Guía de Daroca y la Comarca del Jiloca: Las joyas medievales de Daroca, Anento y la Laguna de Gallocanta
El tramo bajo del Río Jiloca (iconos azules en el mapa) transcurre en una de las zonas más agrestes y salvajes de la Península. El Sistema Ibérico es uno de los complejos montañosos más destacados del país. El papel principal de esta cordillera de alturas modestas pero quebradas imposibles es el de actuar como flanco sur del Valle del Ebro describiendo una diagonal de varios cientos de kilómetros que crean algunos de los paisajes más contundentes del país. Esta es una región que desde siempre actuó de frontera. Línea entre la realidad mediterránea y las mesetas castellanas; punto de encuentro entre los antiguos reinos del país; raya que durante cientos de años marcó los límites entre el Islam y el Cristianismo… Es un sitio muy especial. Un lugar donde manda la naturaleza. Un lugar en el que mujeres y hombres quedan recluidos en pequeños espacios domesticados a base de mucho esfuerzo y sacrificios. No es casualidad que estemos en uno de los lugares menos poblados de España.
Quizás uno de los mejores ejemplos de este carácter difícil y salvaje es el pequeño pueblo de Anento, uno de los más bonitos de la comarca y donde se pone de manifiesto lo que supone el agua en un lugar tan áspero. El Aguallueve es un manantial de aguas subterráneas que sale al exterior de la tierra a través de una poza que se llena gracias a las gotas que caen de las paredes kársticas (calizas) del lugar. El resultado de este afloramiento de aguas es un vallecillo feraz donde el verde manda. Verde que contrasta con los tonos ocres y terrosos del entorno. El agua posibilitó el trabajo de la tierra y la junta de vecinos y vecinas en un pueblecito de casas de piedra con una espectacular iglesia (San Blas) tardo románica donde se custodia el retablo gótico más bonito de todo Aragón y un pequeño castillo medieval que vale la pena ir a ver.
Daroca, la pequeña gran ciudad medieval del sur de Zaragoza.- Otro pueblo que ejemplifica el carácter fronterizo de estas comarcas es Daroca. Hasta el siglo XII fue una de las principales plazas fuertes de la marca islámica y tras la conquista cristiana pasó a ser bastión sur del cristianismo y, algún tiempo después, servía para guardar los límites de Aragón frente a las tensiones frente a Castilla. Y fruto de esa historia es una de las mejores murallas del país; y también una de las puertas medievales más espectaculares: la Puerta Baja y el acceso a la Calle Mayor. Un sistema de torres, muros y atalayas que culmina en el Castillo Mayor (Hiladores Altos), una fortaleza de origen árabe que cuenta con su propia cueva encantada y sorpresas como la Casa Palaciega (Mayor, 116), un antiguo granero adosado a las murallas, y la Puerta del Arrabal, un precioso ejemplo de mudéjar aplicado a la defensa . La Morica Encantada es una de las muchas leyendas de amores prohibidos entre musulmanes y cristianos que duran más allá de la muerte. Muchos en el pueblo aseguran haber visto a la hermosísima Melihah velando la puerta del calabozo donde fue encerrado su amante.
Daroca es una ciudad de porte monumental llena de viejos palacios, iglesias bonitas y torres. El eje histórico de Daroca se concentra entre la Puerta Baja, la Calle Mayor, la Plaza de Santiago y la Puerta Alta, donde podemos ver casonas como la Casa de los Luna (Mayor, 77); el Palacio de los Marqueses de Montezumo (Mayor, 36), el Palacio de los Terrer de Valenzuela (Mayor, 94) o la Casa Palacio de los Amor Cruz (Plaza de la Comunidad de Daroca, 4). Familias ilustres de una historia que se puede rastrear en el antiguo Hospital de Santo Domingo (Plaza de Santo Domingo, 4), una antigua ‘lonja’ de esas que tanto abundan en estas tierras de Aragón, Valencia y Cataluña (de un precioso estilo gótico-mudéjar) que hoy alberga el Museo de Arte e Historia de Daroca. Hay hasta una Casa del Diablo (Gragera, 14) una casa del siglo XV que se convirtió en residencia del demonio de la mano de Luis García, un conocido liberal anticlerical que aprovechó las desamortizaciones para meterle un buen bocado a las propiedades de la Iglesia en la comarca.
Una iglesia que sigue presenta, y mucho, a través de verdaderas joyas como la Basílica Santa María de los Sagrados Corporales (Plaza de España, 7) un enorme edificio que empezó a construirse en el siglo XII en estilo románico y que culminó como uno de los mejores ejemplos del Renacimiento aragonés (más allá de su arquitectura, la basílica cuenta con un gran tesoro de obras de arte incluido el baldaquino barroco más bonito de España). Pero pese a la grandiosidad de Santa María, para nosotros el gran edificio religioso de Daroca es San Miguel (Plaza de San Miguel, 9). La iglesia se empezó a construir en estilo románico y se terminó en gótico. Lo mejor de este lugar son sus pinturas murales medievales. La triada de iglesias que hay que ver en Daroca es San Juan de la Cuesta (Plaza de San Juan, 1) uno de esos monumentos ‘románicos de ladrillo’ que tanto abundan en las tierras de Aragón.
El Pinsapar de Orcajo (Acceso por A-2508 desde Orcajo).- El pinsapo es una conífera muy rara que en tierras españolas sólo puede verse en varios puntos de Andalucía (Grazalema, en Cádiz, y la Sierra de Las Nieves, en Málaga) y aquí. Hablamos de un pequeño bosque de poco menos de ocho hectáreas que es una verdadera rareza que merece la pena ir a ver.
Los Yacimientos Paleontológicos de Murero (A-2508).- Este paraje es una ventana abierta al Cámbrico, un periodo de la historia natural del planeta donde mandaban los trilobites, una de las especies fósiles más famosas de nuestro planeta. En Murero podemos echar un vistazo a una ‘ventana de tiempo’ comprendida entre los 511 y 503 millones de años. Aquí se han identificado hasta 80 especies de trilobites entre una nutrida fauna fósil que incluye aracnomorfos, bradoríidos, paleoescolécidos, lobópodos, equinodermos, hiolítidos, esponjas… Un pequeño centro de interpretación nos permite comprender el espacio y cómo era hace más de 500 millones de años.
Las Cárcavas de Morata de Jiloca (N-234).- Nos acercamos a la Comarca de Calatayud para ver este paisaje fruto de miles de años de paciente labor de aguas y vientos. Aquí los elementos han dejado ‘la tierra con las tripas fuera’ creando un paisaje en el que el verde del valle del Río Jiloca contrasta con montañas desnudas que dejan ver los diferentes estratos geológicos. Y ya que estamos por aquí hay que pasarse por Morata de Jiloca para ver la espectacular San Martín de Tours (Marco Monge, 5) una de las iglesias mudéjares más bonitas de Aragón.
Ver la Laguna de Gallocanta.- A apenas 21 kilómetros de Calamocha, la Laguna de Gallocanta está fuera de la Comarca del Jiloca, pero su importancia ecológica y sus valores paisajísticos bien merecen el paseo. El nombre de esta laguna situada a casi mil metros de altura ya lo dice todo: Gallocanta. Aquí se pueden ver hasta 220 especies de aves que pueden sumar hasta 400.000 ejemplares (es el segundo humedal más importante de España tras Doñana). Es la mayor de las lagunas españolas (hasta siete kilómetros de largo por dos de ancho) y también destaca por ser la laguna salada más grande de Europa. El momento culminante se produce entre finales de octubre y el inicio de la primavera, cuando llegan miles de grullas desde el norte del continente. Cuando las grullas se van vienen desde África miles de aves migratorias que dan el relevo.
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