Esta bola del mundo no es un adorno en un jardín público: la 'tierra paralela' más antigua está en Santander
Una 'tierra paralela' es un instrumento astronómico en forma de bola del mundo, que tiene que estar exactamente en la misma orientación en el espacio que el planeta tierra. Su eje norte-sur es paralelo y sirve para ver dónde es de día y de noche, como se va moviendo la tierra, observar si es de día o de noche, dónde anochece y dónde amanece e incluso la estación del año. El de 'tierra paralela' es un concepto científico relativamente reciente, pero el instrumento existe desde mucho antes.
La 'tierra paralela' más antigua que los científicos conocen, está desde 1933 en Santander, en los jardines de Piquío, en el Sardinero. Pero son escasas las personas que saben que esa antigua bola del mundo, recién restaurada, no es solo un adorno al que encaramarse o con el que tomarse fotos. Para que funcione, no se puede mover del lugar elegido. La bola del mundo de Santander es para Santander, está en su eje preciso y da información del mundo. Pero jamás esa bola, en sus 93 años de historia, ha contado con un letrero que explique qué es ni cómo usarla.
Por no saber, poco sabía la alcaldesa de la capital de Cantabria, Gema Igual (PP) -diez años en el cargo y ex concejala de Turismo- hasta la reinauguración de los jardines, en agosto de este año. Tras duplicar el presupuesto inicial y después de dos años de obras en los emblemáticos jardines, el Ayuntamiento pintó la bola y quitó la valla disuasoria que rodeaba el objeto. Lo que no incluyó fue un panel explicativo para que entender cómo funciona.
“Ella a lo mejor sabía algo de la importancia, pero no lo tenía muy claro”, cuenta Neila Campos, doctora en Información matemática y presidenta de la Agrupación Astronómica Cántabra (AstroCantabria), que en la inauguración le contó la historia. También le pidió que volviese a poner la valla y un QR explicativo.
Cuenta Neila Campos que, cuando se construyeron los jardines, en el diseño del arquitecto Ramiro Sainz estaba contemplado poner un reloj de sol. Por eso, cuando esta esfera de piedra caliza de 65 centímetros de diámetro fue inaugurada en 1933, la prensa de la época hablaba de un reloj de sol, que también lo es. La idea específica de la bola se atribuye a Eugenio Cortiguera, mientras que la ejecución técnica y artística fue obra de Saturnino Merodio, que esculpió manualmente los continentes y meridianos. “No era un adorno”, reconfirma Campos.
Dos años después, en 1935, el profesor estadounidense de español Simon Baker fue invitado a los cursos de verano de la Universidad Internacional Ménendez Pelayo (UIMP), visitó Piquío y descubrió la bola. Le gustó tanto -cuenta Neila Campos- que pidió una copia para tenerla en Estados Unidos. “Se le enviaron unas instrucciones para que pusiera un soporte en las antípodas, pero se ve que o no lo entendió o a lo mejor no fue él la colocó”. Neila Campos no lo sabe, solo sabe que la 'tierra paralela' de Baker no funcionó.
Mientras, en Santander, la bola de Piquío sobrevivió a la guerra civil, pero su historia quedó setenta años enterrada mientras los paseantes se hacían fotos, paseaban jugaban alrededor. Así fue -y, en realidad, sigue siendo- hasta que, a finales de los noventa, se empezó a utilizar didácticamente un instrumento al que se llamó 'tierra paralela' y a instalarse con ese nombre en museos de la ciencia.
En 1999, Arturo Bravo, de AstroCantabria y hoy profesor jubilado de Matemáticas, asistió a un curso de formación del profesorado de astronomía, en Granada, que impartía el profesor Esteban Esteban. Éste habló a los alumnos de las 'tierras paralelas' y cómo funcionaban, algo que había descubierto a través de la profesora Nicoleta Lanciano, de Italia. Bravo volvió a Santander pensando en esto. Tiempo después pensó en la inclinación de la bola de Piquío y se acercó a comprobar sus sospechas, que eran ciertas. Él le contó a un grupo pequeño de alumnos de Matemáticas su hallazgo y también a Neila Campos.
Bravo y Campos forman parte de AstroCantabria desde hace décadas y están en contacto con los familiares de las personas que pensaron e instalaron la bola, con los que estuvieron recientemente en una charla sobre el instrumento. En 2010, desde AstroCantabria descubrieron al Ayuntamiento de Santander, entonces gobernado por Íñigo de la Serna -también del PP- el misterio de la bola. Ese año, el consistorio iba a restaurarla: “Pensaban que se podía coger, llevar un taller, restaurarla y volverla a traer, pero les dijimos que la bola era lo que era y que no había que moverla porque está colocada con mucha exactitud y luego igual no la podemos volver a poner igual”. Neila Campos, de AstroCantabria, pidió tres cosas: restaurar in situ la pintura de la bola, que se colocase una pequeña barandilla alrededor y un cartel explicativo: “Esa tercera cosa no se hizo nunca.”