ENTREVISTA
Arancha Goyeneche, pintora: “Se tiene la idea de que los artistas producimos artículos de lujo, pero no se vende obra”
Una pequeña foto panorámica, en blanco y negro, del embalse de Aguilar de Campoo, es la única imagen del estudio de Arancha Goyeneche en Santander. “Es mi ventana, me gusta volver a la infancia para volver al juego, esa no la toco”. Ventana llama esta artista plástica (Santander, 1967) a la antigua foto del embalse que ayudó a construir su padre y que la llevó a vivir en Aguilar hasta los nueve años. Luego estudió y trabajó en Bilbao, vivió en Asturias o en Galicia, y regresó a Cantabria, donde lleva alrededor de 25 años. Siempre en el norte, todo lo que puede en bicicleta. Goyeneche ha sido muy montañera, “ahora menos por la edad”, pero sale todo el tiempo al campo. Luego se recluye con la radio de fondo en su blanco estudio, en un bajo, lleno de materiales embalados y coloridos vinilos autoadhesivos, su perfeccionada seña de identidad.
En la visita, tiene una pieza a medio hacer, que prefiere que no sea fotografiada. Está hecha, como tantas cosas en su obra, de trozos de imágenes que ha tomado en sus paseos, recicladas de obras anteriores, de series anteriores. Dice que su familia le enseñó a reutilizar. Esta artista plástica se considera pintora, aunque se sale literalmente, no usa pincel y le atraen los espacios grandes como lienzo. Ofrece un taburete, colocado bajo su mesa de trabajo y se queda de pie para hablar sobre su último proyecto, 'Alverde', expuesto en uno de esos inmensos espacios, la Nave Sotoliva de Santander, donde podrá visitarse hasta el 14 de junio.
La expresión que da nombre a su nuevo proyecto viene de la frase “ir al verde”, es decir, ir a segar para después recoger la hierba para el ganado. ¿Por qué en este proyecto quería hablar de un concepto así?
Es algo que ha quedado como parte de nuestra memoria colectiva porque el campo ha cambiado; la economía de Cantabria, profundamente ganadera, ha ido desapareciendo. Ha sido un ejercicio de memoria de unas generaciones que hemos visto cómo se segaba con el dalle. Un niño hoy no sabe lo que es un dalle. Me costó mucho encontrar una persona que segara para hacer una de las piezas de vídeo, porque la gente que sabe es mayor y requiere un esfuerzo físico que ya no tienen. Me costó encontrar un maestro segador para filmarle.
¿Y dónde encontró a la persona que segaba?
Pregunté por Cueto y Monte, zonas donde todavía hay actividad ganadera en Santander, y al final fue un artista de cierta edad, Joaquín Martínez Cano, quien sabe segar y tiene una casa de campo. Él nos ayudó a hacer el vídeo.
Es curioso que no encontrase a alguien que segase, porque Cantabria es una comunidad con mucho campo. Es contradictorio.
Cada vez hay menos vacas y se concentran en explotaciones más grandes. Antes había muchas pequeñas explotaciones donde una familia vivía con pocas vacas, tenía su terreno y segaba. Ahora todo se vuelve más industrial y grande para tener mucha más producción.
¿Hay alguna metáfora en ese concepto de ir al verde?
Simplemente ha sido un punto de partida. Quería hablar sobre el paisaje y afrontarlo desde distintas miradas, no solo buscando la belleza como deleite para desintoxicarnos de la ciudad. Quería una mirada más amplia desde distintos ámbitos de conocimiento: la etnografía y la sociología a través de la siega; la botánica a través de plantas silvestres; las anomalías climáticas que vemos cada vez más a menudo y de manera más extrema; la arqueología y cómo el ser humano deja su huella alterando el paisaje; y la poesía a través de los residuos, buscando la belleza en lo que parece que no vale nada; como los troncos que deja el río Pas en su desembocadura, en la playa de Liencres. Busco la belleza en todos esos desechos, que parece que no valen para nada. Tiene que ver también con una educación de la mirada; de buscar algo bello en algo que no vale.
¿Cómo describiría ese impacto en la alta montaña en Cantabria y cómo lo traslada a su obra?
Respecto a las montañas, la serie tiene que ver con poner en evidencia que las montañas altas cada vez tienen menos nieve. Es una rememoración de lugares en los que había estado y que estaban totalmente nevados frente a la evidencia de que ahora nieva menos.
El cambio climático se percibe más acuciantemente en los últimos años. ¿Forma parte de su obra como parte de sus preocupaciones también como ciudadana?
Sí. La primera vez que me di cuenta de que algo estaba ocurriendo fue en 2014, con los grandes temporales de mar en Cantabria que se llevaron la arena de las playas y destrozaron paseos marítimos. Fue un punto de inflexión. Al año siguiente hubo nevadas históricas en Campoo y terminó el año con muchas suradas e incendios muy bestias en la zona del Saja. Empecé a trabajar sobre esto no tanto como una crítica, sino para poner de manifiesto algo que ocurre. No me planteaba ser contestataria. Sí es una contestación, al final es otro tema de trabajo de algo que está ocurriendo en estos días y me preocupa, pero es relatar un hecho. Me preocupa porque va a cambiar muchas cosas.
Me considero una exploradora, me gusta descubrir
Hablaba de los residuos que encuentra en Liencres. Quizá esté mal preguntarlo, pero ¿hay belleza en algún efecto del cambio climático?
No lo sé. Encuentro la belleza en los residuos porque reutilizo mucho material sobrante que se tira a la basura. En mi casa me enseñaron que cuando algo se rompe, se arregla. Los residuos que genero no se tiran porque buscas la belleza en ellos. Es también un tema de economía de supervivencia: aprovechar el material al máximo. Tiene que ver con formas de vida no metidas en este mundo tan mercantilizado o consumista. Mis proyectos son limitados: hasta dónde puedo intentar estirar el material.
En ese ejercicio de observación constante, ¿tiene claro el último residuo que le ha parecido bello?
Lo vas descubriendo, pero para eso tienes que agudizar los sentidos y ser más consciente. Muchas veces te lo encuentras de repente. Como artista visual, estoy acostumbrada a utilizar la vista.
Habla de usar la vista: ¿Qué le gusta más? ¿Ver o mirar?
Me gusta más descubrir. Me considero una exploradora. A veces miras pero no ves, o ves pero no encuentras nada. Me gusta descubrir.
¿Le interesa más redescubrir sus entornos, por ejemplo en el norte de España, o explorar en otros lugares que no conoce?
Me gusta explorar desde la experiencia. No me gusta explorar desde una pantalla o un libro; me gusta vivirlo. Este entorno lo domino bien y lo tengo interiorizado. Por ejemplo, hice una estancia en Lanzarote y fue un choque: poca vegetación y todo negro, cuando en mi paleta de color no existe el negro. Me costó readaptarme, pero al final lo haces desde el lugar de la experiencia.
Trabajo la pintura fuera del material
¿Cómo trabaja la pintura, teniendo en cuenta que no es pintura al uso?
Cuando pensamos en pintura, pensamos en óleo o acuarela. Leonardo da Vinci ya decía que la pintura es algo mental. En mi caso, está fuera del material. Utilizo vinilo autoadhesivo como paleta de color, fotografía, vídeo o fluorescentes. Mi cabeza trabaja como si estuviera pintando: la fotografía es el lienzo y sobre ella voy superponiendo vinilos como si fueran capas de pintura.
¿Cómo fue ese primer encuentro con el vinilo? Creo que fue cuando trabajó en Bilbao, en una nave industrial...
En la Facultad de Bellas Artes del País Vasco los profesores nos invitaban a experimentar con distintos materiales saliendo de la pintura tradicional. Íbamos a almacenes de material industrial y allí encontré el vinilo. Me permitía dar color con otra calidad. Soy pintora, pero hace 30 años que no cojo un pincel. Este material es mi seña de identidad; estoy atrapada en el vinilo y la gente identifica mi obra por él.
¿Qué aporta esa dualidad de valores clásicos ejecutados con materiales industriales a la experiencia como espectador?
He tenido una enseñanza académica y tuve que aprender técnicas de dibujo y pintura. Ahora me siento en un campo libre donde todo vale, pero utilizo postulados clásicos de composición, luz y perspectiva. Me parece atractivo indagar en otros medios y salirte del marco.
Me gusta experimentar y enfrentarme a espacios grandes que me impongan
Hay un concepto que usan las expertas para describir su arte: 'pintura expandida'. ¿Qué significa?
Es un término del arte contemporáneo para clasificar a artistas que nos salimos del marco de representación clásico. Utilizas materiales diferentes e incluso el espacio expositivo o una pared como lienzo. Es ampliar el concepto de pintura. Me gusta experimentar y enfrentarme a espacios grandes que me impongan, entendiendo el espacio como si fuera un lienzo.
¿Qué tipo de espacios le imponen en concreto?
Espacios grandes. Me gusta hacer instalaciones específicas para el espacio; obras efímeras que se desmontan y no vuelven a exponerse. Luego ese material lo reciclo para otra exposición de otra manera.
Su estudio de trabajo, donde estamos, es cerrado, he leído que así no se distrae. ¿No le gusta que el mundo le distraiga?
No, porque así no me disperso mucho. Cuando vengo a trabajar me gusta estar centrada. Escucho la radio, sobre todo noticias. Cada sitio es un lugar diferente y aquí vengo a rendir.
Suele decir que le persigue una pregunta en su carrera: ¿Qué es la pintura? Me interesa cómo respondería a la cuestión...
La pintura es un campo de libertad y una forma de expresión. Es mi lenguaje y un lugar donde no me aburro; siempre descubro cosas a través de él. Es una forma de vida y de comunicación.
¿De qué manera afecta a su producción o exposición el auge del machismo con la ola reaccionaria actual?
Ahora se cuida un poco más la presencia de mujeres en exposiciones y galerías, aunque en ferias como ARCO sigue habiendo muchos más hombres. Se está intentando cubrir el hueco de mujeres no representadas en museos e instituciones; hay más sensibilidad. Sin embargo, a veces las exposiciones de mujeres parecen obligarte a tratar temas femeninos o utilizar materiales como telas y artesanías. Me siento fuera de eso porque si trabajas la abstracción o ciertas temáticas, parece que no entras en ese ámbito.
¿Hay discurso feminista en su obra aunque no se vea?
No me lo planteo. Trabajo y no pienso en eso, como tampoco hay un discurso ecologista. Lo que hago es relatar algo que ocurre. No quiero dar lecciones ni hacer una moralina de nada, pero sí hay una predisposición a contar lo que pasa.
Leía que la Universidad de Cambridge ha hecho un estudio sobre cómo la cuenta corriente de los padres define las posibilidades de los hijos que quieren ser artistas. ¿Es necesario un respaldo familiar o institucional para ser artista en España?
Sí, porque no cubres tus necesidades primarias. Es de las pocas profesiones en las que no eres capaz de vivir de ello. En este país tenemos el problema del IVA cultural al 21%, lo que nos hace no ser competitivos con el resto de Europa, donde es del 5% o 7%. Además, los artistas no podemos darnos de alta de manera continua y no existe una ley de mecenazgo eficaz. Se tiene la idea de que producimos artículos de lujo, pero no se vende obra. Desde la crisis de 2008 el mercado no se ha recuperado y estamos en un medio de supervivencia. El respaldo familiar y de galerías ha sido fundamental.
¿Le sale más caro o más barato su estilo de expandirse más allá del marco?
No pienso en el dinero en ese sentido, sino en que quede bien. Me adapto a lo que pueda contar; si hay presupuesto hago una cosa y si no, no. Yo estiro mucho el dinero, pero si no hay, me adapto a lo que pueda contar, no me meto donde no puede ser. Los artistas tenemos que estar todo el día mirando el euro para ver de dónde sacamos para producir y que quede bien.