonitas de toda España. Esta ruta atraviesa una de las mejores y más extensas áreas forestales de toda la comarca con hitos como el Bosque de la Pardina del Señor (HU-631) un lugar donde se mezclan especies que apuntan a la alta montaña como el pino y el abeto y otras especies como el haya, el arce y el abedul. Este lugar es bonito de ver durante todo el año pero en otoño es uno de los mejores paisajes forestales de todo el país. Antes de acercarse al cañón de Añisclo hay que hacer una parada en Fanlo. En este pueblo de montaña destacan la Iglesia de los Tres Santos Reyes (Iglesia, 31), un precioso templo del siglo XVI, y la Casa Ruba (Fuente, 15) una casona solariega con torre defensiva de finales del XV. En este pueblo también hay un Centro de Interpretación del parque nacional (Fuente, 8).

El secreto de Añisclo y los valles circundantes se llama inversión térmica. En estos valles profundos el aire frío queda encajonado en las zonas más bajas y el aire más cálido se mueve en las zonas más altas creando un curioso ecosistema que propicia la mezcla de especies en un bosque en el que las especies de altura se quedan abajo y las especies más ‘frioleras’ se van para arriba. La mejor manera de meterse en el Cañón de Añisclo es a través de la llamada Ruta del Agua. Este pequeño camino circular parte desde un aparcamiento habilitado en la propia HU-631 y baja hasta los cauces de los ríos Aso y Bellos visitando algunos lugares de interés como la Cascada de Aso, el Molino de Aso, la Ermita rupestre de San Urbez –siglo VII- y el puente románico del mismo nombre. Un monasterio real prerrománico que explica el germen de España.- Aprovechando que el Bellos pasa por Huesca no es mala idea salirse un poco de ruta para visitar el Real Monasterio de San Victorian (acceso desde Laspuña). Estamos hablando de un edificio que hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo –siglo VI- que ha sido testigo de la historia aragonesa y tiene hasta su propio panteón real acogiendo los restos de e Íñigo de Arista (siglo IX) considerado de facto el primer rey de Pamplona y Gonzalo I, gobernante de los condados de Sobrarbe y Ribagorza que en el siglo XI fue uno de los orígenes del Reino de Aragón.

Fotos bajo Licencia CC: Jorge CG; Daniel Aguilar; Jesús Alenda; Esqui-Ando con Tònho; Jesús Gil Hernández; Sílvia Martín;

John Morton; Enric Rubio Ros; Fermín Grodira

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